JOSE MARÍA IZAGUIRRE

Written by Libre Online

14 de abril de 2026

Por Jorge Quintana (1954)

José María Izaguirre fue, encima de todas las cosas, un patriota y un maestro. Tuvo el ansia limpia de ver libre a su patria. Y no escatimó sacrificios con tal de lograrlo. Tuvo la serenidad íntima, necesaria, para enseñar, difundiendo entre los sedientos de cultura el conocimiento indispensable. Fue de los que echó a andar a los indios de América y sabemos por Martí que hasta que los indios de América no anden, no andará América. Era sencillo de una sencillez casi mística.

En rigor no conoció a sus padres. Según la partida bautismal, vino al mundo en abril de 1828 y fue abandonado en la puerta de la familia de don José María Izaguirre, en Bayamo. Allí, en aquella iglesia parroquial, recibió las aguas del bautismo. Y aquel hombre cuya familia lo había recogido, le bautizó aceptando ser su padrino, pero fue más, mucho más, fue su verdadero padre.

Al colegio le mandan apenas estuvo en edad escolar. En 1842 lo enviaron a La Habana para terminar el bachillerato e ingresar en la Universidad. En julio de 1847 se graduó de Bachiller en Filosofía Ese mismo año hace un viaje rápido a los Estados Unidos y regresa para matricularse en el primer año de jurisprudencia. Antonio Zambrana, que lo tuvo de alumno, acredita su asistencia a clases, declarando que lo hace “con constancia, aplicación y aprovechamiento”. De esta época data su iniciación en el periodismo. En La Habana el norteamericano John S. Trasher edita “El Faro Industrial”. Allí va a colaborar José María Izaguirre.

La carrera no la continuó y aunque él habla en sus instancias solicitando dispensas de que atraviesa una mala situación económica, la realidad no parece ser esa, sino que una vocación magisterial le decide a regresar a Bayamo. En marzo de 1850 le vemos solicitando el título de preceptor de instrucción primaria. Un mes más tarde el Conde de Alcoy dispone se le admita como preceptor. 

En 1851 regresa a Bayamo. Ese mismo año abre una escuela en su ciudad natal. Entre sus alumnos figura Tomás Estrada Palma. En 1854 publica, en Santiago de Cuba, su primera obra: un libro de cuentos para niños titulado “El Narrador Bayamés”. En Bayamo labora hasta 1865 en que se traslada al colegio para Manzanillo. Allí conoce a Carlos Manuel de Céspedes con quien lo unirá, desde entonces, una estrecha amistad. Cuando Céspedes se inicia en la conspiración que tiene por centro director a los bayameses Francisco Vicente Aguilera, Francisco Maceo Osorio y Pedro Figueredo, entre los que le siguen se encuentra Izaguirre.

Por el día alecciona a sus alumnos en el colegio, pero por las noches asistirá a las reuniones de los conspiradores manzanilleros, entre los cuales actúa como secretario. Su actividad no pudo pasar inadvertida a las autoridades. En 1868, unas semanas antes del 10 de octubre, es arrestado Izaguirre. En la prisión estaba cuando le llegó la noticia de la sublevación de Céspedes en La Demajagua. De la prisión logra escaparse corriendo a unirse a los sublevados. Cuando unos meses más tarde los orientales tienen que designar sus delegados a la Convención de Guáimaro, Céspedes hace elegir, entre otros, a José María Izaguirre. 

El 10 de abril figura entre el grupo de patriotas que constituidos en Convención Constituyente redactan la Constitución de la República y eligen un gobierno presidido por Céspedes. En la Cámara se queda trabajando todo ese año y aun el siguiente. En rebeldía es juzgado el 7 de noviembre de 1870 por un Consejo de Guerra presidido por el coronel Julián Pueyo y condenado a morir en garrote vil. También al embargo de todos los bienes. Aun cuando no era rico, poseía una hacienda ganadera llamada “El Remate” en el partido de Yuribacoa. 

