LA SAGA DE UNA TRAGEDIA SIN FIN

Written by Adalberto Sardiñas

11 de abril de 2023

La tragedia resultaba a todas luces predecible. Casi inevitable. El hacinamiento de miles de seres humanos, en condiciones paupérrimas, carentes de protección y amparo, creaba las condiciones perfectas para el cataclismo que no tardó en aparecer en su más horrenda y despiadada forma. De cierta manera, siempre fue previsible. ¡Cómo no habría de serlo!  Las crisis humanitarias, por ser, precisamente eso, humanitarias, compuestas de gente de carne y hueso, como usted, y como yo, siempre tienen, indefectiblemente, en algún momento de su trágico paso, resultados fatales. La que ocupa nuestro tema de hoy sucedió en un centro de detención en Ciudad Juárez, México, donde murieron, asfixiados, por criminal negligencia de sus guardianes, 39 migrantes.

  Las autoridades mexicanas, en total desacierto y confusión, declararon, a raíz del desastre, que los propios internados, enterados, o sospechando, que serían deportados, prendieron fuego a sus propios colchones como protesta, iniciando una quemazón que engolfó las celdas con el trágico saldo mencionado. 

  Pero ¿fueron así las cosas? A ciencia cierta nadie sabe. Lo que sí sabemos es que 39 personas perdieron la vida injusta e innecesariamente. Otros, previamente, la habían perdido en su cruce fatal, por ríos, bosques, maniguas y montañas de países vecinos de Sudamérica.

  Docenas de personas escuchaban con horror los desesperados gritos de los atrapados en aquella pira infernal, pidiendo que los guardias abrieran las puertas. Pero no sucedió. Éstos, olvidando sus obligaciones, corrieron despavoridos huyendo de las llamas. Atrás, en el más despiadado abandono, separados de la vida por unas barras de acero, quedaban las víctimas, 39 de ellas asfixiadas por el humo emanado de aquella hoguera mortal. Se llegaba al epílogo de un brevísimo capítulo en la crisis humanitaria que embarga el calvario del fenómeno migratorio, cuya magnitud, se eleva ya, por su inagotable desgracia, a niveles dantescos, sin que se vislumbre un final cercano.

  Ante el escándalo internacional, desatado por la tragedia, el gobierno de México ha iniciado las pertinentes investigaciones, que han resultado en el arresto de cuatro personas vinculadas a la custodia del centro para migrantes.  Pero el caso va más allá del vínculo local de Ciudad Juárez. 

  El gobierno federal que preside Andrés Manuel López Obrador firmó un pacto con los gobiernos de Donald Trump, y Joe Biden, por el cual se comprometía, dentro de los límites razonables, y mediante remuneración económica, a retener dentro de sus fronteras, con su debida protección, a los inmigrantes llegados a su país. ¿No incluía este pacto evitar la ocurrencia de infortunadas desgracias como la de Ciudad Juárez, que fue producto de la negligencia criminal de sus propios funcionarios? A la hora de reclamar y repartir responsabilidades, la distribución debe ser pareja. Los guardianes, sus jefes, y los de más arriba, todos, deben responder a las acciones, u omisiones, desenvueltas en el desempeño de sus obligaciones.

  En un capítulo aparte, aunque, en manera alguna, desligado del tema, debe destacarse la extrema negligencia del gobierno mexicano, de manera vertical, que permitió la entrada a su país de miles de migrantes, a sabiendas de que nunca serían admitidos en Estados Unidos en la forma masiva y desordenada en que pretendían hacerlo.

  En varios artículos publicados en tiempos pasados, porque este conflicto ya peca de viejo, siempre me he declarado contra la inmigración ilegal desde un punto eminentemente conceptual. Ningún país, rico o pobre, tiene la obligación de recibir, como residente, o refugiado, a persona alguna, sin indagar su récord pasado. ¿No es natural que, por razones de seguridad ciudadana, esta nación, o cualquier otra, quiera saber si la persona aplicante es decente, criminal, enfermo, sano, y, por lo tanto, merecedor de su entrada a convivir con el resto de su ciudadanía? Yo así lo creo. Y, bajo el mismo concepto, resulta inaceptable que países menos prósperos, descarguen a sus ciudadanos empobrecidos en las fronteras de naciones más afortunadas de manera irrestricta y sin apego a la ley.

  La forma en que la presente administración ha manejado este desafortunado conflicto migratorio es, para decirlo de alguna manera, grotescamente caótico.

 Al principio, como demagógico plan de campaña, el presidente Biden envió señales que las hordas de desesperados inmigrantes percibieron como una tácita aprobación para sus soñadas ilusiones de llegar a territorio americano. Después, lentamente, fue cambiando la narrativa. Ya no serían aceptados. Pero las caravanas de miles de migrantes ya habían partido, y llenaban los caminos de Centro América de forma imparable. Y la frontera Sur de Estados Unidos se abarrotaba de cientos de miles de aspirantes a la tierra prometida.

Mientras que en el ámbito político el Congreso americano estudia la gestación de una reforma migratoria -sin muchas probabilidades de éxito- la desbordada inmigración, sobre todo, la proveniente de nuestro vecindario en la América Hispana, continúa lanzándose a la riesgosa aventura de tocar tierra estadounidense, en un afán desesperado, que, a menudo, termina en lamentables fatalidades.

Es tiempo de poner freno y orden a esta desenfrenada locura.

BALCÓN AL MUNDO

Con una publicidad extraordinaria, se produjo, al fin, la acusación formal contra el expresidente Donald Trump en la fiscalía de Manhattan. Se le acusa de violación de las leyes electorales, falsificar documentos, y otros delitos que el fiscal Alvin Bragg ha acumulado contra él. Es un acto sin precedente contra un expresidente que en nada contribuye a la tranquilidad nacional. Se pudo haber ventilado de forma diferente.

 Pero la ley es la ley, y Donald Trump tendrá que desmontar, uno a uno, los 34 cargos que se le imputan.

Al final, todo este escándalo terminará beneficiando a Trump y a sus planes políticos; y hasta, tal vez, lo eleven de nuevo a la Casa Blanca por el inevitable efecto físico del boomerang.

 Y a ahí les va una pregunta curiosa: ¿cuándo le tocará su turno a Hunter Biden? 

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Finlandia ya está de lleno dentro de la OTAN. Le seguirá, eventualmente, Suecia, para aumentar las preocupaciones de Vladimir Putin, si es que no tiene suficiente con el descalabro que está sufriendo como consecuencia de su funesta invasión a Ucrania. Pensó que la alianza occidental se había debilitado y le salió el tiro por la culata. La OTAN está más fuerte y nutrida que nunca para la defensa de la democracia global.

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Las fuerzas militares americanas en Siria ultimaron al líder terrorista islámico Aydd al-Jabouri, un comandante de alto rango en las filas de ISIS, quien había planeado y dirigido ataques en distintos lugares de Europa con resultados sangrientos.

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En Venezuela sigue la purga que comenzó hace dos semanas. Han caído varias docenas de corruptos, según rumores, pero, lo peor de los peores, Maduro y Cabello, siguen en pie.

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