Demetrio J. Pérez
Hay tradiciones que el paso del tiempo no debilita, al contrario, las fortalece. Para miles de lectores, el miércoles no comienza verdaderamente hasta que tienen un ejemplar de LIBRE entre sus manos.
En cafeterías, restaurantes, supermercados, oficinas, centros comunitarios y decenas de establecimientos donde se distribuye gratuitamente, siempre hay alguien que pregunta: “¿Ya llegó LIBRE?”
Otros lo esperan en el buzón de su casa, donde cada semana reciben por correo la edición impresa. Y miles más nos acompañan desde cualquier lugar del mundo a través de www.libreonline.com, donde la tradición iniciada el 4 de julio de 1966 continúa hoy también en formato digital.
Ese es, quizás, el mayor privilegio que puede tener un periódico: convertirse en parte de la rutina de sus lectores y ganarse, durante generaciones, su confianza.
Mi papá soñó con un periódico que informara, orientara y defendiera principios. Nunca imaginó un periódico que siguiera modas ni que cambiara de rumbo según soplaran los vientos políticos. Quiso un periódico independiente, comprometido únicamente con la verdad, con la libertad y con sus lectores.
Sesenta años después,
ese compromiso permanece intacto
Recuerdo una conversación que mi papá sostuvo hace ya más de treinta años con un alto ejecutivo de uno de los periódicos más importantes de nuestra comunidad. Este le comentó que los lectores de LIBRE estaban envejeciendo y que, con el paso de los años, simplemente desaparecerían. La conclusión parecía inevitable: algún día ya no habría quién leyera este periódico.
El tiempo, sin embargo, ha
demostrado otra realidad
Es cierto que muchos de aquellos lectores ya no están con nosotros. Los despedimos con gratitud y profundo respeto. Pero, lejos de apagarse, LIBRE encontró nuevos lectores. Algunos llegaron recientemente al exilio, otros descubrieron en estas páginas la historia de una Cuba que nunca conocieron, muchos heredaron de sus padres y abuelos la costumbre de esperar el periódico cada semana. Y otros, sencillamente, encontraron en LIBRE algo que hoy escasea: contexto, memoria, profundidad y una defensa inquebrantable de la libertad.
Los periódicos sobreviven cuando son capaces de seguir siendo útiles. LIBRE no ha sobrevivido porque sus lectores hayan permanecido iguales, ha sobrevivido porque cada generación ha encontrado en sus páginas razones para continuar leyéndolo. La historia sigue interesando. La verdad sigue importando. Y la libertad sigue teniendo quienes la defiendan.
A lo largo de estas seis décadas, las páginas de LIBRE han documentado la historia del exilio cubano y de nuestra comunidad. Han servido de tribuna para periodistas, historiadores, escritores, educadores, líderes cívicos y defensores de los derechos humanos. Han preservado la memoria de una Cuba que no queremos olvidar y han denunciado, sin descanso, las injusticias del comunismo allí donde se manifieste.
Pero LIBRE nunca ha vivido
solamente del recuerdo
Cada edición incorpora nuevas voces, nuevas generaciones de articulistas y nuevos lectores que descubren en estas páginas una forma distinta de hacer periodismo: pausado, reflexivo, documentado y profundamente comprometido con los valores de la democracia.
Nos llena de satisfacción ver cómo hijos y nietos de aquellos primeros lectores hoy leen el mismo periódico que sus padres y abuelos esperaban cada semana. Ellos representan la continuidad de una obra que ha sabido adaptarse a los tiempos sin renunciar jamás a su identidad.
La tecnología ha cambiado la forma en que el mundo consume información, pero no ha cambiado nuestra misión. Seguimos creyendo que un buen artículo merece ser leído con calma, que la historia importa, que la opinión fundamentada tiene valor y que el periodismo responsable continúa siendo uno de los pilares indispensables de una sociedad libre.
En una época en la que la gratificación inmediata muchas veces sustituye a la reflexión, LIBRE continúa el periodismo que explica, documenta y preserva la memoria. Las plataformas cambian. Los hábitos de lectura evolucionan. Pero la necesidad de comprender nuestra historia, defender nuestros principios y mantener viva nuestra identidad permanece intacta.
Nada de esto habría sido posible sin quienes, durante seis décadas, han hecho suyo este periódico: nuestros colaboradores, corresponsales, fotógrafos, suscriptores y, sobre todo, nuestros lectores. A ustedes les pertenece esta historia.
También quiero expresar un reconocimiento especial a quienes ya no nos acompañan, pero cuya inteligencia, patriotismo y talento quedaron para siempre impresos en estas páginas. Sus palabras siguen formando parte del alma de LIBRE y continúan inspirando a quienes hoy tenemos el privilegio de mantener viva esta obra.
Sesenta años representan mucho más que un aniversario. Representan miles de ediciones publicadas sin interrupción. Miles de páginas impresas. Incontables historias compartidas. Décadas de servicio a nuestra comunidad. Y, sobre todo, la satisfacción de haber permanecido fieles a los principios que inspiraron aquel primer número de El Matancero Libre, publicado un 4 de julio de 1966.
Hoy miramos hacia el futuro con el mismo optimismo con que nuestro fundador miró hacia adelante hace seis décadas.
Mientras exista un lector que espere a LIBRE cada semana, mientras haya un escritor dispuesto a defender la verdad, mientras haya una causa justa que merezca ser contada, mientras la libertad siga necesitando voces que la defiendan, LIBRE continuará cumpliendo con su deber.
Ese será siempre nuestro mejor homenaje al hombre que hace sesenta años creyó que un periódico podía ser mucho más que papel y tinta. Creyó que podía ser memoria. Podía ser conciencia. Podía ser escuela. Podía ser tribuna. Y, sobre todo, podía ser un punto de encuentro para todos aquellos que nunca renunciaron a la libertad.
Las generaciones cambian
Los formatos evolucionan
Pero la verdad no envejece. La historia no pierde vigencia. Y la libertad nunca pasa de moda.
Mientras haya quien quiera conocer de dónde venimos para comprender hacia dónde debemos ir, LIBRE seguirá llegando, puntualmente, cada semana.
Porque durante sesenta años hemos sido mucho más que un periódico.
Hemos sido una cita semanal con la libertad.








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