ALLÁ, DONDE LOS ÁNGELES VUELAN

Written by José A. Albertini

25 de agosto de 2026

CAPÍTULO III

Por J. A. Albertini, especial para LIBRE

caso, determinaron que la mejor manera de concluir el tratamiento, de forma satisfactoria, era reintegrándolos a una versión de sus empleos anteriores, pero con la variante de que, en vez de trabajar para un polucionador mental, como lo fue el general Jomarrón, ahora lo harían para el bien común.

Cándido volvió a tener que ver con caballos, ya que, empujando una carretilla higiénica y armado de pala, recogedor y una bolsa con aserrín, recorría las calles pueblerinas por las cuales transitaban los carromatos de transporte público. Ya no cepillaba y alimentaba a las nobles bestias del general Jomarrón, sino que limpiaba las vías de cagajones y derribaba sobre los charcos de orine aserrín que, húmedo con las micciones equinas, diligentemente retiraba.

Al anochecer, y como parte de sus responsabilidades, se encaminaba, siempre tirando de la carretilla, hacia las afueras del pueblo para depositar la carga fétida en el Centro Popular de Recolección de Abonos.

Aunque el tiempo libre de Cándido era escaso, por un tiempo se las ingenió para fabricar y volar papalotes. Pero al rechazar Saturnino Polón las recomendaciones de las autoridades municipales, para que dejase la cría de palomas y el intercambio de mensajes con otros colombófilos, allende las fronteras fluviales, el vuelo de papalotes y la construcción de puentes, también cayeron en prohibición, como parte de un grupo de medidas de emergencia que evitarían la proliferación de la polución mental. Únicamente un permiso especial, concedido por el alcalde de la villa y Salvaguarda Mental de la ciudadanía, era el facultado para atenuar o suprimir lo establecido.

Saturnino Polón, a sugerencias del propio Celso Trafid Zur, fue invitado a pasar un período de internamiento académico y de orientación en el Centro de Higiene Mental, pero al rehusar el ofrecimiento, sus palomas mensajeras fueron confiscadas y sacrificadas para elaborar un reconstituyente de consumo humano, preparado a partir de una fórmula secreta, inventada y perfeccionada por Celso Trafid Zur, a la que bautizó con el novedoso nombre de: “Sopita de pichón”.

Sin embargo, antes del decomiso, prevenido de las intenciones del Salvaguarda Mental, logró tomar algunas parejas de palomas y nidos con crías y se internó en los bosques y cuevas de la Loma del Escandel, desde donde supo y lamentó la matanza de sus aves.

Luego de un período de silencio, en el que los higienistas mentales pensaron que Saturnino, de alguna manera, había perecido o cruzado las fronteras fluviales, comenzó el vuelo de los heraldos alados con las notas manuscritas en las que el colombófilo calificaba al Salvaguarda Mental, entre otros epítetos, de farsante, oportunista y egoísta, a la vez que introducía el término que corroía los análisis y la inteligencia de los higienistas mentales: “aristomundialistas”.

Por su parte, Juan José Castillo fue asignado a limpiar la instalación avícola del pueblo y, a semejanza de Cándido, recoger y entregar el excremento de las aves en el Centro Popular de Recolección de Abonos. Igualmente, ayudaba en el acopio de huevos y en la confección de almohadas de plumas, que Celso Trafid Zur, de manera personal y esporádica, les obsequiaba a los ciudadanos que de memoria y públicamente podían repetir e interpretar el texto de Polución Mental.

* * *

—Bonita mañana. —El Higienista Mental surge de un recodo del sendero, disimulado en Jacaranda que combina el follaje verde con el rojo pálido de las flores.

Bartolo, sorprendido, se detiene. Fuera de las horas de consultas, en el tiempo que lleva internado, nunca había visto o hablado con el funcionario.

—No te asombres —sonríe y, amigable, prosigue. —Sí, vas a fabricar dos papalotes. Uno para ti y otro para mí; que vamos a volar juntos, lo más razonable es que empecemos a tratarnos con más frecuencia.

—¿Como antes…? 

—No, por el momento —responde serio. —En el presente perteneces al grupo minoritario de los descreídos, de los que no confían en las enseñanzas contenidas en Polución Mental y en la palabra materializada en logros de Celso Trafid Zur, nuestro Salvaguarda Mental. Ya sabes las condiciones, tierra adentro y… ¿Para qué repetir? ¿Aceptas?

—Acepto.

—Hoy mismo te suministrarán los materiales necesarios y un local apropiado para que trabajes a gusto. Por supuesto, laborarás en la construcción de los papalotes en las horas libres, después de las consultas, terapias de conversación e interpretación del pensamiento de nuestro Salvaguarda Mental. Confío, a pesar de tus otras obligaciones, en que no demores. Será divertido y emocionante. ¿No crees…?

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