Han sido miles las cubanas presas por la dictadura castrista

Written by Alvaro Alvarez

18 de agosto de 2026

Por Álvaro J. Álvarez. Exclusivo para LIBRE

Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Situación de las presas políticas y sus familiares en Cuba.

La Comisión ha considerado con interés el caso del presidio político en Cuba, por haber advertido, en los testimonios examinados, que el maltrato dado a los presos y a las presas se extiende también a los miembros de sus familias. 

Según los testimonios y datos aportados a la Comisión, aparece: 

a) Que abundan los casos en que el arrestado, para obligársele a confesar durante los interrogatorios a que es sometido, es amenazado con represalias a los demás miembros de su familia. Hay otros casos en los que el arresto se realiza contra ambos cónyuges, utilizando a uno de ellos como rehén para la confesión del otro. No faltan ocasiones en que la fuga de un preso es sancionada con la captura de la madre o el hijo de éste, sin que medie para ello motivo justificado.

b) Que el trato dado a los familiares del preso, cuando aquellos van a visitarlo, es humillante y vejatorio.  Desde el insulto de palabra hasta la amenaza de arresto o castigos corporales; desde la ofensa moral de practicársele registros corporales a las mujeres que acuden a visitar a sus familiares presos, hasta los casos en que han sido detenidos o maltratados de obra.

c) Que cuando una persona es detenida, sus familiares no son notificados del lugar donde se encuentra el preso. En no pocas ocasiones se ha llegado a fusilar al detenido, sin que los familiares hayan podido conocer nunca cuál ha sido el paradero durante el tiempo de encarcelamiento.

d) Que el hecho de acudir a las cárceles a visitar a los familiares presos constituye un sufrimiento para las madres, hermanos e hijos del encarcelado. En primer lugar, no es fácil obtener permiso para la visita. Muchas veces estas visitas son totalmente prohibidas o concedidas muy de tarde en tarde. En el caso de permitirse, los familiares se ven obligados a guardar largas horas o días de espera en los alrededores del penal, hasta poder pasar por las numerosas trabas previas a la visita.

e) Que cuando el prisionero está recluido, la visita se hace sumamente penosa y arriesgada, ya que los castristas no permiten a los familiares del preso trasladarse a vivir cerca de ellos. Los pasajeros viajan vigilados por milicianos y espías que al menor descuido pueden arrestar, vejarlos o impedirles la visita. El familiar del preso se ve impedido de encontrar alojamiento y comida, siéndole necesario llevar lo suficiente para varios días, debiendo dormir en alguna casa particular que se disponga a acogerlo, o en parques o portales públicos. El Gobierno suele ordenar el cierre de los establecimientos para evitar que allí coman o se alojen los familiares de los presos, y 

f) Que, en los casos de celebración de juicio, los familiares apenas son avisados para el instante final de dicho acto; y una vez llegados al local donde tiene lugar dicho juicio, son víctimas de insultos por parte del fiscal o de los integrantes del tribunal. 

No es posible conocer con exactitud el número de presas políticas que ha habido en Cuba en estos 67 años; los datos aportados hacen parecer que asciende a varios miles.

Las cárceles para mujeres con mayor número de presas políticas son las siguientes: Guanajay, en la provincia de Pinar del Río; Guanabacoa y Mantilla, en la provincia de La Habana; San Severino, en la provincia de Matanzas, y Baracoa, en la provincia de Oriente.      s

El maltrato físico o el terror psicológico aplicado a las presas políticas no hace distinción alguna en cuanto a la edad, la salud, el estado civil o la condición pre-maternal de la mujer.  En muchas ocasiones se trata a las presas con el mismo rigor que a los hombres y además del maltrato que reciben de sus custodios, existen otros factores que contribuyen a la humillación de las presas, como son las condiciones materiales de las cárceles donde aquellas son recluidas, muchas veces tanto o más perjudiciales para su salud física y moral que los castigos o maltratos de los carceleros.

A continuación, se transcriben algunas de las denuncias presentadas, en las cuales se ponen de manifiesto diversos tipos de maltratos de obra. 

• Una señora, que estuvo presa y después asilada en una embajada en La Habana, en denuncia formulada en escrito de fecha 19 de enero de 1963, dijo: Estuve presa en el campo de concentración de la Finca Acán. Entraban en la celda a cualquier hora del día o de la noche y empezaban a interrogar a los presos. Si se negaban a hablar las entraban a patadas y culatazos.  A ninguno de los presos le dejaban recibir cartas ni visitas de sus familiares, los cuales eran vejados y maltratados por la milicia. 

