ANA MARÍA DESCARTA A HIPÓCRATES

7 de abril de 2026

Con respecto a mis calzoncillos mi mamá no creía en el juramento hipocrático ese en que  los médicos tienen  el compromiso ético fundamental -que hacen al iniciar sus carreras- prometiendo dedicar su vida al servicio de la humanidad, priorizar la salud del paciente, respetar su autonomía y dignidad, guardar el secreto profesional.

Y eso me lo hizo patente mi madre un día en que estamos en la salita de la casa de la calle Pinillos, ella estaba planchando ropa, yo estoy sentado a su lado observándola y admirándola.

Yo estoy riendo, haciendo cuentos y chistes, hablando de la escuela, ella callada me escuchaba y me miraba sonriente.

De pronto hace algo insólito, era la primera vez que la veía hacerlo: Pone en la tabla un calzoncillo mío almidonado y comienza a plancharlo minuciosamente.

Me reí en ese instante, hoy se me humedecen los ojos al recordarlo. Fue una de las poquitas veces que la llamé por su nombre y jocosamente le pregunté: “¿Ana María, me puedes decir porqué haces eso?” 

Me miró seriamente y me dijo: “Pues muy sencillo: Tú vas al colegio, eres súper majadero, los recreos te los pasas corriendo por toda la escuela, te caes y te partes una pierna”.

El final me dejó sorprendido sin saber si sonreírme o darle las merecidas gracias. Me dijo: “Ahí mismo te cargan, pasan la calle Habana, te entran a la Clínica Ocejo, te ordenan quitarte los pantalones para revisar tu pierna y descubren que tienes un calzoncillo arrugado y empercudido y te mandan para la casa sin atenderte”.

Y añadió, para darle más credibilidad a su creencia: “Juliancito es muy estricto en eso”.  Vaya, “Juliancito” era el afamado cirujano Julián Ocejo, pero ella -orgullosamente- lo conocía de toda la vida.

Burlón iba a preguntarle: “Mami ¿el juramento hipocrático tiene una cláusula que permite al médico no atenderte si no tienes los calzoncillos almidonados, limpios y planchados?”

Pero, corrí a su lado, la abracé, la besé, y le dije: “¡Gracias, mami!”

Ella contenta me dijo: “¡Cuidado, Esteban de Jesús, que te vas a quemar con la plancha!”

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