EN IRÁN LA PRIORIDAD PRIMERA ES TERMINAR EL TRABAJO

Written by Adalberto Sardiñas

19 de mayo de 2026

En artículo previo, hace dos semanas, hablábamos de la derrota militar que Irán había sufrido debido a los enormes daños que la alianza Israel-USA ha infligido a sus fuerzas armadas, aéreas, terrestres y navales, así como a su sistema de radares. Agregamos entonces que esa victoria no era total puesto que no se habían logrado los objetivos planteados como parte de la estrategia para contener la ambición nuclear del régimen teocrático. Sí, en efecto, militarmente, Irán estaba de rodillas, y sus acciones posteriores, no han sido más que las clásicas patadas de ahogado. Pero, como decíamos ayer, y lo confirmamos hoy, es que el trabajo no ha sido terminado, y que las dos primeras prioridades siguen en estado elusivo.

Sin embargo, a pesar de estas conquistas en el plano militar, no todos en Estados Unidos están satisfechos. En efecto, muchos analistas americanos creen que el conflicto ha despilfarrado valiosos recursos en lo que ellos consideran un casi cierto fracaso en el intento de cambiar el régimen. Otros, siguiendo la misma línea de pensamiento, opinan que la guerra se ha producido por la presión de Israel, y que, como consecuencia, ha disminuido la reputación de la nación americana, y, en el transcurso, ha malgastado sus municiones tratando de debilitar a un país que es, principalmente, una amenaza para Haifa, Jerusalén y Tel Aviv.

Yo, en la lectura contextual del conflicto, no lo veo así. Considero estas objeciones erróneas porque éste nunca fue uno de elección. Irán declaró la guerra a Estados Unidos tan pronto como la República Islámica tomó el poder, 47 años atrás, invadió la embajada americana y mantuvo como rehenes a 66 diplomáticos por más de un año. Y no se debe olvidar, por ciertas simpatías ideológicas o religiosas que se profesen, que Teherán, durante esas décadas, directa o indirectamente, mató a miles de tropas americanas. Aquellos polvos trajeron estos lodos. Existen deudas que tienen que ser liquidadas. Y no deben ser echadas al olvido.

Críticos de la presente guerra también sobrepasan los éxitos logrados. No aceptan las consecuencias lógicas de que ese profundo debilitamiento al régimen radical de Irán ha ofrecido, a más pragmáticos oficiales dentro de la cúpula gobernante, una oportunidad de aumentar su control, que pudiera, eventualmente, reforzar su confianza y la relevancia de las fuerzas de oposición domésticas. Otra de las ventajas logradas en este conflicto es el probable alineamiento de los Estados árabes, incluyendo a Bahrein, Kuwait, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.

De consolidarse este alineamiento, se mostrará a los países árabes que el mejor camino para su seguridad radica en una más estrecha unión y cooperación con Israel y Estados Unidos, y no en un flirteo con Irán, China, o Rusia. No es difícil entender que después de los ataques de Irán a esos países del golfo, el antiguo status quo no va a permanecer. Ninguno de sus vecinos va a poner la otra mejilla.

Y, para Estados Unidos, se ha abierto una espléndida oportunidad para rediseñar el panorama político del Medio Oriente, donde Washington ocupe el centro determinante en la región.

Pero, para eso, tenemos que retornar al punto de referencia de este artículo, que enfatiza, de forma imperativa, la necesidad de terminar el trabajo que se inició el 28 de febrero. Irán requiere, para beneficio del área y la paz global, un último tiro de gracia. Sí, ya de hecho, está degradado, mas necesita ser liquidado para que cese su amenaza para, y más allá de su vecindario.

La estrategia política que se ha mantenido para restringir a Irán en su conducta beligerante y agresiva ha sido, por los últimos cuarenta años, débil, indecisa e inefectiva. Estados Unidos se ha enfocado en sanciones y diplomacia, que Irán ha desechado desafiante y sistemáticamente a sabiendas de su inutilidad. Sin embargo, las cosas tomaron un curso diferente cuando en enero de 2025 se estrenó una nueva administración en Washington con la elección de Donald Trump como presidente. Se inicia, como estrategia, una política de mano dura, como complemento de las gestiones diplomáticas. 

El objetivo, desde entonces, ha sido claro: destruir la capacidad balística de Irán, y la base industrial para su producción, acompañado de una más fuerte presión para evitar que el régimen jamás posea poderío nuclear. La primera parte de la estrategia se ha cumplido. Irán, militarmente, no es lo que era. Es una nación profundamente debilitada, militar y económicamente. Por lo tanto, el reciente conflicto, que aún no termina, ha rendido frutos positivos para la futura estabilidad regional, que al final de cuentas refleja la aspiración prioritaria de Estados Unidos que no es otra que la estabilización del Medio Oriente.

Lejos de la proposición de los apologistas del fracaso, que sólo ven las sombras, en vez de la luz, la campaña Furia Épica, ha contribuido a restaurar el prestigio militar de América luego de muchos años durante los cuales la República Islámica, y sus aliados, concluyeron que Washington y sus aliados regionales, no estaban dispuestos a soportar el costo de una confrontación sostenida.

En síntesis, aunque los incuestionables triunfos militares logrados en este conflicto contra Irán abren, de por sí, una puerta a un mejor y más estable Oriente Medio no significa, en una conceptualización más amplia, que estos triunfos garanticen un nuevo orden regional. Para eso se requiere que Estados Unidos e Israel, trasladen esos éxitos a una nueva arquitectura política que incluya a los estados moderados del área, con la participación de Jordania, Líbano y Chipre.

Y mientras se trabaja para una posible paz y estabilidad en esa cálida región para mejores días futuros, por el momento, de manera apremiante, Estados Unidos tiene la inevitable responsabilidad de terminar el trabajo comenzado.

Es una prioridad fundamental.

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