• Otra señora que estuvo presa en la cárcel de Guanabacoa, en escrito fechado el 20 de enero de 1963, hizo la siguiente denuncia: Estando en la cárcel de Guanabacoa ocurrió un incidente que jamás podré olvidar: había muchas presas a quienes querían trasladar a la prisión de Guanajay. Ellas se negaban porque sabían, por informes de las que habían estado allí, que las guardianas eran invertidas y abusaban de las presas que estaban bajo su custodia. El día de las madres concedieron visita a las presas y aprovechando esta circunstancia llamaron a las que querían trasladar para Guanajay y las engañaron diciéndoles que fueran a la sala a ver a sus familiares. Una vez allí las quisieron obligar a entrar en un ómnibus, pero ellas al darse cuenta se resistieron. Entonces los policías y guardianes a golpes intentaron obligarlas a someterse.

Después de golpearlas acabaron atontándolas con las mangueras de agua de la bomba de incendio y agarrándolas por las manos y pies las tiraron a un carro de policía. Según contó después uno de los policías, una de las presas dio con la cabeza contra la puerta del carro y él le dijo que suponía que no llegaría con vida a Guanajay. A las que no se llevaron en el carro, las dejaron mojadas toda la noche en el patio. 

• Irene Ardawin, el 24 de julio de 1961, estando detenida en el G2, en 5ta. avenida y 14, Miramar, vio ahorcada a Sara Rodríguez, la madre de Carlos Salabarría, que se ahorcó debido a las torturas de los interrogatorios, donde le aseguraban que fusilarían a su hijo Carlos que se encontraba detenido.

• Zoila Águila Almeida nació el 9 de septiembre de 1940 en Placetas, Las Villas. En 1958, con 18 años se incorporó al Segundo Frente del Escambray bajo el mando de Eloy Gutiérrez Menoyo, donde fue conocida como la Niña de Placetas. Se casó con Manolo Munsó La Guardia pero como no aceptaron las políticas comunistas, en 1961 él se alzó con una San Cristóbal con 6 peines y ella, un revólver con unas cuantas balas.

Luchó en cientos de escaramuzas y finalmente en 1963 se convirtió en la líder de un grupo rebelde de 12 hombres que operaba en la zona de Fomento y con su ametralladora Thompson.

El traidor Alberto Delgado preparó una encerrona, así cayeron presos los 16 hombres de Maro Borges y los 14 de Carretero, donde estaban Zoila y su esposo Manolo.

El 22 de junio de 1964, fusilaron en La Cabaña a Manolo, su esposo y 11 más. Zoila Águila, la Niña del Escambray y otros 17 hombres fueron condenados a 30 años de prisión. Zoila pasó por Villa Marista, Manto Negro, Guanabacoa, Guanajay y Nuevo Amanecer. En 1981 fue liberada, pero nunca pudo recuperarse de sus problemas mentales y falleció en Hialeah el 31 de enero de 2021 como otra víctima del virus chino.

• Una estudiante de Filosofía de la Universidad de La Habana y otra de Farmacia de la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, denunciaron lo siguiente en escrito de fecha 19 de enero de 1963: Después de ser detenidas, con todos los miembros de la familia, el 20 de abril de 1960 y de ser interrogadas hasta altas horas de la noche, fuimos recluidas en una habitación en la que había no menos de 90 mujeres detenidas y en la cual, como es natural, no se cabía prácticamente. A los dos días nos trasladaron, en horas de la madrugada, a una casa aledaña, convertida en prisión donde nos encontramos que en la planta baja se hallaban hacinados más de 200 hombres, con un solo baño, lo cual hacía imposible todo tipo de higiene.  Por otra parte, no había muebles de ninguna especie. Se dormía en el suelo, sin tener con qué taparse del frío. Allí permanecimos diez días, sin saber nada del mundo exterior, ni siquiera si nuestras familias conocían el lugar donde nos encontrábamos; y más tarde fuimos trasladadas para la cárcel de mujeres de Guanabacoa, donde estuvimos recluidas en celdas destinadas a presas comunes, en las cuales tampoco existía la higiene, y éramos custodiadas por carceleros que no cesaban de vejarnos, llegando inclusive a golpear a algunas de nuestras compañeras y hacerles proposiciones deshonestas a cambio de mejorar las condiciones de vida. 

• Una señora que estuvo detenida y cuyas hermanas fueron condenadas a largas penas de privación de libertad, denunció en testimonio escrito de fecha 20 de enero de 1963: A mi hermana Margarita la trataron muy mal, la vejaron, la insultaron, la calumniaron, durante todos los interrogatorios que fueron de día y de noche, a tal extremo que no podía descansar tranquila, al igual que otras muchas presas, porque a cualquier hora de la noche las levantaban para interrogarlas.  Muchas veces, después de levantadas y tenerlas tres horas esperando, y bajo tensión nerviosa terrible, les decían que no habría interrogatorio. Y así día tras día a fin de destrozar la moral y los nervios mejor templados del mundo. Mi pobre hermana no pudo soportar tanta tortura y está completamente enajenada. 