El 3 de febrero de 1871 se procede a la incautación de todos sus bienes. Por su parte el Gobierno de la República lo designa para que salga al extranjero y proceda a alistar y enviar una expedición. El 9 de marzo va al campamento del general Máximo Gómez, en Barrancas, para despedirse y recibir instrucciones. Ese mismo día sale para la costa. Le acompaña el general Julio Grave de Peralta. Al fin puede embarcarse. Con el general Peralta va su sobrino Perfecto Lacoste, que a la sazón cuenta sólo diez años, el coronel Jesús Feria, cuatro remeros y un timonel. El primer esfuerzo se frustra. A siete millas de la costa la embarcación hace agua y es preciso regresar. La calafatean con resina de cupey y vuelven a salir. 

A las veinticuatro horas de estar navegando, buscando afanosos las costas de Jamaica, fueron divisados por un buque inglés que los tomó por náufragos y se empeñó en recogerlos, Izaguirre, responsabilizado con la jefatura de la expedición, optó por seguir su viaje, ante el temor de que el buque inglés pudiese tocar en algún puerto cubano y allí las autoridades españolas los arrestasen. Tres días después amanecieron a la vista de la costa jamaiquina. 

Desembarcaron en Puerto María de donde se dirigieron, inmediatamente, a Kingston. Allí los cubanos desterrados tratan de ayudarlos en el empeño de desarrollar la comisión que traen, pero todo es imposible, entre otras razones porque las autoridades inglesas no favorecen ninguna expedición organizada contra España. Ello los obliga a tomar una decisión: ir a Nueva York. Y acompañados del general Grave de Peralta salen para los Estados Unidos, a donde llegan a mediados de ese mismo año de 1871.

En Nueva York el agente Miguel de Aldama los recibe y atiende. Les da algún dinero y cartas de recomendación para otros cubanos influyentes. Reunido el dinero necesario el general Grave de Peralta se embarca en el “Fanny”. Al llegar el barco frente a las costas cubanas encalla. El general Grave de Peralta dispone el traslado a tierra de todos los efectivos, pero es sorprendido por el enemigo. Se baten bravamente. En la lucha el general Grave de Peralta pierde la vida heroicamente.

En Nueva York se ha quedado Izaguirre actuando como Secretario de La Agenda, cargo que desempeña hasta 1874. Durante todo ese tiempo ha aprovechado la ocasión para continuar sus estudios pedagógicos. Va a la Escuela Normal para Maestros. 

Colabora con el maestro cubano Luis Felipe Mantilla en los trabajos que éste realiza. Es, en este mismo año, cuando conoce, en la capital neoyorquina, al licenciado guatemalteco Francisco Lainfiesta, quien le contrata para fundar y dirigir la Escuela Normal de Guatemala, creada por decreto del Presidente Barrios, el 25 de febrero de ese mismo año de 1874. Inmediatamente se traslada a Guatemala. La nueva escuela es inaugurada sin pérdida de tiempo. 

El Diario Oficial guatemalteco calificó aquel acontecimiento como “un gran paso en materia de instrucción pública”. El 2 de marzo de 1875 es inaugurada la Escuela de Prácticas o Anexa. El 31 de mayo de ese mismo año Izaguirre rinde el primer informe de sus actividades al Ministro de Instrucción Pública Marco Aurelio Soto. En el mismo asegura que “los alumnos tienen un adelanto relativamente notable”. El 15 de septiembre organiza una gran velada patriótica en la nueva institución docente. Para ello compone un himno al que el maestro Juan Aberle pone música. En diciembre son los exámenes del primer curso.

Por otra parte, Izaguirre desarrolla otras actividades culturales. A la academia científico-literaria “El Pensamiento” le ofrece su colaboración. El éxito de la Escuela Normal es de tal magnitud que pronto cruza las fronteras. En México se comenta. David Vela, refiriéndose a esto ha escrito: “Con Izaguirre como director la Normal cobró prestigio y se convirtió, a tono con las aspiraciones y costumbres de la época, en un centro que a más de las tareas regulares de la escuela, se hacía apreciar por sus actividades de extensión cultural y particularmente por sus veladas lírico-literarias”. 

