Actualidad con Gustavo Valdés

Written by Luis De La Paz

14 de julio de 2026

Gustavo Valdés tiene una larga experiencia como curador independiente, editor de arte y coleccionista de arte contemporáneo cubano y de América Latina. 

Gustavo, que es hermano de la escritora Zoé Valdés, reside en el área de Nueva York y ha estado muy vinculado a la vanguardia artística y literaria de la Gran Manzana, relacionándose con artistas y creadores de diferentes generaciones. 

Como editor de arte ha publicado El color de la palabra: Entrevistas a 32 artistas cubanos (1992). Fue coeditor de Hugo Consuegra, monografía sobre el miembro fundador del Grupo Los Once, artistas que marcaron la evolución de la plástica de los años 50 en Cuba. Además, editó Ernesto Briel: Sketches-Bocetos (2020). 

Gustavo Valdés coprodujo para Lunáticas Productions la serie fílmica Un pintor, un cuadro, cortos que documentan la obra de artistas visuales cubanos en el exilio. Se desempeñó como editor de arte de Ars Atelier Magazine y sus colecciones Esencial y Perfil. 

En el pasado reciente trabajó junto al también curador Jesús Rosado, en la exhibición Selgas: Esencial, en el Museo Americano de la Diáspora Cubana, en Miami, una amplia muestra del trabajo del artista cubano. 

—Resides en Nueva York donde se crea mucho de la vanguardia artística contemporánea del mundo. Como curador independiente ¿cómo valoras el arte actual en la Gran Manzana?

Para nadie es un secreto que Nueva York es hogar de grandes instituciones de arte: museos, fundaciones, galerías, colecciones privadas, centros de arte; y de mayor accesibilidad, cafés, restaurantes y hasta hoteles y boutiques donde se muestra arte. Sin contar los espacios públicos (fachadas o plazas) que ofrecen a los transeúntes la oportunidad de conectarse con las propuestas de múltiples creadores. También esa diversidad artística explica que Nueva York sea descrita como un “melting pot”. Aquí hay, y se ve, de todo un poco, desde el arte más tradicional hasta lo más nuevo, y quizás menos digerible, por nuevo, por atrevido o impactante. También permite que se expongan cosas que pretenden ser, pero que no son arte. El arte sigue un proceso evolutivo, como la vida misma, pero también de reciclaje; por ejemplo, el arte cinético-óptico que fue arrasador en los 70 regresó hace algunos años, y ahora da paso a la figuración, a la pintura narrativa. Lo viejo vuelve, se revitaliza, se revalora y así. Pero nunca faltan las opciones. Y siempre hay grandes emociones y sorpresas, desde la exposición del renacentista Rafael en el Met, y de Duchamp en el MoMA, hasta la magnífica exposición de la cubana Rocío García en el museo Leslie Lohman en SoHo, o un conversatorio sobre la obra del maestro dominicano, ya fallecido, Freddy Rodríguez, con su amigo y gran conocedor de su obra el historiador de arte, Dr. Alejandro Anreus.

—Eres coleccionista de arte cubano y curador, de hecho hace poco elaboraste la exhibición de Cepp Selgas en Miami. ¿Cómo evalúas la plástica cubana contemporánea?

Los cubanos son un grupo de artistas muy especial. Lo han sido desde siempre. Como iberoamericanos han estado muy a la vanguardia. Y han suscitado el interés tanto de Norteamérica como de Europa a través de los años. Habría que recordar que el MoMA hizo una exposición de arte cubano en la década del 40 que introdujo el arte cubano a Norteamérica, que Wifredo Lam acaba de tener una gran retrospectiva en el mismo museo, que Carmen Herrera deslumbró a Nueva York y al mundo cuando después de toda una vida creando en solitario, en silencio, a sus 81 años le llega el reconocimiento y el éxito crítico especializado y comercial. Que hay artistas contemporáneos de la dimensión de Jorge Camacho, Gina Pellón, Luis Cruz Azaceta, Félix González Torres, Carlos Alfonzo, José Bedia, Los Carpinteros (y sus integrantes, ya por separado), Belkis Ayón, Ernesto Briel, Manuel Mendive, entre muchos otros que se han colocado en posiciones privilegiadas en los escenarios del arte. Y cada día se descubren increíbles talentos que crean en Cuba o fuera, pero que se identifican como artistas cubanos, y su arte es intrínsecamente cubano.

