LA MUJER CUBANA EN LAS LUCHAS POR LA LIBERTAD (II)

Written by Libre Online

3 de marzo de 2026

Por Faustino García (1950)

ADELA AZCUY LABRADOR

¡Vedla! Es la heroica capitana Adela Azcuy, patriota y valiente. Era de San Cayetano, Pinar del Río e ingresó en las filas del Ejército Libertador en 1896 a las órdenes del Brigadier Antonio Varona y desde entonces y a través de toda la durísima campaña de la región occidental, prestó inestimables servicios, bien atendiendo a los enfermos o vendando los heridos, como combatiendo con arrojo varonil, cuando las circunstancias lo demandaran.

De varios modos sirvió a la revolución. Sus conocimientos farmacéuticos le permitían ser eficacísima en el cuidado de los enfermos a su cuidado. Ella los atendía con la delicadeza y ternura propias de su sexo. Y antes de la guerra evocaba la guerra y decía a sus comprovincianos cuál era el deber de cada uno cuando aquella estallara en la manigua, el valor y serenidad de nuestra compatriota gráficamente lo exponía el brigadier Lorente al contar cómo en los días más difíciles del año 97, en lo más fragoroso de un encuentro con el enemigo, la capitana Azcuy bajó de su caballo para curar los heridos que caían en momentos de grave riesgo en los instantes que los facultativos, se habían retirado temporalmente.

En la paz desempeñó algunos modestos cargos públicos y falleció en La Habana el día 15 de marzo de 1914.

PAULINA PEDROSO

Su corazón palpitó siempre por Cuba y para Cuba. En su humilde casa halló Martí en días inolvidables, atenciones y consagración completa. Para ella, el Maestro en aquellos días inciertos aún era como algo divino y humano a la vez. Era la patria hecha hombre. No habrá un solo emigrado de Tampa que no la recuerde con cariño y admiración por sus virtudes excelsas. De ella se ha escrito que soñaba con Martí cuando la patria sufría y algunos de los que parecían más firmes, vacilaban decepcionados. Se sentía alentada por el recuerdo y tenía fe.

Paulina Pedroso era de Consolación del Sur y ya se encontraba en la inmigración cuando surgió el Verbo incorporable de la revolución, reuniendo a los desunidos, alentando el patriotismo de los cubanos, llamando a los emigrados para iniciar la cruzada en pos de la independencia.

La pobre, la digna y noble Paulina que tanto hizo por la libertad de Cuba, murió ciega y pobre en La Habana el día 12 de mayo de 1913.

Mujer tan patriota de tan gran corazón, tuvo ella, que fue para Martí una madre y para los cubanos, todos una heroína de la inmigración, la amargura de verse olvidada en sus últimos días, debiendo haber alcanzado un porvenir más digno de sus méritos.

SOFÍA ESTEVEZ VALLES DE RODRÍGUEZ

Había nacido en Camagüey, muy joven, aún dedicada al cultivo de las bellas letras el huracán de la guerra abatió sus alas. Contrajo matrimonio con un apuesto soldado, capitán de la guerra del 68, y al estallar el movimiento armado del 95, su esposo empuñó de nuevo las armas y de nuevo también empezaron para ella las amarguras del destierro. En Cayo Hueso levantó el hogar arrancado de su tierra y él era un asilo para los necesitados. Entonces tuvo la oportunidad de demostrar con aliento heroico lo generoso de su alma. En la patria redimida penas y estrecheces hallaron y decía así el coronel Usatorres dirigiéndose al Congreso cubano en favor de un auxilio para Sofía y su hermana Clemencia Estévez: “La estrella solitaria que ellas bordaron en la enseña tricolor de los que al campo de la lucha armada marchaban no derrama hoy en su estrecho hogar, luces de dicha y felicidad, porque la sombra del olvido y la ingratitud empañan su brillo”.

Un año después de acabada la guerra, murió su esposo y el rudo golpe recibido, mirando la existencia de la poetisa, la llevó al sepulcro el día 5 de marzo de 1901.

LAS MENDIVE

Bellos poemas en prosa constituyen las páginas exquisitas de Herminia del Portal dedicadas a nuestras mambisas del 95. Uno de esos poemitas está dedicado a las Mendive, familia cubana distinguida de abolengo patriota, educada primorosamente. Recordemos a dos: Rafael María de Mendive, el director del Colegio “San Pablo”, maestro de Martí.

