Por Luis de la Paz
Este medio de comunicación LIBRE está cumpliendo 60 años de ininterrumpida presencia en la vida política, social, educacional y cultural de Miami. Un periódico que comenzó como El Matancero Libre y que se transformó en LIBRE, con toda la simbología que carga la palabra.
Su fundador fue el fallecido Demetrio Pérez, Jr., y hoy tiene a su hijo, el abogado Demetrio José Pérez al frente del poderoso medio. Una publicación que sale impresa cada miércoles con 64 páginas, todo un desafío ante la realidad que afrontan hoy en día los medios. También dispone de una página web: www.libreonline.com con actualizaciones diarias.
Con Demetrio José al frente de LIBRE y del legado familiar, se demuestra que muchos que nacieron fuera de Cuba viven apegados al amor a la patria de sus progenitores. No es algo nuevo. Esta identificación y conexión con los intereses, la lengua y las inquietudes de sus familias, están profundamente arraigadas en los cubanos desde los tiempos de la colonia y la lucha por la independencia.
También los que lucharon durante la República, y finalmente, los que han enfrentado a la peor tiranía que ha conocido el hemisferio occidental en toda su historia: el sistema comunista del régimen castrista.
Demetrio José Pérez es un cubano americano… un americano cubano… digamos, un cubano, que como dice en esta entrevista para conversar sobre las seis décadas de vida de LIBRE me dijo: “mi primer idioma es el español”, algo que resume un poco la identidad, cultura y el compromiso.
—Es usted parte de una familia de educadores. ¿Cómo evocaría su propia formación?
Tuve el privilegio de crecer en un hogar donde la educación no era simplemente una profesión, sino una vocación. Esa es una frase que mi papá decía a menudo y que, al ver la entrega de mis padres y abuelos a la enseñanza, pude comprender de primera mano. Desde muy pequeño observé a mis padres y abuelos dedicar innumerables horas a sus estudiantes y a la creación de oportunidades para otras familias. Aprendí que la educación tiene el poder de transformar vidas y de abrir puertas. Indudablemente, la experiencia del exilio es algo que los marcó. Mis padres enfatizaron siempre la importancia de la educación y mi papá me dijo en varias oportunidades que nunca dejara de estudiar porque la educación es algo que ni los propios comunistas te pueden robar. Mi formación estuvo marcada por esos valores de trabajo, disciplina, servicio y gratitud hacia el país que nos acogió. Esas enseñanzas han guiado cada etapa de mi vida personal y profesional.
—Usted es hijo de exiliados cubanos. ¿Cómo le sembró su familia el amor a Cuba?
Mis padres y abuelos mantuvieron viva la memoria de Cuba en nuestro hogar. Cuba estaba presente en sus historias, en sus recuerdos, en sus tradiciones y en sus esperanzas para el futuro. Me crie asistiendo a reuniones del Municipio de Matanzas en el Exilio, a romerías en la Ermita de la Caridad, la Feria de los Municipios y viviendo las enseñanzas de mis padres y abuelos. Mi primer idioma es el español. Antes de tener suficiente edad para asistir a la escuela ya sabía quién era José Martí y añoraba una Cuba libre. Ese amor por Cuba no me fue transmitido desde la nostalgia solamente, sino también desde el compromiso con los valores que hicieron grande a nuestra nación. Aprendí a querer una Cuba libre, democrática y próspera, aún sin haber podido conocerla personalmente.
—Seguramente cuando usted era un niño y adolescente, veía a su padre con amigos y colaboradores que ya en esos momentos eran figuras importantes. ¿A cuáles recuerda por ser grandes conversadores y manejar ideas que le impactaran?
Tuve la fortuna de estar expuesto desde muy joven a conversaciones extraordinarias con personas que desempeñaban importantes funciones en los ámbitos de la educación, la fe, el periodismo, la empresa y el servicio público. Muchas de esas conversaciones tenían lugar en la oficina de mi padre, donde él pasaba gran parte de su tiempo, pero también durante reuniones, eventos comunitarios y visitas que realizábamos a amigos y colaboradores.
