Muchos de los asistentes quedaron conmovidos e impactados al escuchar los testimonios de las víctimas de la persecución desplegada por el régimen comunista contra la comunidad católica en Cuba, que derivó en el arresto y la expulsión forzosa del país de numerosos creyentes y miembros del clero.
El encuentro se celebró en el marco del Seminario Interactivo en conmemoración del 65.º aniversario de la persecución anticatólica en Cuba, un acontecimiento que marcó un hito en la historia de la presencia eclesial en la isla durante el proceso revolucionario.
“Este fue un espacio de memoria y reconocimiento a los perseguidos por la fe, de gran relevancia histórica, pues allí las víctimas relataron abusos que privaron a miles de familias de vivir en paz”, expresó Inocencio Martínez, participante del evento.
“Fueron verdaderas demostraciones de fe y patriotismo del pueblo cubano y de sus guías espirituales. Muchos de ellos, incluidos los valientes obispos que defendían la fe cristiana, fueron obligados por la fuerza a abandonar el país”, añadió Martínez.
“Lo más grave es que esta dinámica de intimidación persiste. Se han documentado más de 600 casos de violaciones a la libertad religiosa por parte del Partido Comunista de Cuba (PCC) contra diversos grupos, tanto protestantes como católicos. El gobierno ha mantenido un especial interés en impedir que los líderes religiosos convoquen al pueblo a orar por el país, ya sea en privado o en vigilias organizadas”, enfatizó Martínez en el Salón Padre Félix Varela, ubicado en la Ermita de la Caridad.
“Incluso frente a la crisis humanitaria de los últimos años, los líderes religiosos y sus congregaciones que intentaban distribuir ayuda a la población sufrieron acoso, multas y confiscaciones de insumos. Asimismo, se registran detenciones arbitrarias, amenazas, vigilancia intrusiva, prohibición de asistir a templos, impedimento de asistencia espiritual a presos y sanciones a estudiantes por profesar sus creencias”, denunció.
Por su parte, Horacio González, otro de los asistentes, señaló: “La oposición es sistemáticamente reprimida en Cuba. Quienes se manifiestan abiertamente —incluidos líderes de iglesias y activistas cristianos— corren el riesgo de encarcelamiento, campañas de descrédito, violencia física y restricciones de movimiento”.
González detalló además las trabas administrativas impuestas a las iglesias: “Para contener el crecimiento eclesial, las autoridades niegan rutinariamente el registro de nuevas congregaciones, obligando a muchas a operar de manera informal. Los sermones son fiscalizados para garantizar que no confronten las directrices oficiales. Denegar licencias, imponer multas, confiscar propiedades y clausurar templos son mecanismos habituales de presión”.
Clemencia Prieto coincidió en que la vida eclesial en la isla se ha desarrollado bajo un constante clima de vigilancia e intolerancia: “A pesar del costo personal y social, los creyentes mantuvieron la convicción de obrar en sintonía con su fe. Costó mucho, pero valió la pena”.
Durante la jornada se expuso también el impacto diferenciado del hostigamiento estatal. En el caso de las mujeres, aquellas que se oponen activamente a las políticas oficiales corren el riesgo de perder sus empleos y sufrir acoso. Ejemplo de ello son las Damas de Blanco, familiares de presos políticos, quienes han enfrentado de forma recurrente agresiones y bloqueos policiales al intentar asistir a la santa misa. En cuanto a los hombres con roles de liderazgo espiritual, enfrentan detenciones, decomiso de Biblias, agresiones físicas y represalias dentro del servicio militar obligatorio si manifiestan abiertamente su fe.
El padre José Joaquín Espino recordó que en septiembre de 1961 el régimen expulsó a 136 sacerdotes junto con monseñor Eduardo Boza Masvidal, entonces obispo auxiliar de La Habana, embarcándolos a la fuerza en el buque Covadonga por oponerse a la doctrina oficial.
“La escalada represiva contra la Iglesia se hizo evidente tras el asesinato de un joven durante la procesión de la Virgen de la Caridad en La Habana, crimen que el régimen intentó encubrir responsabilizando a líderes religiosos”, explicó el padre Espino. “Posteriormente vino la expulsión masiva del clero. Todo desembocó en un periodo de abierta represión; sin embargo, la fe ha permanecido viva tanto en la isla como en el exilio”.
Germán Miret, testigo presencial que residió en Cuba hasta 1962, calificó los hechos del 10 de septiembre de 1961 como uno de los primeros actos de violencia directa del régimen contra el pueblo católico. “Celebrábamos el 33.º aniversario de la Acción Católica frente al Colegio de La Salle cuando enviaron grupos violentos con palos y piedras para agredir a los asistentes. Fue un momento espantoso. Mantenemos la esperanza de ver una Cuba libre y democrática donde cese la persecución por motivos de fe”, afirmó.
Eduardo de la Fuente, dirigente laico que sufrió prisión y abusos por su activismo religioso y su participación en las misiones del Camino, rememoró las marchas en las que se aclamaba “¡Viva Cristo Rey!”. “Aquella etapa transformó profundamente la vida de la Iglesia. Fue el inicio de la ‘Iglesia del silencio’, caracterizada por la confiscación de colegios, la clausura de instituciones y el exilio forzado de sus guías espirituales”, afirmó.
En la reunión se recordó también a Arnaldo Socorro, el joven trágicamente herido durante las jornadas de septiembre de 1961, quien falleció poco después tras ser trasladado a un centro médico.
Ángel de Fana, expreso político condenado a 20 años de cárcel, que realizó huelgas de hambre en prisión y posteriormente fundó la organización ‘Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba’, definió lo vivido como un periodo de martirio: “Recuerdo la tensión y el despliegue policial en la calle Reina de La Habana, la confusión de la muchedumbre y los posteriores interrogatorios en la fortaleza de La Cabaña”.
Ricardo Socorro, quien residía a una cuadra de la parroquia de la Caridad, comentó que la muerte de Arnaldo convirtió la manifestación febril en un hito patriótico. Socorro fue detenido posteriormente y condenado a ocho años de prisión sin pruebas; en ese contexto conoció a su actual esposa, quien tomó sus datos el día de las manifestaciones y con quien logró reencontrarse tiempo después.
Durante el encuentro se presentó asimismo el testimonio del matrimonio formado por Roland Viñas y Neldy Rasug, quienes narraron su salida forzada a bordo del buque Covadonga junto a monseñor Boza Masvidal. Del mismo modo, se rindió homenaje al obispo Agustín Román, referente espiritual de la comunidad cubana en Miami y rector histórico de la Ermita de la Caridad, quien sufrió la misma suerte de exilio en 1961.







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