La exposición de Jesús Cepp Selgas, titulada Selgas: Esencial en el Museo Americano de la Diáspora Cubana ha sido una de las mejores exposiciones presentadas en esa institución. Tuve el honor de ser cocurador de la misma con el reconocido historiador y curador de arte, Jesús Rosado, quien escribió el ensayo para el catálogo de la muestra. Selgas es un talento enorme, un artista único, cuyo arte satisface desde el más exigente y escudriñador ojo crítico hasta quien vea su obra pero no posea amplios conocimientos de arte. El arte de Selgas conecta a muchos niveles. Ha sido también una de las exposiciones más bellas en las que he trabajado. La prensa y el público debieron haber pensado lo mismo, porque el show recibió innumerables reseñas y vasta cobertura en los medios.

—Curador independiente y editor de arte con varios libros publicados. Háblanos de esos libros.

La idea de promover a artistas cubanos surgió a partir de mi colección de entrevistas a 32 de ellos en 1992 como una edición especial de la revista STET, una publicación fundada por el poeta y escritor Rafael Román Martel, y dos artistas visuales, Raúl Villarreal, quien falleciera muy joven, y José Hernández, fotógrafo, todos exiliados y residentes de Union City, Nueva Jersey o sus alrededores. Union City fue por décadas el segundo emplazamiento del exilio cubano en los Estados Unidos (después de Miami). En esa colección hay 32 artistas, establecidos, emergentes, en exilio, y dos que vivían y siguen viviendo en Cuba, y que a pesar de ser un “proyecto del exilio”, pusieron el arte por encima de las tensiones y diferencias políticas y quisieron formar parte de él. Así es que Zaida del Río y Manuel Mendive entran en la colección. A la primera la entrevisté en Nueva York, al segundo en París. Después vinieron las dos primeras etapas de nuestras revistas Ars Magazine y Ars Atelier City, cofundadas con mi hermana Zoé Valdés y que publicaron casi una veintena de números. Todas estas entregas destacan mayormente la obra artística y literaria de cubanos en el exilio. Muchos de los números fueron tributos a destacadas personalidades: Ernesto Briel, Roberto Estopiñán, Sita Gómez, Mario Torroella, Selgas, entre otros. La edición más querida para nosotros los editores es el homenaje a Guillermo Cabrera Infante que contó con la colaboración de importantes autores hispanoamericanos.

En 2003 coedité con Lisset Martínez Herryman la monografía de Hugo Consuegra, figura fundamental en la abstracción en Cuba y miembro fundador del histórico grupo Los Once. Hugo fue un gran amigo, y ser parte de ese proyecto sigue siendo una de mis grandes satisfacciones y privilegios dentro de mi trayectoria como editor.

Después viene la colección Esencial que hace repaso de la obra de un artista a la vez, hasta el momento todos cubanos con la excepción de la colección de collages clásicos de la artista “Nuyorican” Rodríguez Calero. Justo ahora la colección ha generado otra variante, la colección Perfil, básicamente la misma idea pero actualizada, y ya con entregas dedicadas a Jesús Rivera, Agustín Gaínza, y Julio Mendoza. Y adelanto que estamos trabajando en un proyecto editorial sobre el tema de Adán y Eva en el arte contemporáneo cubano. Adán y Eva vistos por los ojos y el proceso creativo de un variado grupo de cubanos en el exilio y creando dentro del país, y con ensayo de un gran colaborador nuestro, el poeta y crítico habanero Ricardo Alberto Pérez.

