Por JORGE QUINTANA (1957)
Tenía veintitrés años cuando murió en acción de guerra. A esa edad había mandado una brigada y estaba propuesto para el grado efectivo de general de brigada. En menos tiempo resulta imposible conquistar tanta gloria. Ese fue Enrique Armando del Junco y Cruz Muñoz, un habanero que hizo la guerra entre las provincias de Matanzas y La Habana y que murió en el límite de las provincias de Las Villas y Matanzas.
El 23 de agosto de 1873 nació en La Habana Enrique Armando del Junco y Cruz Muñoz. Su padre era abogado y llegó a ser Magistrado de Audiencia, en la República. Los datos que poseemos de su infancia son bien pocos. La familia nada conserva. Ignoramos en qué colegio se educó. Sabemos tan sólo que era hermano del Dr. Emilio del Junco y Cruz Muñoz que fuera después, en el gobierno del presidente Gómez, secretario de Justicia y más tarde catedrático del Instituto Provincial de La Habana.
El 25 de septiembre de 1884, cuando apenas tenía once años de edad, aparece en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana solicitando se le examine para poder ingresar a realizar dichos estudios. Dos días más tarde se lleva a cabo el examen, obteniendo la calificación de sobresaliente. El día 30 de ese mismo mes de septiembre comparece de nuevo para solicitar matrícula en las asignaturas de Latín y Castellano. El 23 de junio de 1885 consta que examinó estas dos asignaturas y además Geografía, obteniendo en las tres, la honrosa calificación de sobresaliente.
El 10 de septiembre de ese mismo año de 1885 se matricula en Latín y Castellano, segundo curso, e Historia de España, las cuales examina el 5 de junio de 1886 obteniendo también la calificación de sobresaliente. El 30 de septiembre de 1886 se matricula en Aritmética, Álgebra, Historia Universal y Francés, primer curso, que parece no estudiar pues no concurre a los exámenes ordinarios de la misma, en junio de 1887. Sin embargo, el 15 de octubre de ese mismo año de 1887, vuelve a matricular las mismas asignaturas del curso anterior, las que definitivamente no examina, dejando trunco los estudios secundarios.
Lo que hizo hasta 1895 es cosa que también se ignora. Al iniciarse la guerra de independencia, el 24 de febrero de 1895, Enrique del Junco, que sólo tiene veintiún años aparece en el campo de la insurrección. Algunos de los jefes libertadores que le conocieron en esa época, como el coronel Cosme de la Torriente, nos han dicho que salió por la provincia de Matanzas, donde tenía familiares y amigos. A fines de ese año de 1895, figuraba entre los hombres que formaban parte de las fuerzas del brigadier José Roque, que desde Matanzas secundaban los movimientos del ejército invasor.
El Dr. Benigno Souza ha recordado su presencia en “Mi Rosa” en los siguientes términos: “Conocí al que más tarde fuera general Enrique Junco, cuando comandante, a las órdenes del coronel Pepe Roque, cruzó con la columna invasora por el batey del ingenio “Mi Rosa”. Todo lo que de este heroico oficial se diga, continúa diciendo el Dr. Souza, es poco. De familia distinguida, de tipo francamente nórdico, cual otro Juan Bruno Zayas, con quien tanto parecido guarda su acción en las filas libertadoras, llegó a general, muriendo al mando de corta fuerza contra otras superiores del Regimiento de “Sagunto”, en el “Plátano”, cercanías del pueblo de Cascajal, en Las Villas”.
Sin embargo, oficialmente, figura en las listas del Ejército Libertador como incorporado el 21 de junio de 1896, hecho que no es cierto por cuanto el 27 de marzo de 1896 y combatiendo a las órdenes del brigadier Roque, libra ruda batalla, en Sabana Barrete, al batallón de “Navarra”, acción esta en la que los cubanos sólo tuvieron siete bajas, mientras el enemigo tuvo que contar veintisiete. Y el 8 de abril de ese mismo año de 1896, el teniente coronel Enrique del Junco, apoyado por Gould, “El Inglesito” de Matanzas, al frente de mil quinientos hombres, ataca el pueblo de Vieja Bermeja, luchando, durante una hora, con las fuerzas que lo defendían y quemando varias casas.