• Una abogada, que sufrió prisión en Cuba, dijo en escrito de fecha 20 de agosto de 1962: Se nos aplicó el chorro de agua de la manguera de los bomberos y con ensañamiento fue dirigido contra dos de las reclusas que se encontraban en estado de gestación. Se nos amenazó con bayonetas caladas y no hubo muertos porque uno de los custodios, comprendiendo la situación, paralizó la orden de atacarnos con las bayonetas. Las reclusas que resultaron heridas tuvimos que curarlas nosotras mismas. Gracias a Dios, teníamos con nosotras guardando también prisión a una doctora y unas cuantas enfermeras graduadas. 

Los insultos de los custodios, sobre todo de un sargento, eran comunes, y si la insultada replicaba era “engalerada”, o se le suprimía el derecho a recibir correspondencia y visitas. Éramos despertadas continuamente de noche con gritos y vocabulario soez. Para poder comprender esta denuncia es necesario que se sepa de antemano que para las fuerzas represivas o carcelarias del régimen castrista las detenidas, retenidas o sancionadas no son mujeres sino animales.  El objetivo del tratamiento penal comunista de Cuba es: o aniquilar física y moralmente a la detenida o sancionada, o adoctrinarla al comunismo, para lo cual cualquier medio empleado es posible. 

Las madres presas no pueden ver a sus hijos mayores de siete años, pues sus carceleros consideran que los niños que pasen de esa edad son ya hombres. Por lo tanto, la madre cubana mientras permanezca en prisión no puede recibir la visita de sus hijos que hayan cumplido dicha edad. 

• La organización denominada Alianza para la Liberación de Cuba, en escrito de fecha 20 de agosto de 1962, denunció que el 17 de julio de ese año fueron trasladadas violentamente desde la cárcel de Guanajay a la de Baracoa en Oriente, 65 presas políticas y una niñita de un mes de nacida, a quienes incomunicaron y sometieron a toda clase de torturas y malos tratos. La mencionada organización acompañó con su denuncia, como anexo, un relato hecho por una de las presas trasladadas, en el cual se detallan los nombres de las encarceladas y la niñita referida y se expone lo siguiente: Al fin lograron introducirnos, después de ser salvajemente golpeadas, en camiones-jaulas herméticamente cerrados y trasladarnos a la FAR.  Allí nos dividieron en dos grupos, ordenándonos que uno entrara en un avión ya preparado y el otro fue conducido a un lugar conocido con el nombre de la “perrera”, sitio sucio, falto de higiene, con malos olores de excrementos, en el cual permanecimos tiradas en el suelo durante 24 horas, recibiendo toda clase de vejámenes de los custodios y de los que allí pasaban para mirarnos como bestias de un circo.

El grupo que subió al avión fue trasladado a Santiago de Cuba y de allí, en camiones cerrados con lonas, custodiado con metralletas y bayonetas caladas, llevado a Baracoa. De Santiago salieron a las 7 de la noche, terminando el viaje a las 8 de la mañana del día siguiente. La odisea de ese viaje es indescriptible: sin agua, ni comida y sufriendo toda clase de insultos y amenazas.

Dicho viaje lo hizo también la niñita de un mes de nacida, debido a que la señora María Argüelles, Directora del Penal de Guanajay, se negó a que fuera entregada a sus familiares antes de salir.  La niñita llamada, Amadita Simón Fernández, es hija de la señora María Amalia Fernández del Cueto.

El grupo que quedó encerrado en la “perrera” de la FAR, después de sufrir toda clase de ofensas durante 24 horas, fue también trasladado a Baracoa, haciendo el mismo recorrido que el anterior y soportando iguales atropellos y vejámenes.  Sólo nos sostiene la fe en Dios, el único que tenemos a nuestro lado y al que hemos entregado nuestras vidas. Él nos protegerá, porque “el que todo lo pierde, le queda Dios”. 

• Una joven, que sufrió prisión, en escrito fechado el 27 de agosto de 1962 denunció: El personal de la cárcel era todos hombres y recibíamos mucho maltrato de palabra de ellos. En la madrugada llegaba un sargento del G-2 quien nos amenazaba constantemente diciéndonos que si la contrarrevolución triunfaba nosotras seríamos fusiladas inmediatamente, sembrando el pánico entre las detenidas. Entre nosotras había una señora en estado de gestación la cual perdió la criatura a causa del maltrato físico y mental al que fue sometida.