Las Mendive eran de “Las Llanadas” en Pinar del Río, donde cuajan más profusos los pinares y es más rica la hoja de tabaco. Cerca de San Luis todavía le llaman a aquella hacienda “La llanada de Mendive”.

En nuestra última revolución, María Luisa es “Hilda” para los libertadores en la provincia habanera. Entonces solo cuenta 16 años de edad y era agente de Rafael García Osuna. Comunicante, ropa, zapatos, medicinas y balas, recogía y llevaba el campo insurrecto en los tenebrosos días de Weyler. Era una niña, pero “cuando las tropas de Rafael de Cárdenas entraron en Guanabacoa pisando tierra libre, vistió María su primer traje largo y peinó en alto Moño su magnífica cabellera”.

Ahora, en su plácido retiro, evocan los recuerdos del tiempo heroico. Y María, que estuvo en la manigua. Suele murmurar dulcemente: – Cuando estábamos en el monte.

RITA SUÁREZ DEL VILLAR  “La Cubanita”

Patricia cienfueguera, que desde sus primeros años sentía profundamente el sentimiento que despiertan las palabras patria y libertad. En la ciudad de su nacimiento fundó el primer club revolucionario, que estaba integrado por señoritas y que tan relevantes servicios prestó a la causa de la independencia. 

El Generalísimo certificó la actuación de dicho club expresando que, “había prestado muchos y muy valiosos servicios a la causa de Cuba durante la última guerra de independencia y que por medio del mismo se transmitía con frecuencia la correspondencia oficial y particular al campo de la contienda y viceversa”. También hace constar el general Gómez el envío por el club a distintos Jefes de medicinas, ropas, pertrechos de boca, etcéteras destinados al Ejército Libertador. La excelsa Patricia recibió el 10 de octubre de 1943 la orden nacional del mérito Carlos Manuel de Céspedes y otras condecoraciones y diplomas, reconociéndose en todos ellos el agradecimiento de la patria por sus señalados trabajos y dedicación en los días difíciles de la guerra.

REGLA SOCARRÁS 

VIUDA DE PRÍO

De pura estirpe mambisa como hija del héroe de la reñida acción de Cacarajícara, Coronel Carlos Socarrás. Sus abuelos fueron dueños de una rica hacienda por Bahía Honda, viejos insurrectos perseguidos por el gobierno colonial. De los primeros en la manigua, en el 95, fue Carlos Socarrás. Maceo lo estimaba mucho. Era un guerrero valeroso como el titán. Con su ejemplo llevaba sus huestes a la victoria. Su esposa y sus hijos le siguieron al monte. Carlos cayó defendiendo su famoso atrincherado campamento y Miguel, el hermano gravemente herido, murió después. Regla tomó en sus manos el rifle de su tío, se adentró en el monte. 

Era solo una jovencita de 15 años en tan azarosos días, pero era Socarrás que es decir valiente.

Errante por el campo insurrecto, acompañada de su mamá y de aquellas mambisas, Adela Azcuy e Isabel Rubio siguió auxiliando a los que peleaban. Cavaban fosas para sepultar a los caídos, curaban a los heridos y velaban a los enfermos, así pasaban ellas hasta que un día llegó la guerrilla de San Diego y fueron prisioneras. Habían sido vendidas por un presentado. Los hombres que cayeron en la sorpresa fueron macheteados y las mujeres a La Cabaña en La Habana. Después, ya en libertad, fue el sostén de su familia. A los 24 años contrajo matrimonio con Francisco Prío Ruiz y uno de sus hijos, Carlos fue primer magistrado de la República.

JUANITA BORRERO

Había estallado la guerra de independencia en 1895. Los Borrero de vieja raigambre separatista tienen que salir precipitadamente de Cuba. Don Esteban, muy vigilado con toda su familia, se trasladaba al Cayo. Una de sus hijas es Juanita, la novia de Carlos Prío Uhrbach, que pronto, en el mayor desamparo, entregará su alma al Creador al borde de ese gran pantano de Zapata, en aras de la independencia de Cuba. En el Cayo laboraban todos sin cesar. Viejos mambises del 68 sienten renovada su sangre al gran impulso revolucionario que cubre a Cuba toda. Pero Juanita se muere, le pide, le ruega, le suplica, se lo grita al amado, quizás por última vez que corra a verla. Su único anhelo era volver a verlo. Y ella muere, dice un poeta, de un mal extraño, tal vez de la necesidad de morir que sienten las almas sensitivas ante la fealdad irremediable del mundo. Fue el primero de marzo de 1896 en Cayo hueso.

