Los Estados Desunidos de América

Written by Libre Online

12 de mayo de 2026

Nunca hemos sido muy proclives a tratar de forma pública el espinoso tema de los problemas relacionados con la política interior de nuestra nación. Todavía llevamos muy arraigado aquello de que “los trapitos sucios se lavan en casa”. Pero en la amada patria de nuestros hijos y nietos, en la nación que aprendimos a querer con la sinceridad abierta de nuestro corazón, y la que, legítimamente muchos sentimos como propia, se ha producido un doloroso cisma que, incubado por décadas, ya se manifiesta hoy de manera tan notoria que es inútil ignorarlo por más tiempo.

Recuerdo, durante los gloriosos años del presidente Ronald Reagan, cómo las amargas desavenencias con su adversario político, el congresista Thomas Phillip “Tip” O’Neill, líder de la bancada en el Congreso, terminaron en varias ocasiones con los dos almorzando en la Casa Blanca, o compartiendo unos momentos juntos al final del día; y, en una o dos instancias, si no falla mi memoria, con la visita del Demócrata O’Neill a Camp David. 

Eran los años subsiguientes a Henry M. “Scoop” Jackson, Lyndon B. Johnson y otros, cuando ambos partidos, Demócratas y Republicanos, podían sentarse a dialogar o discutir de forma civilizada, aún con grandes disparidades, como es usual en las naciones democráticas de diversos partidos políticos cuyas agendas enarbolan enfoques diferentes. En el marco del respeto mutuo, las discrepancias sirven de manera positiva para arrojar luz a los problemas comunes. En la era de Reagan, entre arduas negociaciones y discusiones, se lograban acuerdos al final, en bien de la nación… Y eran adversarios políticos, sí, pero nunca enemigos que se odiaban y lo demostraban abiertamente y sin respeto alguno. 

En las décadas que siguieron, sin embargo, la metamorfosis profunda sufrida por el Partido Demócrata de los Estados Unidos comenzó a arrastrarlo más y más a la izquierda, más y más a las ideas radicales que, podrían ser las mismas de antes, tal vez, pero ahora llevadas al extremo. 

Nuevos mapas de distritos abrieron paso a la elección, en ambas cámaras, de jóvenes miembros afiliados al Partido Demócrata que portaban diferente formación ideológica, incorporando sus nociones ultraliberales. En consecuencia, el Partido Republicano de los Estados Unidos comenzó —más por reacción que por acción— a girar marcadamente a la derecha, quizá con los sostenidos conceptos y filosofías de siempre, pero ahora llevados también al máximo.

La desafortunada consecuencia de todo esto, es el resultado actual y tangible que muestra sin duda alguna que, en el interior de los cincuenta estados norteamericanos, existen dos naciones completamente diferentes y definitivamente antagónicas. 

Ya no se trata de los Estados Unidos de América, sino de Los Estados Desunidos de América.

Felipe Lorenzo

Hialeah, Fl.

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