No teníamos patio, por lo cual nunca recibíamos el sol, no podíamos salir de la celda. El lugar estaba lleno de grandes ratas, ratones, mosquitos, moscas, cucarachas y ranas. La cantidad de mosquitos era enorme y el tamaño sorprendente. Durante los primeros tiempos de mi estancia allí, amanecía con todo el cuerpo tan lleno de ronchas, debido a las picadas, que parecía que tenía una erupción y los párpados se me hinchaban a tal extremo que no podía abrir los ojos.

• Otra señora en escrito también de fecha 19 de enero de 1963, dijo: En la cárcel de Santa Clara en una pequeña celda, había 26 presas; 20 presas políticas y las otras 6 presas comunes, entre éstas una prostituta y dos asesinas. Allí estaba presa una muchacha humilde de Sancti Spíritus, presa política, que estaba tan desesperada que un día trató de suicidarse con un cinto. Corrieron a tiempo las otras presas y lograron salvarla. Después la dejaron en libertad, pero a los pocos días se suicidó en su casa dándose candela.

• En escrito de 19 de enero de 1963, la firmante expresó: El registro consistió en pasarme las asquerosas manos por todo el cuerpo. Al protestar me dijeron que no era suficiente, entonces me llevaron a otro cuarto, donde me obligaron a quitarme absolutamente toda la ropa hasta quedar completamente desnuda. 

• Una señora que fue condenada a varios años de prisión, pero que logró salir de Cuba, presentó la siguiente denuncia por escrito de fecha 7 de octubre de 1962: estábamos en rebeldía por habernos quitado las visitas de familiares sin justificación. La Sub-Directora llegó con un batallón de milicianos armados hasta los dientes, quienes comenzaron a disparar primero hacia el techo y las paredes y después en dirección a nosotros. Estuvimos castigadas dos meses sin ver a nuestras familias, sin recibir cartas, sin tener un solo rayo de sol, con pocos alimentos y sin dejar que alguien se nos acercara.  Hasta al niño de 6 meses que vivía en nuestro pabellón se le dio el mismo castigo. 

• Una señora, que sufrió prisión en Las Villas, en denuncia presentada con fecha 20 de enero de 1963, expresó: la comida, la poca que daban, estaba la mayoría de las veces en mal estado. En muchas ocasiones encontramos dentro de ella gusanos y cucarachas, debido a esto se desató una epidemia de gastroenteritis. 

• Una señora joven de 22 años, en testimonio escrito fechado el 19 de enero de 1963, relató el siguiente hecho: Me llevaron a un lugar donde únicamente había árboles y muy oscuro, era de noche y amarradas las manos, estaba F.G.C., me dijeron que no hablara. Alguien en la oscuridad se dirigió a F.G.C. y le preguntó que si quería vendarse los ojos, él respondió que no, dieron una orden y sonó una descarga cerrada, él se desmayó y yo comencé a dar gritos como una loca. Creí que lo habían fusilado ante mis ojos. Hoy F.G.C. está en New York y no doy los nombres de los otros que estuvieron presos conmigo porque aún están en Cuba. 

• Una señora, que sufrió prisión durante los meses de abril y mayo de 1961, denunció en escrito de fecha 20 de enero de 1963: Nos pusieron en una galera como del tamaño y forma de un vagón de ferrocarril, sin más ventilación que una claraboya cerca del techo en uno de los extremos. En vez de servicios sanitarios lo que había era un agujero en el piso, separado del resto de la habitación por un murito que no llegaba a la altura de una persona y sin puertas. Había tantos ratones que logramos que nos dieran una ratonera. En los días que pasé allí cayeron en ella 21 ratones. 

• Una estudiante de Segundo Año de Ciencias Físico Químicas, hizo el siguiente relato en escrito de fecha 19 de enero de 1963: Nos llevaron a un cuarto donde había 17 presas hacinadas. Ni camas, ni una colchoneta en el suelo donde tirarse, ni una almohada. Allí había una campesina con su bebita de seis  meses (hacía cuatro que estaba encarcelada) y también otra madre con dos niñas de 7 y 14 años. Entre las presas se encontraba una doctora en Filosofía y otra en Pedagogía. No había jabón, ni se conocía la limpieza. En aquel piso sucio de meses teníamos que sentarnos y dormir. No había ni una silla siquiera. Y así días y días sin saber nada del exterior. Lo único que oíamos eran unos gritos continuos. Decían que era una pobre loca que estaba en una habitación cercana. Nunca la vimos, ni supimos quién era: sólo conocimos sus gritos constantes. Aquello era un horror y un asco, que solamente de recordarlo me estremezco. 