Y José Martí dirá, poco tiempo después de su arribo a Guatemala: “Hay en la Escuela Normal, que en la educación generosa, tolerante, aplicable y liberal, completa la obra del Gobierno en la política, unas muy animadas reuniones de hogar, donde a tiempo que se familiarizan con la vida social de los educandos, se hace buena música, se dicen discursos, se cantan correctamente bellas piezas y se hacen a menudo buenos versos. Cosa de familia, con buena voluntad y con perfume. Gozo yo con que el que la haya establecido y recoja ya sus frutos de apostolado sea un cubano amigo de los hombres: José María Izaguirre”.

En marzo de 1877 ya está en Guatemala José Martí. Viene de México, donde el gobierno constitucional de Lerdo de Tejada acaba de ser derrocado por una revolución militarista encabezada por el dictador Porfirio Díaz. Apenas si llega a la capital guatemalteca cuando corre a visitar a Izaguirre. 

Él ha oído hablar de los trabajos pedagógicos del antiguo convencional de Guáimaro y el maestro bayamés conoce al joven licenciado porque tuvo la ocasión de leer, estando en Nueva York, su folleto “El Presidio Político en Cuba”, cuya prosa admirable se le hace más bella porque a fuerza de sinceridad hace resaltar la verdad por todas partes. Izaguirre lleva a Martí a la presencia de Barrios, el gran reformador de Guatemala, aunque para imponer sus ideas más de una vez utilice procedimientos que los liberales de todas partes del mundo repudian. Juntos José Joaquín Palma, José María Izaguirre y José Martí colaboran en la fundación de la sociedad literaria “El Porvenir”. 

El 29 de mayo de 1877 Martí es nombrado catedrático de literaturas europeas e historia de la filosofía de la Escuela Normal. Trabaja con entusiasmo. Pronto habrá de retornar a México el joven licenciado para contraer matrimonio. A su regreso sufrirá una decepción. En abril de 1878 el Presidente Barrios, en uno de aquellos arranques de violencia con que solía imponerse, depone a Izaguirre de la dirección de la Escuela Normal. Martí no esperó ni un instante. 

El 6 de abril envía su renuncia y dispone a embarcarse para La Habana. En julio Izaguirre, ya sin el compromiso de dirigir la Escuela Normal, asume la dirección del colegio privado fundado por él. denominado “El Cosmopolita”. Al año siguiente se traslada a Chiquimala, donde es designado director de la Escuela Normal. En 1881 participa en las actividades de la Academia de Maestros, pronunciando una conferencia sobre el tema: “El maestro considerado   como un obrero del adelanto social. Ese mismo año, de 1881, el gobierno convoca a una Conferencia de Maestros. Entre sus organizadores figura Izaguirre. Sus actividades se multiplican. Da clases en la Escuela Politécnica, el Instituto Nacional, la Escuela Normal de Señoritas. 

En 1881 el Presidente Guardia de Costa Rica le ofrece la dirección de la Escuela   Normal de aquella república, que no acepta. Sin embargo, poco tiempo después pasa a Granada, Nicaragua, donde dirige el Instituto fundando también el Instituto de Managua. Martí ha tenido que salir de Cuba camino del destierro, de donde se ha escapado refugiándose en los Estados Unidos. Un día recibe una carta. Está impresa de la humildad de su redactor. Es de Izaguirre. Se ofrece a ayudar con lo que modestamente pueda. 

Martí no echará en el olvido tanta devoción. Por ello, en 1894, cuando está en Nueva Orleans preparando su último viaje a México, el Apóstol recuerda aquel gesto y le escribe: “Piense, porque yo se lo digo, que es nuestra hora. Acúñese el corazón; congregue, y ponga a cuota, a cuantos sean dignos de ayudarlo; que la contribución de usted y la de los que lo imiten, sea correspondiente a la dignidad y premura del objeto y la de Vd. sólo como la de todos los demás juntos”. 