Y el 17 de abril logró incendiar, destruyéndolo completamente, el ingenio “Diana” del reaccionario español Juan Soler. Y el 7 de junio de ese mismo año de 1896, en las lomas de Moliní, combatiendo a las órdenes del brigadier Roque, libraron violento combate al coronel español Maroto. Y el 19 de junio el general Lacret le encuentra, junto con el brigadier Eduardo García y José Roque.
El 3 de julio de 1896 el general Lacret libra el combate de Jicarita, cuya dirección confía al general Eduardo García. Entre sus auxiliares más eficaces figura el coronel Enrique del Junco, que tuvo a su cargo, nada menos que la organización de la retirada de los escuadrones, la que efectuó con verdadero alarde de estrategia. Según el parte oficial del general García, después de retiradas las fuerzas el coronel Del Junco marchó “detrás de todos y paso entre paso”, con lo que significaba cómo había llevado a cabo la operación, cómo la había organizado y cuidado hasta en sus más nimios detalles.
El 1º de agosto de 1896 pasa revista en una concentración de fuerzas dispuesta por el general Lacret. El 8 abandona este campamento para ir a hacerse cargo de las fuerzas que mandaba Miquelini. El 3 de noviembre de 1896, en unión de los coroneles Pío Domínguez, Clemente Dantín y Miguel Iribarren asalta y toma a Bolondrón. El 14 de diciembre, al frente de quinientos mambises y ayudado por los coroneles Rojas y Tavares ataca al capitán español Rasillo, en Santa Amalia. El 23, Del Junco y Rojas combaten con la columna del coronel español Aguilera, cerca de Cimarrones.
A fines de 1896 las relaciones entre el general Francisco Pérez y la jefatura suprema del Ejército Libertador no eran muy cordiales. Después de una visita al general Gómez y con la intervención del general Freyre de Andrade, el general Pérez es designado para hacerse cargo del mando de la Brigada de Colón, a las órdenes del general de división Avelino Rosas.
Unas semanas más tarde la situación entre el brigadier Pérez y el general Rosas llega a hacerse tan tirantes que el primero no vacila, con fecha 14 de abril de 1897, en solicitar del general Rosas que lo releve del mando de aquella Brigada y el 24 el general Rosas lo complace dirigiéndole la siguiente comunicación, que confió al coronel del Junco:
“Brigadier Francisco Pérez. Brigadier: En virtud de su comunicación de fecha 23 de marzo próximo pasado que este Cuartel General ha estimado irrespetuosa para el mayor general José María Rodríguez e inmoral para la disciplina y organización del Ejército, ha tenido a bien pase usted al Cuartel General de la Comandancia General de Occidente, poniendo en posesión de su cargo al coronel Enrique Junco, portador de la presente, etc. De usted atentamente en P. y L. abril 24 de 1897. El comandante General de la División, A. Rosas”.
El 25 de mayo de 1897 el coronel del Junco exponía al mayor general José María Rodríguez el estado de las fuerzas que le habían entregado en los siguientes términos:
R. de C. Ejército Libertador. 5º cuerpo. 1º División. Brigada de Colón.
Al C. general jefe del departamento occidental, José M. Rodríguez General: el general Avelino Rosas me ha conferido el honor de darme el mando de la brigada de Colón, y al tomar posesión de ella, tengo la satisfacción de ponerlo en su conocimiento y al mismo tiempo comunicarle mis primeras impresiones. La verdad es que no recibo una brigada; lo que recibo por la poca gente que hay armada y la gran desmoralización que noto en todos, es un pequeño montón de gente armada.
