Por los pueblos de Teruel: cartografía de un lugar lleno de vida

Written by Libre Online

28 de abril de 2026

Por ANDREA INSA MARCO

Recorrer la cartografía turolense por carretera es adentrarse en reductos de autenticidad alejados del ruido y la masificación. Sus pueblos defienden su esencia autóctona y sus tradiciones, salvaguardadas por aquellos que se quedaron; y abrazan lo nuevo, traído por aquellos que se fueron y que, inevitablemente, regresan. 

Albarracín, el pueblo que eclipsa al resto

Casas cubiertas por una cal colorada por el óxido de hierro, balcones colgantes de madera, verjas de forja en las ventanas y estrechas, empinadas y empedradas callejuelas; conforman Albarracín. Un pueblo aferrado a un promontorio a 1.182 metros de altura resguardado tras una muralla desde hace más de mil años. 

Declarado Conjunto Histórico Artístico en 1961 y reconocido como uno de los más bonitos de España, lo mejor de este pueblo de la comarca de la Sierra de Albarracín es perderse por su casco histórico y, en el recorrido, visitar sus imprescindibles: la Catedral (joya del gótico aragonés), el Palacio Episcopal, el Ayuntamiento y el mirador de la Plaza Mayor, el Castillo, las iglesias de Santiago Apóstol y Santa María, la Casa Museo Pérez y Toyuela, el Portal del Agua y, por último, las Murallas y el Mirador.

La esencia medieval en Mora de Rubielos

Antiguos portales fortificados resguardan calles empedradas, una antigua colegiata, torres y un castillo, en Mora de Rubielos, capital de la comarca de Gúdar-Javalambre. Un lugar declarado Conjunto Histórico-Artístico que aún conserva la esencia del medievo. 

Su fortaleza medieval —seña de identidad del pueblo—, encaramada encima de un peñasco, es el Palacio de los Fernández de Heredia que, durante siglos, fue la residencia de los señores locales. Con una superficie de 9.000 metros cuadrados, en torno a su patio de armas, se organizan el resto de las dependencias: torreones, enormes salones, capilla, alcobas, bodegas…

Al abrigo del castillo, se erige la excolegiata de Santa María, una obra gótica construida a base de piedra sillar con bóveda de crucería simple. Y de su antiguo recinto amurallado, Mora conserva varias puertas de entrada: la de Cabra, el Portal de Alcalá o el Nuevo Portal de Rubielos; y las antiguas torres, a las que se accede por un Calvario.

El aire irreal de Mirambel

A lo largo del siglo XX, Mirambel fue despoblándose hasta los 110 habitantes actuales. Quizá por eso, pasear por este pequeño pueblo del Maestrazgo traslada al viajero a un lugar bucólico donde su historia se ve reflejada en cada esquina.

Sus calles esconden innumerables joyas arquitectónicas como el Portal de las Monjas, la más famosa de las puertas en la muralla del siglo XIV, las casas y palacio de estilo renacentista construidos a partir del XVI, entre los que destacan el Ayuntamiento y la parroquia de Santa Margarita. Y otros edificios remarcables son el Convento de las Agustinas, que incluye la iglesia de Santa Catalina, y la lonja. 

El embrujo de esta pequeña villa es tal, que numerosos artistas, escritores y cineastas se han inspirado en ella: Pio Baroja escribió ‘La venta de Mirambel’ en 1931 con las historias que recopiló en su estancia; Antón García Abril compuso su obra ‘Preludios para piano’ tomando como musa al municipio y Mirambel fue el escenario de la película ‘Tierra y Libertad’ (1995), de Ken Loach.

Además, Mirambel forma parte del Parque Cultural del Maestrazgo, un vasto territorio natural y cultural, donde encontrar geología y yacimientos arqueológicos, y ejemplos de arquitectura gótica, renacentista y barroca. 

Aliaga, un entorno 

geológico privilegiado

Enclavado en el corazón del valle del Guadalope, Aliaga ofrece un entorno geológico privilegiado de pliegues, fallas y estratos visibles a simple vista. Moldeada durante millones de años, aquí la montaña, protegida como Parque Geológico, se quiebra, se abre en gargantas, encajona los espacios y permite al viajero disfrutar de ella gracias a senderos, miradores naturales y pasarelas sobre el río.

Con calles estrechas, viviendas de piedra y pasadizos, el casco urbano de Aliaga refleja su pasado medieval. De su castillo, construido durante los siglos XII y XIII, se conserva la estructura general situada en una peña rocosa con vistas de la villa. A las afueras de esta localidad de las Cuencas Mineras, espera la ermita de la Virgen de la Zarza, una joya barroca rodeada de jardines. Y, en los barrios de Campos, Santa Bárbara o La Aldehuela, persisten las huellas de la minería y de la antigua central térmica.

El redoble de los tambores en Calanda

“Existe en varios pueblos de Aragón una costumbre que tal vez sea única en el mundo, la de los tambores del Viernes Santo. Se tocan tambores en Alcañiz y en Híjar. Pero en ningún sitio, con una fuerza tan misteriosa e irresistible como en Calanda”, escribió Luis Buñuel en ‘Mi último suspiro’ (1982) sobre un elemento que caracteriza su pueblo natal.

En esta localidad de 3.745 habitantes del Bajo Aragón, el tiempo se detiene al mediodía del Viernes Santo, cuando miles de tambores y bombos “rompen la hora” al quebrar un silencio acumulado durante horas en su Plaza Mayor. La tamborada de Calanda, una de las celebraciones de Semana Santa más singulares del mundo, es una tradición centenaria inscrita en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.

Más allá de la celebración religiosa, en Calanda se encuentran edificios de estilo renacentista, como la Casa de la Villa, el Centro Buñuel Calanda, donde se profundiza en el genio surrealista y su obra, y en los alrededores del pueblo, el Monasterio barroco del Desierto. 

El pasado íbero de Azaila

Situada sobre un profundo barranco a orillas del río Aguasvivas, el mejor tesoro de Azaila se esconde a un kilómetro de distancia: el poblado íbero Cabezo de Alcalá. Esta antigua acrópolis, situada en un estratégico cerro, es uno de los yacimientos arqueológicos de época íbero-romana más importantes de España. Por sus calles, que llegaron a albergar a unas 3.000 personas, se imaginan recintos defensivos, viviendas tradicionales, comercios y un templo. 

En el llano próximo al poblado hay una necrópolis de la Edad de Hierro, unas termas romanas y una rampa de asedio. Y, en el casco urbano de Azaila, perteneciente a la comarca del Bajo Martín, destaca la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario, del siglo XVII.

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