Cultura Cubana
Adolfo Dollero
•Jovellanos
•Pedro Betancourt
•Carlos Rojas
Uno de los hijos distinguidos de Jovellanos, el catedrático Dr. Lorenzo Erbiti, con muy buen sentido escribe:
“Jovellanos, como tantos otros pueblos del interior, carece de grandes atractivos para el extraño, a pesar de estar enclavado en la provincia que ha contribuido con un caudal inmenso al desarrollo económico y al desenvolvimiento intelectual de nuestro país, y cuya capital, en no lejana época, mereció, por su cultura, el título de Atenas de Cuba. Pero, para sus hijos, alcanza otro valor y tiene un real y espiritual significado: representa el pasado de una niñez en que se formó el corazón y se reveló la conciencia…”
No pretenderé, por consiguiente, halagar a mis escasos lectores de Jovellanos con mentiras de ocasión. Me limitaré a decir la verdad, como la dice el Sr. Erbiti.
Exceptuando la calle Alcalá, o Máximo Gómez, yo no he visto algo que se asemeje a la moderna ciudad descrita en el Fígaro por el Sr. J. L. Castellanos. Sin embargo, se encuentra en ella todo lo indispensable, y sus alrededores campestres, pintorescos y ricos en siembras de caña valen muchísimo para los que las poseen y para que descansen los espíritus fastidiados por el bullicio de las grandes ciudades.
Hay dos hoteles regulares, varias buenas casas comerciales y algunas farmacias bien dotadas y bien montadas, en las que se puede encontrar, como en las grandes poblaciones, sueros y cultivos de bacterias de todas clases.
Es inmejorable la situación de Jovellanos como estación de tráfico, ya que es un lugar de empalme ferrocarrilero.
No hay mucha miseria; pero un asilo bien podría abrir sus puertas para dar abrigo a unos cuantos pordioseros que los sábados van de casa en casa y de tienda en tienda, implorando el alivio de reales necesidades producidas por la ceguera, por la vejez o por las enfermedades.
Me he fijado también en que muchos niños del pueblo bajo tienen marcados en sus rostros los signos de la miseria orgánica, fruto acaso de una higiene y alimentación deficientes. Esto se nota a menudo en Cuba.
El pórtico de la calle Martí, que es para Jovellanos lo que es el Boulevard des Italiens para París, es una magnífica película cinematográfica en la que desfila toda la población de la ciudad y de los alrededores.”







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