—Hace poco tu hermana Zoé habló en un podcast del legado de Florencio García Cisneros al conocimiento del arte cubano en NY. Yo conocí a Cisneros y abrió su revista Noticias de Arte a los artistas plásticos del Mariel y también a sus escritores. ¿Qué recuerdos tienes de Cisneros?

Mientras tenga vida estaré en deuda de gratitud con Florencio. Fue él quien me abrió las puertas de su mundo y su periódico. A muchos de mis entrevistados para la colección El color de la palabra: 32 artistas cubanos llegué de la mano de Florencio. Florencio fue un hombre culto, informado, gran conocedor del arte cubano y latinoamericano. Su labor, por décadas, desde Noticias de Arte, no ha recibido aún la atención y reconocimiento merecidos. He escuchado de algún interés por reivindicarlo a través de un estudio de Florencio como periodista, crítico de arte, galerista, y autor. Su libro José Martí y la pintura española es una verdadera y bella rareza. Florencio abrió las páginas de su publicación a muchos, pero sobre todo a escritores y artistas de la Generación del Mariel, muchos de los cuales encontraron en Noticias de Arte un espacio acogedor y generoso. También hizo ediciones especiales muy importantes como la dedicada a Lydia Cabrera. En lo personal, Florencio poseía una personalidad difícil, con los años se volvió más “cabeciduro” y “cascarrabias”. Pero lo que hizo con Noticias de Marte (como lo bautizará el sagaz humor de Reinaldo Arenas) fue increíble y muy valioso.

—Cuéntanos un poco de la serie de cortos Un pintor, un cuadro. ¿La sigues realizando?

Todo el crédito a esa serie de filmes cortos sobre la obra de pintores cubanos en exilio, va a mi hermana Zoé, su alma y productora, y a su realizador y director, el cineasta cubano afincado en París, Ricardo Vega. Zoé agrupó a un grupo muy distinguido de artistas, y Ricardo les encontró su esencia, y los “retrató” a través de imágenes y sonido. Se hicieron muchos y muy bellos, como la obra misma de los “retratados”. Como todo en esta vida, la serie tuvo su final. Pero está ahí como testigo del proceso creativo de grandes de la plástica cubana y sigue siendo consultada por estudiosos e investigadores de arte cubano. 

—Llegas a Nueva York muy joven, donde coincides con los escritores y artistas del Mariel que estaban estableciéndose en esa ciudad. ¿Cómo fue tu experiencia con ellos?

Vi de cerca, aunque no fui parte de ellos, todos los esfuerzos por crear la revista Mariel, y otras publicaciones, y conocí a sus miembros fundadores e integrantes principales: Reinaldo Arenas, Miguel Correa, Juan Abreu, Reinaldo García Ramos, entre otros. Mi acercamiento fue con los artistas plásticos. En ese Nueva York cultural con los recién llegados marielitos fue que conocí a muchos de los artistas que escaparon del castro-comunismo por Mariel: Juan Boza, Gilberto Ruíz, Jaime Bellechase, y otros que se establecieron en Miami: Víctor Gómez, Laura Luna, Nelson Franco, Miguel Ordoqui, entre otros. Con todos he trabajado en mi capacidad de curador independiente y editor de arte. Víctor Gómez y yo hemos hecho varias cosas juntos, y siempre he sido un gran admirador de su obra. Pero el más preciado regalo de Mariel para mí es el haber conocido a dos gigantes del arte, Ernesto Briel (La Habana 1943-Nueva York 1992) y Jesús “Cepp” Selgas, y al coleccionista Domingo Montejo, los hermanos que mis padres no me dieron, pero que afortunadamente me obsequió el destino. Briel, Selgas y yo hemos hecho muchas exposiciones, publicaciones, y proyectos especiales juntos. Domingo, siempre de ángel protector. 

Y aunque nada tenga que ver con tu pregunta sobre mi conexión con los miembros de la Generación del Mariel, a este último amado grupo añado el nombre de mi hermana Zoé Valdés. De la mayoría de mis “fechorías” en arte, ha sido (y será) mi cómplice.

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