Y finaliza aquella carta con estas palabras ahítas de cariño: “Yo voy a morir, si es que en mí queda ya mucho de vivo. Me matarán de bala o de maldades. Pero me queda el placer de que hombres como usted me hayan amado. No sé decirle adiós. Sírvame como si nunca más debiera volverme a ver”. Y a su regreso de México, cuando ya tiene en su poder un cable de Izaguirre ofreciéndose nuevamente para las tareas en que lo necesiten, Martí escribe a José Dolores Poyo desde Nueva York, el 7 de julio de 1874:

 “Miserias, Poyo, si se va a ver, pero verdaderos sacrificios, atendiendo a la pobreza del mundo, que en todas partes es hoy mucha, porque se vive demasiado de lujo y mentira,— y a los errores pasados, que a los mejores los consumieron cuanto podían dar para su país— y a la avaricia de los pocos que tienen algún poder; —¡si todos fuesen como José María Izaguirre!— “pobre estoy —me dijo por cable— pero escríbame antes de irse; yo quiero con todas mis fuerzas contribuir”. La muerte de Martí le sorprendió cumpliendo su encargo. Don Tomás Estrada Palma que le ha sustituido en la dirección del Partido Revolucionario Cubano, designa a Izaguirre delegado del PRC en Nicaragua. 

El 5 de diciembre éste responde enviando 114.63 y recomendando a Estrada Palma utilice los servicios de Desiderio Fajardo Ortiz, “El Cautivo”, de quien afirma que es “patriota y hombre honrado fuera de toda duda, profesor de letras muy competente, orador y escritor notable”. 

El 6 de enero de 1896 Estrada Palma nombra a Izaguirre representante diplomático de la República de Cuba en Managua. “Ese nombramiento, le escribe Manuel de la Cruz, por orden de Estrada Palma, es homenaje de reconocimiento sincero a legítimos merecimientos de cubanismo”. 

El 23 de marzo de 1896 Izaguirre informa a Estrada Palma que ha enviado los originales de su obra “Asuntos Cubanos” –hoy bastante rara– a Desiderio Fajardo Ortiz para que la edite en Nueva York. Lo que produzca es para la caja del Partido Revolucionario Cubano. La noticia de la muerte de Manuel de la Cruz es un duro golpe para Izaguirre. 

El 3 de mayo de 1896 escribe a Joaquín Castillo Duany, desde Managua: “Puede usted considerar cuan sensible nos habrá sido saber la muerte del esclarecido ciudadano Manuel de la Cruz. Patriota probado, escritor concienzudo, joven, simpático, abnegado, dedicaba todas las fuerzas del cuerpo y de su alma al servicio de Cuba. 

Verlo desaparecer cuando ya se tiene la casi seguridad del triunfo de la causa, tiene que contristar a todo corazón que ame verdaderamente a Cuba, a la justicia y a la libertad. Si allí pensara hacer algo en favor de su viuda y de sus hijos, sírvase decírmelo para ver la forma en que acá podamos contribuir a tan piadoso objeto”.

Los envíos de dinero continúan, Izaguirre se multiplica entre el pequeño núcleo de cubanos que residen en Nicaragua, pero los fuerza a dar. El 6 de julio remite $268.00 y anuncia a Estrada Palma que para poder disponer de más tiempo, para poderse dedicar a la causa cubana ha presentado su renuncia como director del Instituto de Managua. El 26 de noviembre de ese mismo año envía $390.67, producto de dos funciones teatrales que ha logrado con el concurso de artistas cubanos.

En 1897 se traslada a Guatemala. El 21 de junio de 1897 envía, desde la capital guatemalteca $361.45. Hizo un breve viaje, disponiéndose a estar listo para regresar a Cuba, que desde 1877 no veía. El 18 de agosto de 1897 envía su última partida, que es de $361.45, porque “no quiere que nunca falte nuestro óbolo en el altar de la patria”. 

Ese mismo año publica en Managua “Elementos de Pedagogía”. Ya la guerra en Cuba toca a su fin. Izaguirre regresa con la salida de los españoles. En el rostro se le advierte la nobleza de un alma pura. Si hubiera sido un ambicioso tenía las puertas abiertas para aspirar. Pero él no es de esos. Colabora modestamente en el movimiento magisterial. Publica alguno que otro artículo en la Revista de Instrucción Primaria”.

El 7 de diciembre, cuando se conmemoraba el noveno aniversario de la muerte de Antonio Maceo en Punta Brava, cerró sus ojos para siempre, en La Habana, José María Izaguirre, un patriota ejemplar.

Temas similares…

Churchill y Cuba

Churchill y Cuba

Los vínculos del ex primer ministro británico Winston Churchill (1874-1965) con Cuba y los cubanos se remontan a su...

0 comentarios

Enviar un comentario