El pueblo cubano desprecia al régimen de Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel “porque hay una nueva generación mucho más activa que ha roto políticamente con el Gobierno y con el Estado”, aseveró el líder opositor Manuel Cuesta Morúa.
Morúa aseguró que “Esto está debilitando enormemente al régimen. Pero hay algo mucho más importante. Y es que hay un nivel de madurez y de conciencia mucho más profunda para que la gente elija su destino y su posibilidad económica ante los cambios políticos”.
“No es que los cambios económicos y la necesidad económica desaparezcan. Es que ya la gente ha establecido el vínculo entre la oportunidad económica y la necesidad de reforma política. Y en ese sentido, en las protestas, en la mayoría de los casos, la demanda de libertad era la que predominaba”, aseguró.
¡Patria y vida!, ¡Abajo la dictadura!, ¡Que se vaya Díaz-Canel! Esas eran las consignas más fuertes en las protestas. Pero ahora es una demanda mucho más profunda sobre la libertad que predomina en las marchas de “¡Abajo la dictadura, que se vaya Díaz-Canel!”.
“Yo creo ahora que hay otras fuerzas que están tomando y presionando también en la dirección de que haya cambios. Díaz-Canel no ha dado una visión de Estado incitando a un lado del país contra el otro lado del país”.
“Cuba atraviesa una crisis en espiral de un Estado cada vez más fallido en sus principales promesas. El régimen cubano construyó su legitimidad sobre pilares como la salud, la educación, la cultura, cierto bienestar mínimo y el nacionalismo, y hoy todos esos elementos están colapsados, algunos más aceleradamente que otros.
“Los hospitales carecen de equipos médicos básicos, algo especialmente grave en un país con una población envejecida. La alimentación es otro problema central. El costo de vida se ha disparado, y la libreta de abastecimiento ya no cubre las necesidades básicas de la mayoría de los hogares”.
“Hay muchos cubanos que apenas logran comer una vez al día, concentrando todos sus recursos en un desayuno, un almuerzo o una cena. Yo creo que el régimen está al borde de un colapso total”, aseguró el opositor cubano.
En términos estructurales, esta crisis es más grave: hay un deterioro profundo de las plantas energéticas, de la capacidad industrial, de la productividad y un aumento de la desigualdad, además cuenta con unos 300 millones de dólares en reservas bancarias, una cifra mínima para un país.
También hay una crisis demográfica severa. En apenas tres años han emigrado más de 2 millones de personas, principalmente entre 18 y 45 años, es decir, la población económicamente activa. Eso golpea directamente la productividad y el capital humano del país. Además, la tasa de natalidad se ha desplomado.
Muchos jóvenes han decidido no tener hijos, y la tasa de reposición demográfica ronda apenas el 0,9 por ciento. Por eso digo que esta crisis es más profunda que la de los años noventa: aquella fue una crisis existencial tras la caída de la Unión Soviética; la actual es una crisis estructural del modelo cubano.
Periodista: ¿Considera que Cuba está cerca de un colapso social real?
M.C.: Sí, creo que el país está cerca de un colapso social. Hoy hay protestas en casi todo el territorio. Los observatorios de conflicto reportaron recientemente cerca de 1.000 protestas de distintas dimensiones en apenas un mes. Aunque por momentos parezca haber calma, socialmente el país está al límite.
Periodista: ¿Se mantiene la represión del régimen de Miguel Díaz-Canel?
M.C.: Sí, y es una represión muy fuerte. Ya no está dirigida exclusivamente contra activistas opositores, sino también contra ciudadanos comunes que protestan. Existe una enorme catarsis digital en Cuba: basta mirar las redes sociales para encontrar denuncias y críticas constantes.
El régimen responde castigando de manera ejemplarizante. No reprime a todos, pero sí a algunos para intimidar al resto. Actualmente, hay ciudadanos y activistas condenados a siete u ocho años de prisión simplemente por publicar denuncias o críticas en Facebook. La represión es sistemática y busca contener la ola de protestas sociales que atraviesa el país.
Periodista: Desde algunos sectores internacionales se habla incluso de una posible intervención extranjera. ¿Cómo ve esa posibilidad?
M.C.: Desde el sector de la oposición en el que me ubico, no creemos que una intervención militar sea la solución para Cuba. Sí consideramos necesario el apoyo internacional y una mayor presión diplomática para abrir un proceso de transición democrática, pero no respaldamos una acción militar.
Eso podría agravar aún más la crisis política y envenenar cualquier transición futura. Lo que sí creemos es que debe existir un respaldo claro a la sociedad civil y una presión constante frente a un régimen que viola sistemáticamente los derechos humanos y se niega a abrir espacios de participación democrática.
Periodista: Algunos sectores aseguran que el Gobierno aún mantiene apoyo popular. ¿Qué opina?
M.C.: Creo que hoy, por primera vez en la historia reciente de Cuba, existe un profundo desprecio popular hacia el Gobierno. Lo digo con total claridad. El régimen intenta mostrar apoyo movilizando personas en actos oficiales, como ocurrió el primero de mayo, pero en muchos casos se trata de lealtades forzadas de empleados públicos y trabajadores estatales que sienten presión para asistir. En realidad, hay una separación cada vez más clara entre la idea de patria y la del régimen.
Periodista: ¿Cómo es ser opositor dentro de Cuba? Existe mucha oposición desde el exterior, pero ¿cuál es la diferencia y cómo se vive dentro de la isla?