Como hijo único, tuve la suerte de que mi padre me llevara prácticamente a todas partes. Desde muy pequeño aprendí a escuchar con respeto y prestar atención a las conversaciones de los adultos. Gracias a ello, desde una edad temprana tuve la oportunidad de conocer a muchas de las personas que ayudaron a construir nuestra comunidad y de aprender de sus experiencias, sus ideas y sus valores.
Esa experiencia reflejaba, en muchos sentidos, la propia formación de mi padre. Mi abuelo, quien fue inspector escolar en la provincia de Matanzas, llevaba a mi papá en sus recorridos para visitar escuelas rurales, muchas veces a caballo, así como a convenciones y actividades relacionadas con su trabajo. Mi padre creció observando de cerca el liderazgo, la vocación de servicio y el compromiso con la educación que caracterizaron a mi abuelo.
De manera similar, cuando mi padre era Comisionado de la Ciudad de Miami me llevaba con frecuencia a los eventos y actividades comunitarias en los que participaba. Más adelante, cuando fue elegido miembro de la Junta Escolar del Condado Miami-Dade, me dio la oportunidad de trabajar a su lado como su asistente. Aquella experiencia me permitió observar de cerca su dedicación al servicio público y aprender directamente de él.
Tuve el privilegio de acompañar a mi papá en sus responsabilidades y proyectos hasta el día de su fallecimiento. Mirando hacia atrás, veo una hermosa continuidad entre mi abuelo, mi padre y yo: tres generaciones unidas por la educación, el servicio a la comunidad y la convicción de que el mejor aprendizaje muchas veces ocurre observando el ejemplo de quienes nos preceden.
Lo que más me impactaba de aquellas conversaciones era la calidad humana de las personas que participaban en ellas. Se hablaba de historia, educación, fe, liderazgo, servicio y del futuro de Cuba. Eran personas de gran preparación intelectual, profunda espiritualidad y un compromiso inquebrantable con los valores que consideraban esenciales para una sociedad libre. Aunque en aquellos momentos me limitaba a escuchar, esas experiencias dejaron una huella profunda en mí y contribuyeron de manera decisiva a mi formación personal y profesional.
—El periódico LIBRE está cumpliendo 60 años contribuyendo a la vida de los miamenses. ¿Cómo valora el legado del medio?
El legado de LIBRE es extraordinario. Durante seis décadas ha sido mucho más que un periódico; ha sido una voz de la comunidad cubana y del exilio, un espacio para la defensa de la libertad y un puente entre generaciones. LIBRE ha documentado nuestra historia, ha preservado nuestra memoria colectiva y ha acompañado a nuestra comunidad en momentos de esperanza y de dificultad. Son pocos los medios que pueden afirmar que han contribuido durante tanto tiempo a mantener viva una identidad cultural y un compromiso cívico.
—¿Fue una coincidencia que el primer número de LIBRE saliera un 4 de julio, o fue intencional para homenajear a la nación que acogió a su padre y familiares?
No fue una coincidencia. Mi padre sentía una profunda gratitud hacia los Estados Unidos, la nación que abrió sus puertas a miles de cubanos que huían de la tiranía. Publicar el primer número el 4 de julio simbolizaba precisamente ese agradecimiento y esa identificación con los ideales de libertad, democracia y oportunidad que representa este país. Fue una forma de reconocer que, mientras luchábamos por una Cuba libre, habíamos encontrado en Estados Unidos un refugio y una oportunidad para reconstruir nuestras vidas.
—¿Cuál ha sido la misión y el espíritu de LIBRE durante estos sesenta años?
La misión de LIBRE ha sido informar, preservar la memoria histórica de nuestra comunidad, y defender los valores de la libertad y la democracia. Su espíritu siempre ha estado inspirado por la convicción de que la verdad importa, que la historia debe ser recordada y que la comunidad tiene la responsabilidad de participar activamente en la vida cívica.
A lo largo de sesenta años, el periódico ha servido como un foro para las ideas y como un testimonio permanente de la resiliencia del exilio cubano. Hoy, además de cubrir la actualidad, LIBRE continúa publicando valiosos textos históricos que permiten a nuestros lectores profundizar en acontecimientos fundamentales de la historia de Cuba y de los Estados Unidos. A través de artículos, ensayos, memorias y documentos históricos, las nuevas generaciones tienen acceso a relatos y análisis que de otro modo podrían perderse con el paso del tiempo.