También hay suma falta de parque, pues no lo hay y la persecución del enemigo es tenaz y continua.
Esto del parque es muy urgente, general, pues el general A. Rosas me exige operar en zona propia, que ha estado abandonada, y el enemigo engreído por no tener resistencia, por lo cual, para hacerme respetar, necesito dar algún combate, por lo que espero me proporcionará usted el parque que pueda y crea necesario.
Como cuento con tan pocos caballos, pues sólo recibo en la brigada veinticuatro, quisiera ver si podía enviarle algunos números a pie para que usted me los monte. De no ser posible le agradecería me remontase con mejor caballería la gente que hay allá y la que le remito.
Anticipándole las gracias, soy de usted con la mayor consideración y respeto en P. y L. Campaña, mayo 26 de 1897.
El coronel primer jefe E. Junco”.
El general Mayía Rodríguez, apenas si lo conoció, se percató de la calidad de aquel hombre ansioso de gloria legítima. Le propone para el grado efectivo de general de brigada y lo llama a su lado.
El 13 de julio de 1897 el coronel Del Junco, propuesto ya para brigadier, se reúne con el mayor general Mayía Rodríguez que avanzaba hacia Occidente, para establecer su campamento en la provincia de La Habana y asumir el mando del Departamento Militar de Occidente. Al día siguiente, al cruzar el camino real de Cascajal a Soledad, una columna española los ataca. Ya ha sido resuelto el combate. Ya marchan en retirada los cubanos, cuando los españoles reanudan el tiroteo.
El coronel Del Junco, sin esperar órdenes, va a lanzarse de nuevo al ataque, cuando una bala enemiga le priva de la vida. Junto a él cayeron el capitán Frank de Cárdenas y Calvo y un italiano que los españoles parecen identificar como Eduardo Roberti. Los tres cadáveres quedaron en poder del enemigo que los hizo conducir al poblado, dándoles sepultura después de identificarlos.
Hasta en este detalle de la fecha de su muerte, también están equivocadas las listas oficiales, pues aparece muriendo el 8 de mayo de 1897, cuando la fecha correcta es la del 14 de julio de 1897, que nosotros damos, después de comprobarla, entre otras, con el parte español publicado en prensa de la época.
El general Mayía Rodríguez, al recibir la noticia de que el coronel Del Junco acababa de caer en aquella pequeña acción de guerra, dijo: —¡He perdido un jefe que valía por media Revolución!
El 6 de agosto de ese mismo año de 1897, o séase unas semanas después de su trágica desaparición, el mayor general Máximo Gómez, desde su campamento “La Palmiche”, daba curso a la proposición de ascenso elevada hasta él por el mayor general Mayía Rodríguez a favor del coronel Enrique del Junco. Y el 3 de octubre el Consejo de Gobierno, reunido en Santa Lucía bajo la presidencia del presidente de la República, Salvador Cisneros Betancourt, aprobaba el ascenso propuesto. Era ello como el homenaje póstumo que el gobierno de la República en armas rendía a su bravura, a su lealtad, a sus condiciones de jefe y a su grandeza patriótica.
El comandante Manuel Secades Japón, que le conociera en aquella campaña, escribió del general Del Junco lo siguiente:
“Notable y retraído en su carácter, débil en sus apariencias, no parecía propio para sufrir las agonías de la guerra, resistidas con patriótica abnegación entre las miserias del campamento y las persecuciones incansables de las fuerzas enemigas.
Y, sin embargo, Junco era un abnegado, era un valiente.
Cuba le pidió su concurso y sin vacilar dio su brazo primero y después su vida cubierta de gloria, a la patria que se lo exigía”.
Y así fue de meteórica esta vida breve, pero fructífera del general Enrique Armando del Junco y Cruz Muñoz, que entregó su vida, generosamente, a la patria en un aniversario de la toma de la Bastilla y a poco menos de un año de la victoria definitiva. Tenía al morir veintitrés años cumplidos.






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