M.C.: Se vive de una manera muy difícil. Desde fuera, por supuesto, es más fácil. Existe una especie de nación virtual que desarrolla gran parte de su actividad en redes sociales y eso puede dar la impresión de una oposición más fuerte o más visible. Pero dentro de Cuba la realidad es distinta. Articularnos desde el interior es complejo.
Actualmente, presido una coalición llamada Consejo para la Transición Democrática, integrada mayoritariamente por organizaciones dentro de la isla. Nos comunicamos mediante estructuras celulares para poder desarrollar nuestras acciones. Por ejemplo, impulsamos lo que llamamos asambleas ciudadanas en distintas comunidades, pero son reuniones pequeñas precisamente para evitar la represión.
Si intentáramos reunir a 50 personas de manera abierta, probablemente sería imposible repetirlo una segunda vez. Por eso trabajamos en formatos reducidos y con comunicación persona a persona. Eso da resultados, aunque eso también hace más lento el trabajo político por las limitaciones a la movilidad y al encuentro entre ciudadanos.
Nos adaptamos a esa realidad y seguimos organizándonos. Además, tratamos de utilizar los pequeños espacios legales que todavía permiten la Constitución y las leyes para impulsar nuestras iniciativas. Eso también funciona como una especie de blindaje, aunque el Gobierno no respete plenamente sus propias normas.
Entre los indultados hay jóvenes, mujeres, adultos mayores de 60 años, así como extranjeros y ciudadanos cubanos residentes en el exterior.
Periodista: ¿Considera que Cuba está más cerca que nunca de una transición democrática?
M.C.: Sí, creo que estamos en el momento más cercano a esa posibilidad. Hay una nueva generación mucho más activa que ha roto políticamente con el Gobierno y con el Estado. Eso debilita enormemente la legitimidad del régimen, que durante décadas sustentó su discurso en la idea del apoyo popular.
Hoy la sociedad cubana es mucho más plural. Yo suelo decir que la sociedad se ha ido democratizando a pesar del Estado; lo que falta es democratizar las instituciones. También existe una mayor conciencia cívica.
Periodista: ¿Cómo hace el régimen cubano para sostenerse? ¿Por ideología, miedo o hambre?
M.C.: Hay una combinación de factores. Todavía funciona, aunque cada vez menos, la explotación del conflicto con Estados Unidos y cierta vena nacionalista en sectores que controlan las instituciones y la comunicación pública.
El segundo elemento es la represión. Siempre digo que hay que distinguir entre una dictadura y un Estado totalitario: las dictaduras reprimen dentro de un espacio público que toleran; los totalitarismos buscan cerrar ese espacio por completo y utilizan mecanismos de control mucho más profundos.
Y el tercer factor es el hambre. El control social a través de la necesidad diaria de conseguir comida sigue siendo fundamental. La mayoría de los cubanos vive tratando de resolver qué comer al día siguiente. Esa combinación de nacionalismo, represión y supervivencia es lo que todavía le permite al régimen mantenerse.
El Dr. Manuel Cuesta Morúa es un líder opositor cubano, académico y activista político. Nació el 31 de diciembre de 1962 en La Habana, Cuba, donde reside actualmente. Afirma descender, por parte materna, de Martín Morúa Delgado, líder afrocubano y primer senador negro cubano.
Morúa ha sido arrestado varias veces por su activismo y su firme oposición. El 26 de enero de 2014 fue detenido durante cuatro días por atentar contra la paz internacional al difundir noticias falsas, y se le impidió asistir a una reunión del Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) en Chicago, Illinois.
El opositor Manuel Cuesta Morúa denunció que recientemente ETECSA le cortó los servicios de telefonía e internet hace ya más de un mes.
“Desde esa fecha hasta acá, después que salí de la detención de ese día, me cortaron todos los servicios de telefonía e internet que yo tenía”, denunció Cuesta Morúa y detalló que se conecta por wifi en algunos lugares, o alguien le presta una línea para mantener cierta comunicación, sobre todo a través de las redes sociales y WhatsApp.
“Todo tiene que ver, fundamentalmente, con este proyecto, este trabajo que estamos realizando nosotros desde el Consejo para la Transición Democrática, en la que estamos convocando a ciudadanos para que debatan, deliberen y hagan, sobre todo, propuestas de cambio de la situación del país”, señaló el líder opositor.
Cuesta Morúa dijo, asimismo, que el bloqueo de los servicios incluye la telefonía fija, así como otras tres líneas telefónicas, dos de ellas prestadas, que utilizaba de forma alterna y también fueron cortadas por ETECSA.
Se trata de interrumpir servicios básicos a opositores como medios de castigo, de una de las acciones que con mayor vehemencia y asiduidad practican los agentes de la policía política del régimen, en contubernio con otras instituciones, lo que “demuestra la existencia de una política de Estado planificada y coordinada”, subrayó.
Dijo, de igual forma, que “el régimen está atrapado entre una impotente voluntad totalitaria y una dura autocracia que se enmascara en nociones de legalidad, derecho y constitucionalidad para intentar gestionar, fallidamente, un país distinto al de hace 30 años”.
Al hilo de lo anterior reconoció que “es importante una movilización cívica de la ciudadanía. Por dos razones: porque para dialogar hay que tener poder, y porque es la única manera de garantizar que el diálogo posible no se convierta en un reparto de cuotas de poder entre élites establecidas y élites emergentes”.








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