Considero que esa labor educativa es una de las contribuciones más importantes del periódico. No se trata solamente de informar sobre el presente, sino también de ayudar a comprender el pasado. Al preservar y difundir estas historias, LIBRE contribuye a que nuestros lectores conozcan mejor las luchas por la libertad, los sacrificios del exilio cubano, las contribuciones de nuestra comunidad a la sociedad estadounidense y los acontecimientos que han moldeado tanto a Cuba como a los Estados Unidos.
En ese sentido, LIBRE es mucho más que un periódico; es un archivo vivo de nuestra memoria colectiva y un puente entre generaciones.
—Cuba está en casi todas las páginas de LIBRE. Si se logra el cambio anhelado en Cuba, ¿le gustaría visitar el país de sus padres y abuelos? ¿Qué lugar sería su prioridad?
Sin duda alguna me gustaría visitar Cuba, pero solo cuando sea libre. Nunca he visitado Cuba y no lo haré hasta que sea una nación libre. Siento que eso es algo que les debo a mis padres y a mis abuelos por respeto a los sacrificios que hicieron.
El exilio no fue una decisión voluntaria para ellos. Fue una consecuencia de la pérdida de las libertades fundamentales y de la imposibilidad de vivir en su propia patria bajo un régimen que les arrebató sus derechos y su futuro. Siempre he llevado muy presente esa realidad.
Recuerdo especialmente la historia de mi padre. Con apenas 15 años de edad tomó la difícil decisión de abandonar Cuba solo. Tuvo que dejar atrás a sus padres, a su familia, a sus amigos, su hogar y la tierra que amaba. Es difícil imaginar el valor y el dolor que implica una decisión así para un muchacho tan joven. Esa experiencia marcó su vida para siempre y también marcó a nuestra familia.
Eso es algo que él llevó en su corazón durante toda su vida. Y no fue solamente él. Recuerdo que mi abuelo, en sus últimos momentos de vida, el 5 de abril de 1988, les pidió a mi padre y a mi abuela que nunca olvidaran sus cuatro letras: C-U-B-A. Ese recuerdo siempre me ha acompañado porque refleja el profundo amor que sentían por su patria y el dolor de haber sido separados de ella. Cuba nunca dejó de ocupar un lugar central en sus corazones.
Por eso, para mí, visitar Cuba tiene que ser en una Cuba libre, donde pudiera honrar plenamente el sacrificio de quienes se vieron obligados a partir. Cuando llegue ese día, será una experiencia profundamente emotiva recorrer los lugares que formaron parte de la vida de mis padres y abuelos y conectar personalmente con las raíces de nuestra familia.
Si tuviera que señalar un lugar como prioridad, sería la casa donde creció mi padre en Matanzas, ubicada en la calle Milanés número 85. Poder estar frente a ese hogar, imaginar su infancia y recordar la vida que dejó atrás cuando salió de Cuba siendo apenas un adolescente sería, sin duda, uno de los momentos más significativos de ese viaje. Más que una visita física, sería una forma de rendir homenaje a su memoria, a la de mis abuelos y a todos aquellos cubanos que se vieron obligados a abandonar la tierra que amaban.
Espero que algún día pueda hacer ese viaje como hijo y nieto de exiliados que regresa a una Cuba libre para honrar la memoria y los sacrificios de su familia.
—¿Le gustaría contribuir a la reconstrucción educacional en Cuba con escuelas Lincoln- Martí?
Absolutamente. La educación será uno de los pilares fundamentales de cualquier reconstrucción nacional. Cuando Cuba emprenda una transición hacia la libertad y la democracia, quienes hemos tenido la oportunidad de desarrollar proyectos educativos exitosos tenemos la responsabilidad moral de contribuir. Las escuelas Lincoln-Martí nacieron con la misión de transformar vidas a través de la educación y será un honor poder compartir esa experiencia para ayudar a formar nuevas generaciones de cubanos en una Cuba libre.








0 comentarios