Gloria Argudín decidió alzarse en las montañas del Escambray contra el régimen castrista a los 20 años, integrándose a un grupo armado de 12 combatientes. Fue arrestada en una finca cercana a Mataguá y llevada a Topes de Collantes. Allí la torturaron, hubo simulacros de fusilamiento, aislamiento y continuos maltratos. Permaneció más de diez años y medio encarcelada y otros cinco bajo vigilancia policial.

Una Tapiada de Guanabacoa: “Es una bartolina con una plancha de hierro por puerta, un muro de piedra por cama y en el piso un hueco para hacer las necesidades cuando las ratas no saltan del hueco para morderte. Son muy húmedas porque están soterradas a mucha profundidad”.  Cary Roque.

• Mercedes Rosselló: – “Las visitas en Guanajay fueron horribles. Nos separaba un muro y nos decían: ‘Todas las manos abajo, ahora pueden darse un beso’. Si una se dejaba llevar por la emoción y tocaba al familiar, nos cancelaban la visita. Cuando los familiares llegaban, desnudaban a los niños y a las madres de las presas las desnudaban delante de los niños. Mi madre no quería llevarme a mi hijita por las cosas que veía y oía allí. Las visitas eran demoledoras, con 200 personas dando gritos. Al regresar a las galeras parecía que veníamos de una entrada de golpes, todas destruidas. En primer lugar, vivíamos en una mentira, sin contarles las entradas a golpes que nos daban o que nos sacaban las muelas sin anestesia. Cualquier fallo y el castigo era no volver a verlos en varios meses. Cuando regresé de Baracoa para Guanajay, solo por gritarle a Margot, ‘Mi hermana, estoy bien’, me tuvieron tres meses castigada”.

•Ana Lázara Rodríguez. Miriam Ortega, Esther Campos y ella estuvieron plantadas hasta el final. Ana Lázara se fugó de la cárcel de Guanabacoa junto con Ada “Chonchi” Castellanos y Margarita Blanco. Su segunda fuga fue 20 días después, pero desde Guanajay con Teresita Vidal y Margarita Blanco. 

Entrevista realizada en agosto de 2006 en Miami por Jacobo Machover

Son cuatro mujeres, que cumplieron penas de cárcel que iban desde 4 hasta 9 años. Tres de ellas fueron detenidas en los primeros años de la revolución, en 1960 y 1961, la otra en 1992. A la mayoría les robaron su juventud. Todas se expresan sin odio, en presencia de Blanca González, madre de Normando Hernández, uno de los 75 presos de la ”primavera negra” de 2003. 

Desde 1959, la represión ha sido la misma. Nunca ha habido pausa alguna. A través de las generaciones, todas comparten la misma experiencia, el mismo dolor. El reclamo de justicia es una constante en ellas.

• Blanca González:- Es triste escuchar a estas mujeres tan valerosas que en los años 1960 hayan tenido que pasar estas prisiones, pero la ha continuado Carmen en los años 1990. A lo largo de estos años se repite la misma historia. Ayer fueron ellas, hoy es mi hijo. Se sigue repitiendo lo de los años 1960, 1990, 2000.

Lo que pedimos nosotras es la liberación total de Cuba, que haya justicia, porque todo el que tenga las manos manchadas de sangre tiene que ir ante un tribunal y tiene que ser castigado como la ley lo permita. Nosotras no queremos venganza, pero sí una justicia legal ante un tribunal, que todos tengan que responder ante la ley de todos los crímenes y de todas las atrocidades que ellos han cometido. En el pasado como ahora es el mismo tratamiento y son las mismas condiciones inhumanas.

Manuela Calvo. Era conocida como Juana, su alias en las conspiraciones que participó. Cayó presa el 13 de octubre de 1960. Vivía en un apartamento en Amenidad y Cruz del Padre con su madre y su hija Naty de 18 años. Luego de condenada a 6 años, a las dos mujeres las llevaron para Guanabacoa. “Era el Día de las Madres, en mayo de 1961 y fue el día de las mangueras y los golpes. Todavía con las madres y los hijos de las presas de visita, les entraron a manguerazos y chorros de agua tan fuertes que las hacían rodar por el piso. Las llamaron por una lista y a chorros de agua las metieron en guaguas colegiales y las llevaron castigadas para Guanajay, pero allí se formó la debacle. Eran unas 25, entre ellas Beba Canaval, Clarivel Hernández, Nancy Ibargollin, Zeida Cuesta, Minín Hernández, Hilda Pelegrín, Estrella de Oro, Berta Portillo, Violeta Blanco y la americana Geraldine Chapman.

