LA RESTAURACIÓN, UNA PASIÓN FRANCESA

18 de agosto de 2021

Como acostumbro hacer durante las vacaciones en los veranos intercalaré con esta crónica un tema que se aparta de la actualidad que, vista desde Francia, abordamos semanalmente para los lectores de LIBRE. Pero habida cuenta de lo que está sucediendo en la capital de Afganistán me permito remitirlos hacia mi escrito publicado aquí el pasado 27 de julio en el cual aludí el cinismo exhibido por el Presidente Biden en un texto que había leído a la prensa el día 9 del propio mes. Nadie mejor que uno mismo para elogiarse y lo asumo. Pero ahora aquel análisis unido al corolario que implicaba se está haciendo realidad. Sus consecuencias las sufriremos durante muchos años. Y mientras que Irán, China y Rusia rien a mandíbula batiente en La Habana y en Caracas estarán brindando con lo que tengan en el refrigerador. Para los cubanos de la emigración y para quienes viven en la isla el minuto incita a la reflexión.

Decíamos ayer, Unamuno dixit, que en París comenzaron desde hace varios meses parte de los preparativos con vistas a los Juegos Olímpicos de 2024. Se están remozando varios edificios monumentales que serán sede de eventos bajo techo. Algunos  museos más importantes han emprendido labores de mantenimiento y de reposicionamiento de sus tesoros más significativos. En la materia, cuando de pinturas y de esculturas se trata, hay un centro que se ocupa de limpiarlas y restaurarlas.

Los visitantes que vienen al Castillo de Versalles, y recordemos que con motivo de la pandemia el turismo es esencialmente nacional, no pueden saber que dándole la espalda a la verja principal ya camino de la estación de trenes o del parqueo, hacia la izquierda en lo que fueran las caballerizas y la cochera, se encuentra un sofisticado centro dedicado a la restauración de obras de arte. Es uno de los más importantes en Europa que trabaja en coordinación con otro ubicado en los subsuelos del Museo del Louvre.

Actualmente los equipos y los técnicos están movilizados casi exclusivamente en la restauración capital de  trece cuadros hechos por Joseph Vernet entre 1754 y 1765 por un encargo del rey Luis XV: son las llamadas «Vistas de los puertos franceses». Esas telas de gran formato que miden 1.62 m x 2.65 pertenecen al Museo de la Marina, que se encuentra cerrado por obras desde 2017 con motivo de una reconstrucción interna casi total. La reapertura de ese gigante que ocupa un ala del Palacio Chaillot del otro lado del Sena y de la Torre Eifell, está prevista para finales del año que viene.

Es en ese contexto que más de 900 obras de arte de la institución han sido paulatinamente revisadas y «auscultadas», una a una. Las telas de Vernet antes citadas figuran entre las más importantes de la colección y en su momento volverán a ocupar sala aparte que los visitantes atravesarán antes de llegar a la de las maquetas de navíos que, en su momento, disputaron la supremacía naval a los ingleses. No con gran éxito de hecho porque la Pérfida Albión fue en general la más fuerte y si no que vayan a preguntarle a Bonaparte.

Mientras tanto en el Centro de Restauración de Versalles las vistas magníficas que el pintor compuso en lugares históricos como Bayona, Rochefort, Dieppe, etc., han sido montadas en caballetes gigantescos alrededor de los cuales se afanan los técnicos. A cada tela ocho restauradores han sido asignados. La mayoría son mujeres sobre todo en lo que concierne a la delicada tarea de limpieza. En mayo – y que conste que las visitas para la prensa son actualmente poco frecuentes- estuvimos en el lugar: con hisopos cubiertos de algodón se quita con cuidado  el polvo primero, se la grasa después y finalmente capas de barniz procedente de retoques efectuados antes. Se procede en todo el lento proceso milímetro a milímetro.

El color amarillento que las viejas pinturas adquieren al mismo tiempo que un craquelado irreversible son el inevitable resultado del paso de los años. Retrotraerlas a su estado original es una proeza a la que mucho ayudan los medios que la modernidad y la evolución técnica han aportado durante los últimos cincuenta años. A término el resultado del trabajo es espectacular: los cielos, las aguas y la vegetación cambian de color en los cuadros. Todo vuelve a adquirir la luminosidad que en su momento quiso y consiguió el genio de artistas excepcionales. En este caso que aludo Vernet.

Otra sección del taller se ocupa de los marcos, bastidores y chasis cuidadosamente desmontados y vueltos a encolar. Esta labor de orfebres permite volver a ver en cada óleo tratado detalles de pequeñas dimensiones que a pesar de estar en primeros planos habían ido desapareciendo con el paso de los años. Volver a ellos y reencontrarlos es un obsequio a los futuros visitantes de los museos y un respetuoso homenaje a artistas que crearon obras maestras que enriquece un patrimonio cultural que a todos pertenece.

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