Por Gustavo Sánchez Perdomo
Recibí con beneplácito la invitación a colaborar en este número especial de LIBRE, evocador de su 60.º aniversario.
Otros con más bagaje que yo podrán historiar acerca de aspectos que me fueron ajenos cuando hace seis décadas comenzó su aventura. En 1966 me encontraba literalmente atrapado en Cuba de donde al fin conseguí expatriarme a Francia en 1982. Es por ese motivo que prefiero remitirme a quienes lo crearon, a los dos Demetrio -el padre y a su único hijo- que fueron capaces de concertar voluntades y recursos para hacerlo despegar, asegurando después una continuidad que ha llegado a nuestros días.
Demetrio y mi padre crecieron juntos en La Paloma, una finca pequeña propiedad de mi abuelo Tocayo Sánchez, a 12 kilómetros de la ciudad de Matanzas. Sesenta años después, y tomo el mismo guarismo como hilo conductor, el primero se fue al exilio mientras que Manuel permaneció en Cuba renuente a abandonar el suelo patrio mientras que repetía obstinadamente una frase que retrataba al guajiro que fue: “Yo no me voy, son ‘ellos’ quienes tienen que irse”. Tenía razón y tardé bastante en comprenderlo cabalmente. El caso fue que los dos primos no se verían más, pero para cuando en 1964 se produjo una separación que iba a ser definitiva habían finiquitado como consecuencia de la dictadura castrista, dos empeños impresos que ambos habían creado en la isla: El Heraldo Masónico, folleto de cuatro páginas presente en las logias de la fraternidad y Cultura, una revista bimensual dirigida al ámbito de la educación y la civilización.
Antes, durante las décadas de 1940 y 1950, Demetrio firmaba semanalmente una columna dedicada a asuntos culturales en el cotidiano El Imparcial de Matanzas. Fue en su página que apareció por primera vez mi nombre en letra de molde a mediados de 1943. Y la información era importante, mi nacimiento en la misma maternidad donde menos de dos años después llegaría Demetrico.
Fue así que, encadenándose fases y vicisitudes de su circunstancia personal, Demetrio Pérez Arencibia (Ceiba Mocha, Matanzas, 1910) se sumó a otros cofrades en Miami para crear lo que inicialmente fue un modesto “periodiquito” local, y retomo la denominación peyorativa que le endilgaban detractores de entonces a todo opúsculo destinado a los cubanos de la diáspora. La idea de la creación de aquel Matancero Libre seminal corría paralelamente a la de reconstruir, en el país de asentamiento temporal que los acogía, el tejido social cubano dejado atrás. Una temporalidad que a la postre se convirtió, en definitiva.
Demetrio, hombre brillante salido del campesinado – la capa más humilde y más discriminada en la sociedad cubana durante la República – había estudiado pedagogía y periodismo. Fue miembro fundador del Colegio de Periodistas de Cuba, un gremio nacional cuyo botón portaba siempre orgullosamente en la solapa de su saco.
A la orilla de tal bregar paterno, a pesar de sus estudios y ocupaciones, dio sus primeros pasos en la profesión su hijo Demetrio Pérez Jorcano (Matanzas, 1945) que prontamente asumiría con brío las riendas de esta publicación, llamada a convertirse en LIBRE a partir de 1994. Demetrico no se limitaría a sus funciones de editor y de periodista, sino que crecería humanamente estructurando para sí, para su familia y para la comunidad la admirable carrera de educador y de figura pública que ejerció en Miami hasta su desaparición física hace tres años.
Tratar de condensar en dos cuartillas los seis decenios al término de los cuales llegamos hoy en esta casa invita a enjuiciar cómo éramos en 1966, qué hacíamos y cómo nos proyectábamos. Es improbable que mirar hacia ese pasado y allá por 1906 nos ilumine en el enjuiciamiento del presente a medio camino que estamos del año 2026. Dónde estarán los niños y los jóvenes de hoy en 2086 cuando transcurran 60 años más, es la gran incógnita que el escéptico en el que me he ido convirtiendo tema a analizar.
Dejo constancia de mi reconocimiento para todos los que hasta hoy han hecho posible la existencia del periódico, tanto como para quienes actualmente, hombro con hombro junto a su director Demetrio José Pérez continúan haciéndolo realidad magnífica, una viabilidad que merecen sus protagonistas principales, que no son otros que nuestros estimados lectores a quienes igualmente saludo aquí. Vaya a unos y a otros nuestro reconocimiento por seguir leyéndonos, fieles al indefectible rótulo, ¡LIBRE!







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