A la semana de estar en Guanajay quitaron a la directora Leila Vázquez. Nombraron a una señora de color, María Argüelles, comunista mala. Les quitaban las visitas y las cartas, nos hacían requisas y se llevaban lo poquito que dejaban pasar: azúcar, gofio, leche condensada. Hubo una fuga de 7 presas políticas, cuando le pusieron un candado con una cadena, la cadena se partió y se pudo abrir la puerta. Caía un fuerte aguaceros y se fugaron Nancy Ibargollin, Hilda Pelegrín, Raquel Romero, Dora Victoria Reyes Gómez, María Antonieta López y Vivian de Castro. Milagros Bermúdez tuvo que quedarse quieta en el suelo, pegada al muro, porque en ese momento escampó”. 

• Lidia Pérez: “En diferentes tiempos coincidimos tres de nosotras en las mismas cárceles, y otras veces no. Cuando una llega al G2, a Villa Marista, la sede de la Seguridad del Estado, que es el lugar de los interrogatorios, el lugar de las torturas, donde te sacan por la noche, no te dejan dormir y te presionan.

Yo caí con varios miembros de un grupo de oposición al régimen. Nos cogieron y nos pusieron toda la noche en interrogatorios. Nos ponían en un cuarto muy frío o nos ponían una luz arriba, y nos hacían preguntas para desquiciarnos, con una pistola en la mesa. Así eran sus métodos de amedrentamiento, la noche entera. Casi todos fuimos condenados. Después fuimos trasladados hacia el vivac de Guanabacoa. Era lo que existía en 1961”.

• Manuela Calvo: “Aunque no hubo mujeres fusiladas, tuvimos compañeras que recibieron torturas físicas. A veces las torturas morales son más fuertes que los golpes, las requisas que nos hacían, las separaciones. A cualquier hora del día se llenaban los pasillos de militares, y entonces nos quitaban las poquitas cosas que teníamos para cocinar. Teníamos un ladrillo, le poníamos una resistencia y lo conectábamos para así poder comer algo caliente. Y esas cositas, todas, así como los libros, se las llevaban. Y después volvían a hacer lo mismo. Pero ésas no son las cosas peores. Las almohadillas sanitarias no nos las daban. La atención médica no existía. Cuando yo tenía ataques de asma mis compañeras comenzaban a gritar para que vinieran a atenderme. Igual era cuando pasaba con otras presas: todos los pabellones, a gritos.

Las enfermeras que teníamos eran jóvenes. Las habían graduado en pocos meses, sin práctica alguna. Cuando venían a inyectarnos no sabían ni coger una vena. A una compañera se le infectó una inyección y se le pudrió una nalga, del hielo que se puso intentando remediar la infección. Le cabía una mano ahí, del hueco que se le hizo. Se salvó de milagro, porque no le daban asistencia médica. Después de nosotras protestar por días, vinieron a atenderla. Hoy se ha quedado con un hueco”.

• María Cristina Oliva:- “Una de las amenazas más grandes era ponernos con las presas comunes. A un grupo de nuestras compañeras las pusieron de castigo en el mismo pabellón con las comunes. Lo que nos decían era que nos iban a poner con las presas comunes para que nos violaran. También nos obligaban a salir a trabajar. Pero, gracias a Dios, las presas comunes nos respetaban como políticas”.

• Manuela Calvo: “Otra de las torturas era ponernos La Internacional, mañana, tarde y noche. Nos la ponían a todo volumen, tanto que a algunas de nuestras compañeras se les reventaban los oídos.

Un día, cuando estábamos en la prisión de Guanajay, nos castigaron porque se fugaron seis personas. De milagro, porque de allí no había quien pudiera fugarse. Cogieron a sesenta y cinco de nosotras y nos mandaron de castigo para las montañas de Baracoa, en el Oriente de Cuba, en el otro extremo de la isla. Nos montaron en un avión diciéndonos que íbamos para Siberia. Después, cuando nos bajaron en el aeropuerto de Santiago de Cuba, nos esperaban militares con las bayonetas caladas.

De la prisión de Guanajay nos habían sacado a golpes. No estábamos en el mismo pabellón, nos encontramos en el avión. Nos sacaron a golpes porque como nos dijeron que íbamos para Siberia no queríamos salir. Nos metieron en camiones blindados del Ejército y nos llevaron a un aeropuerto militar. No podíamos ver nada desde dentro de los camiones. Cuando llegamos pusieron frente a nosotras a estudiantes de secundaria básica para que nos gritaran “¡Paredón!” y nos insultaran y nos tiraran papeles”.

• Manuela Calvo: “Cuando llegamos a Baracoa nos encontramos con una prisión muy antigua, construida en la época colonial. Y nos metieron en cinco galeras. Como estábamos tan lejos, la familia venía muy poco.

Esa fue la época de la crisis de los misiles, en 1962, cuando dinamitaron las circulares en la prisión de Isla de Pinos. A nosotras, las 65, nos llevaron para Baracoa. Si pasaba algo nosotras éramos las escogidas para ser sacrificadas.