ROSARIO BOLAÑOS

FUNDORA, “Violeta”

Charito Bolaños y su hermana Isabel “Azucena”, ante la Junta Revolucionaria de La Habana y para las fuerzas revolucionarias de Occidente, son dignas de figurar en primer lugar entre las nobles y decididas mambisas de nuestra última guerra por la independencia. Todos los que operaron en las provincias de La Habana y Matanzas sabían quiénes eran “Violeta” y “Azucena”. Las fechas 24 de febrero de 1895 y 12 de agosto de 1898 marcan el período de la militancia patriótica de estas dos patriotas. Hijas de Madruga. Cuando el general Adolfo del Castillo fue herido en 1896 fue solícitamente, atendido por “Charito”. A su casa lo llevó “Chema”, su hermano. Delegado de Hacienda que fue en el campo mambí. 

En La Habana presidió el club Alberto González, que estaba integrado por distintas señoritas de esta ciudad, y en la época difícil de Weyler, su casa no dejó de ser un centro de conspiración situado en la calle de Peña Pobre. Cierta vez su hermano “Chema” (José María Bolaños) dejó en su casa de la finca dos hermanos donde aún vivían en plena guerra, cierta cantidad de dinero para la Junta revolucionaria. Ellas lo enterraron, eran centenares y a la mañana siguiente, cuando fueron por aquel lugar, las fuerzas españolas de Moncada olfateando nada pudieron hallar. Juan Bolaños recogió aquel tesoro por encargo de “Chema” y lo llevó a Ramón Pelayo, dueño que era del ingenio “Rosario”, en Aguacate. Pelayo se encargó de hacerlo llegar a Don Tomás Estrada Palma en Nueva York. Algunos servicios valiosos, a pesar de su condición de español, prestó a Cuba libre don Ramón Pelayo, como el que referimos de suma importancia.

CARIDAD AGÜERO

Figuraba en todos los mítines de la inmigración en Nueva York, despertando su presencia en ellos entusiasmo ilimitado como espontáneo. Con su palabra enardecía a las grandes concurrencias y ella, cuyo padre, esposo y hermanos consagraron sus vidas a la causa de la libertad de Cuba, era compelida a ponerse de pie para agradecer las frases que en su honor se habían vertido. El momento resultaba realmente indescriptible. Después del levantamiento de Camagüey en el 1895, marchó a los Estados Unidos tomando parte activísima en la propaganda y en el trabajo de los clubes patrióticos para levantar fondos y aprovisionar sin descanso a los patriotas.

CONCEPCIÓN AGRAMONTE DE SÁNCHEZ

Hija de Camagüey y de una de las más distinguidas familias de aquella ciudad. Su carácter, su ilustración e inteligencia la elevaron a la dirección de los elementos que ayudaban a la revolución. Sufrió prisión y fue al destierro. Las amenazas de que había sido objeto, no la amilanaron y envió a sus hijos a la guerra. En el 68 acompañó a su esposo a la manigua, llevando 9 hijos de los 12 que había tenido. En el 95 militaron en ella: Eugenio, Armando, Benjamín y Calixto. Eran los hijos cuyos equipos ella misma preparó. Todavía no habían evacuado los españoles cuando ya “Concha” Agramonte llegaba a Nuevitas a abrazar a sus hijos, que volvieron del campo insurrecto con altos grados militares. Tranquilamente transcurrieron sus días postreros. El 24 de agosto de 1922 falleció en La Habana y ahí estaban, junto a su cadáver, sus hijos. Todos los que la conocieron la amaban.

