Tan grave es la situación que en los eventos recientes acontecidos en Venezuela y en Irán, a pesar de las muy justificadas razones para los mismos, no hubo siquiera un miembro del congreso demócrata que apoyara dichas acciones, porque se trataba de un presidente republicano, y había que atacarlo por todo, no importando las medidas o decisiones que tomara. Pero cuando un presidente demócrata, en 2011, ordenó las operaciones militares que ejecutaron a otro terrorista criminal llamado Osama bin Laden, nadie protestó, y muchos miembros del partido Republicano apoyaron las acciones del presidente demócrata, dado que el interés nacional debía primar sobre las diferencias partidistas.
¡Qué pena que los ultraliberales no piensen igual! Aquí, señores, ¡se ha perdido la vergüenza! O, tal vez, son simplemente apátridas y traidores hábilmente disfrazados de “progresistas”.
Y a los “leguleyos” que hablan de la autorización del Congreso, debemos recordarles que la gran mayoría de los presidentes, Demócratas y Republicanos, a lo largo de la historia de la nación, ordenaron medidas militares sin buscar primero la autorización del Congreso, lo cual hubiese puesto en peligro la acción. ¡Quizá a muchos les duele que nuestras Fuerzas Armadas demuestren que son invencibles! ¡Y lo son! También podría tratarse de acomplejados y resentidos que todavía llevan implantada la “semillita socialista”. Todos ellos parecen olvidar que cuando un presidente Demócrata, hace años, declaró la guerra a Libia durante ocho meses hasta cambiar el régimen, el congreso demócrata calló a gusto sin pedir que buscara su autorización. ¡Entonces todo estaba bien!
Por otra parte, es claro que debemos preocuparnos por el alza en los precios del combustible, los víveres, y el costo de la vida en general.
Pero debemos preocuparnos muchísimo más ante el hecho de que una casta de trogloditas fanáticos que debió quedar extinta en el siglo V pueda hacer estallar un artefacto nuclear desatando con ello, inevitablemente, la tercera guerra mundial, con horrísonas y cataclísmicas consecuencias para toda la humanidad y, peor aún, para las dos o tres generaciones subsiguientes con ¡sabrá Dios cuántas terribles deformaciones anatómicas y genéticas! Nunca debemos olvidar el espanto de Hiroshima, Nagasaki y Chernobil.
¡Nuestra seguridad y la de nuestros hijos y nietos debe ubicarse siempre en el primer plano!
Los “zurdos” políticos, los “tontos útiles”, los “ignorantes” y los “progresistas” pretenden obviar esa crítica realidad, siempre con la aquiescencia de la cínica prensa liberal, tan adicta a “tirarle un cable” a nuestros enemigos, como buenos traidores que han demostrado y siguen demostrando ser. El odio irracional al presidente republicano es mucho mayor que lo que el mínimo sentido común de cualquiera podría indicar como una acción imprescindible y correcta. ¡Qué indignidad! ¡Y más aún cuando ningún presidente del Partido Demócrata tuvo pantalones para hacerlo!
En la Cuba del pasado —aquel paraíso perdido—, la prensa liberal fue la primera en apoyar la tenebrosa revolución del criminal Fidel Castro Ruz, incluyendo la revista “Bohemia”, de trágica recordación. Y fueron los primeros en ser despojados de sus medios, encarcelados o enviados al exilio, como ocurrió con Miguel Ángel Quevedo, director y propietario de Bohemia, y con otros muchos medios incautados. De hecho, ¡con todos! ¡Parece que la prensa liberal no aprende la lección en ninguna parte del mundo!
Felipe Lorenzo
Hialeah, Fl







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