Después, luego de muchas protestas nuestras, nos trasladaron para la prisión de Guanajay otra vez. Nos llevaron de regreso en camiones y de pie durante veinticuatro horas. Nos aguantábamos y auxiliábamos unas a las otras. Cuando llegamos a la prisión, nos estaban esperando dos hileras de guardias, entre milicianos y reclutas del Ejército. Cuando bajamos comenzaron a darnos golpes y nos desnudaron para revisarnos. Nos tuvieron de castigo un año, sin visitas y sin nada”.

• Carmen Arias: “Yo estuve en una prisión de mujeres llamada Manto Negro. Su verdadero nombre es “Prisión de mujeres de Occidente”. Fue construida por las mismas presas comunes y por presos también. Son muchos edificios que están conectados entre sí, todos se comunican. Son muy oscuros y en la distancia se ve como un manto, es como un manto negro que lo cubre todo, por eso es el sobrenombre. Así que uno se puede imaginar cómo es la cosa. Está en el Wajay, cerca del Cacahual. Era una prisión de comunes antes. Los guardias alentaban a las comunes para que agredieran a las políticas. También existió una prisión de mujeres en una finca que había sido originalmente de una presa y que se llamaba América Libre”.

• Lidia Pérez: “En el hospital psiquiátrico de Mazorra, había una sala para torturar a los presos con electroshocks y descontrolarnos a todos. En nuestro tiempo había casas en el Laguito donde torturaban a los prisioneros políticos antes de los juicios.

Luego, en la prisión, te enviaban a celdas pequeñitas con cuatro personas más, donde tenías que hacer tus necesidades delante de los otros y sin agua, porque venía el agua una vez al día. Comíamos comidas podridas. Y el agua de beber teníamos que esperar una hora a que se asentara en las vasijas de tomar los líquidos porque salía tan negra que parecía Coca Cola. Y cuando teníamos castigos pasábamos hasta veinte horas sin comer”.

• Manuela Calvo: “A las presas políticas nos unieron con las comunes para quitarnos el estatuto de políticas, para poder decir que en Cuba no había presos políticos.

Todos los períodos fueron malos en Cuba, hasta en la calle. Pero, cuando ellos le dicen al pueblo que se prepara una invasión, entonces en todas las cárceles, en cualquier período cierran las visitas, no dejan pasar nada. En todas las etapas ha habido un momento en que se ha recrudecido la vigilancia y la represión.

En otras épocas le regalan algún preso a algún mandatario que viene, para hacer ver que todo está bien”.

• Carmen Arias: “Yo fui uno de esos regalos a Bill Richardson, un congresista del Partido Demócrata que pidió una lista de 15 presos y le dieron 3, yo una de ellas. Me sacaron de la prisión directo para el avión varios oficiales del G2, nunca supe por dónde salí. Anteriormente, varias comisiones de Derechos Humanos se habían interesado por mí. Una comisión integrada por varias organizaciones, France Libertés, la Federación Internacional de Derechos Humanos, Human Rights Watch entre otras, me vino a visitar. Yo era la única mujer a quien pudieron ver. Pero sus gestiones no dieron resultado conmigo”.

• Lidia Pérez: “Yo me iba a casar cuando fui encarcelada. Así que la vida me cambió totalmente. Yo tenía 18 años. Ésa es la edad en que todo el mundo quiere estar con los amigos, en fiestas y esas cosas normales de la vida. A mí no me pudieron probar nada. Yo fui condenada por anticomunista, por convicción, sin prueba alguna. Hay personas que tenían niños chiquitos cuando fueron a la cárcel. Otras que tenían hijos que no los conocieron durante años. Los hijos después más nunca les perdonaron porque consideraban que eso era un abandono. Hay muchas situaciones de mujeres en que los maridos las dejaron”.

• Manuela Calvo: “Hay distintas generaciones de presas, pero todas tenemos un mismo ideal y todas luchamos por lo mismo: la libertad de Cuba, una patria igual a la que teníamos antes. Con todo lo que un país debe tener, con elecciones. Venganza no queremos, pero justicia sí. Hay que llevar a los culpables a los tribunales, juzgarlos y condenarlos como corresponde. Se les podría perdonar el día en que haya arrepentimiento, pero si no hay arrepentimiento no se les puede perdonar”.

• Lidia Pérez: “No queremos pena de muerte. Lo que le corresponda a cada cual. De acuerdo con la ley, que se castigue al que cometió un crimen.

Cuando esto caiga, estoy segura de que algunos de los que están allá van a coger la justicia por sus manos”.

