La emoción de la velocidad se vivió también fuera de las pistas en lugares emblemáticos de Miami como Wynwood, Design District y Miami Beach, donde incluso los aficionados pudieron experimentar la mecánica de esos veloces autos, al igual que el cambio de llantas en los garajes.
En pantallas especiales, los jóvenes y los adultos gozaron conduciendo estos veloces autos a más de 300 kilómetros por hora. Claro está, sin tener riesgo como en la vida real. Mientras los pilotos de Fórmula 1 estaban en el estadio Hard Rock disputando una carrera de este gran circuito mundial.
“Fue una emoción muy grande poder manejar un coche de estos a gran velocidad, pero al final no tuve cuidado y sufrí una tremenda estrellada”, afirmó sonriendo el joven Gerardo Martínez, de origen venezolano, quien visitó un centro simulador de manejo en Wynwood.








0 comentarios