• María Cristina Oliva: “El resentimiento contra quienes lo sentimos es contra los países de América Latina, que, siendo nuestros hermanos, viniendo más o menos de la misma cultura, se desentendieron de los problemas que teníamos en Cuba, de la falta de libertad. Debieron apoyar más al pueblo cubano en sus ansias de democracia.

Pero con el pueblo cubano no tenemos resentimiento, porque ha sido la víctima. Los únicos culpables son Fidel Castro y su camarilla”.

• Carmen Arias: “Los victimarios se han convertido en víctimas. Porque los hemos visto aquí, en Miami, los mismos generales y oficiales de ellos que han tenido que salir huyendo antes de terminar en el paredón de fusilamiento.

Cuando llegue el momento nadie sabe lo que va a pasar, porque cada persona es un mundo y no se sabe cómo va a reaccionar la gente.

Ahora, el que tenga las manos manchadas de sangre tiene que pagarlo ante la justicia. Pero el que no las tenga tiene derecho a participar en la reconstrucción del país”.

Mignon Medrano era la esposa del periodista Humberto Medrano y escribió en 1995 “Todo lo Dieron por Cuba”, un histórico libro de 286 páginas de entrevistas y narraciones sobre el presidio de esas valientes mujeres que sirvió como libreto para la película Plantadas.

Por cierto, se puede leer online: En el capítulo dedicado a caracterizar “el sistema carcelario para presas políticas del régimen castrista”, la autora señala la ausencia de relatos de primera mano sobre las cárceles fuera de la provincia de La Habana, entre ellas: San Severino en Matanzas, El Caney y Baracoa en Oriente, Guanajay y Kilo 5, en Pinar del Río. Un sistema que en la actualidad se compone de al menos 71 centros de reclusión, incluyendo correccionales para menores de 18 años.

Mignon Medrano resume el patrón observado en el arresto y encarcelamiento de las mujeres en centros de detención y penales en La Habana y sus alrededores, de acuerdo a los testimonios de Polita Grau, Albertina OʼFarrill, Nenita Caramés, Mercedes Chirino, María De Los Ángeles Habache, Mary Martínez Ibarra, Reina Peñate, Sara Del Toro, Vivian De Castro, Doris Delgado, Manuela Calvo, María Vidal, Carmina Trueba, Esperanza Peña, Estrella Riesgo, Mercedes Rosselló, Selma Hazim, Ana Lázara Rodríguez, Cary Roque, Gisela Sánchez y Cándida Melba De Feria.

Las trayectorias, motivaciones y acciones de estas mujeres fueron diversas. Sara del Toro (Sara Odio) fue fundadora del Movimiento 26 de Julio; Doris Delgado “Japón”, bajó de la Sierra Maestra con los rebeldes; Hilda Felipe fue fundadora del Partido Comunista de Cuba; Mercedes Chirino y María Vidal eran líderes del movimiento obrero y, como Ana Lázara Rodríguez, participaron en la resistencia contra Batista.

Por otra parte, Polita Grau (ex Primera Dama de la República de Cuba), Albertina OʼFarrill y Nenita Caramés fueron responsables de la organización de la Operación Pedro Pan y, junto con Manuela Calvo (fundadora del Movimiento Demócrata Cristiano) y Carmina Trueba, se dedicaron a gestionar el asilo político y facilitar la salida del país al mayor número de personas posibles.

El jueves 15 de diciembre de 2022 tuvo lugar un evento en la Biblioteca Regional de Westchester (Coral Way y la 94 Ave) con la participación de 9 expresas entre ellas: Alicia del Busto, Genoveva Canaval, Ana Lázara Rodríguez, Elba González, Iliana Curra, Nilda Díaz, Marta de la Paz, Nelis Rojas y Juana Sánchez. El moderador fue Julio M. Shiling y participó Lilo Vilaplana, el director de la película Plantadas. El filme, que rinde homenaje a todas las presas políticas durante la dictadura de Fidel Castro en 1959, es una historia de ficción inspirada en hechos reales que pone de relieve la entrega y la valentía de las mujeres cubanas. 

Allí hubo testimonios fascinantes de quienes renunciaron a una vida tranquila para trabajar, desde la clandestinidad, contra el régimen castrista desde el propio año 1959. Algunas de estas mujeres cumplieron más de 10 años de cárcel por haber cumplido un activo rol dentro de la resistencia y no precisamente recolectando alimentos, medicinas y armas para los alzados. 

Las hubo sobradas de coraje para hacer lo que hicieron, soportar toda clase de vejámenes y poder sobrevivir para contar lo que fue enfrentar la dictadura castrista dejar constancia, una vez más, de la maldad de Fidel Castro, la bestia de Birán, que no quería ni a su madre. 

Debería haber más actos como ese para conocer y ayudar a preservar esa parte de la Memoria Histórica que el castrismo se ha esforzado en ocultar.

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