BERNARDA TORO DE GÓMEZ

Fue la esposa del general Máximo Gómez, genio y espada de nuestra independencia. Después de la paz del Zanjón emigrados en Santo Domingo, educó a sus hijos en el santo amor a la patria, formándoles el carácter, según un viejo mambí, con toda la virtud, con su gran admiración y noble espíritu. Cuando llegó la guerra que Martí evocó, el general marchó a la guerra y ella quedó laborando en la tierra hermana. Jamás la abandonó la fe en el triunfo definitivo de los cubanos y cuando la Junta cubana en los Estados Unidos quiso ayudarla económicamente, dirigió a Don Tomás aquella carta sublime que es bien conocida. Luego dio a la patria al bravo Panchito, que no abandonó en sus últimos instantes a Maceo. Tan ejemplar cubana falleció en La Habana el día 29 de noviembre de 1911.

LUZ PALOMARES GARCÍA

Era capitana del Ejército Libertador grado alcanzado en el campo de batalla, acción librada en el batey de su finca donde residía en 1895, salvando la expedición del general Sánchez Echevarría. La fogosidad de su palabra hace crecer en bríos y en pujanza. Dice amorosamente Ciana Valdés Roig, y el clarín español toca retirada… Timbre de honor de esta sublime mambisa. Después sus servicios a la revolución fueron de incalculable importancia hasta el fin de la dominación española. La patriota, gloria de Cuba, que, como apunta su biógrafo, pertenece a aquella estirpe romántica de otras edades.

JUANA DE DIOS VARONA, VIUDA DE QUESADA

Era la hermana de aquel bizarro mambí que fue “Bembeta”. Su nombre era pronunciado por todos los cubanos que la conocían con respeto y simpatías. Antigua emigrada en los Estados Unidos, retornó al suelo natal solamente después de haberse arriado de las fortalezas la bandera de Castilla. Sus servicios a la causa de la revolución ocupan una meritoria y larga lista. En el 68 corrió al campo siguiendo a su esposo y a su hermano, el inolvidable Bernabé Varona, una de las víctimas del infame Burriel, y en el fragor de la lucha primero y más tarde entre los emigrados, la insigne cubana dio hermosas pruebas de patriotismo y grandeza.

AURELIA CASTILLO 

DE GONZÁLEZ

Patriota camagüeyana, poetisa que alcanzó renombre en las letras cubanas. Fue delatada como conspiradora y auxiliar de la revolución del 95, decretando el general Weyler su expulsión de la isla. Ya antes, en la guerra grande, había tenido que abandonar a su patria ante las amenazas de que fue objeto su esposo comandante de infantería del Ejército español, por el Brigadier Ampudia, debido a enérgica condenación que hubo de hacer pública con motivo del fusilamiento del noble doctor Antonio Luaces Iraola. Residió en Santa Cruz de Tenerife y después en Barcelona, regresando a La Habana en 1898. Donde reanudó su labor literaria comenzada veinte años antes. En La Habana, falleció el día 7 de agosto de 1900.

ANGELA PORTO DE AGUIRRE

Patriota fervorosa que en los largos días de la inmigración, mientras su esposo, el mayor general José María Aguirre, desafiaba a diario a la tiranía en los campos de la provincia habanera, ella, con la negación y energía que era proverbial, trabajaba en las colectas patrióticas que los clubes revolucionarios llevaban a cabo para que no cesará hasta haber realizado el ideal patrio, aquella corriente de expediciones filibusteras que con éxito inigualado arribaban a nuestras costas, proveyendo al Ejército cubano de los efectos que de boca y guerra necesitaban. Ángela Porto de Aguirre era el ángel de un hogar de abolengo separatista donde se rendía culto al patriotismo, a Cuba ¡Sola y Libre! Era el hogar de un patriota de “Pepe” Aguirre, a quien sin verlo cualquiera podía imaginárselo con el pie en el estribo y el machete redentor al cinto.

MARÍA MACHADO

Mucho se ha escrito sobre el ataque y rendición de la Plaza fuerte de Victoria de Las Tunas a las fuerzas cubanas mandadas por el General Calixto García, pero pocos conocían que una patriota holguinera de hija del General español Emilio March, facilitó en mucho la operación bélica que hizo temblar las esferas en La Villa y Corte de España. María Machado disfrutaba por aquellos días de un permiso especial que le había entregado el general March, su padre, a la sazón al mando de la Tercera División del Ejército español, con cuartel en la ciudad de Holguín y a la vez poseía otro firmado por el general Calixto García. Con ambos documentos podía entrar y salir fácilmente de las poblaciones y circular por el campo mambí. 

Merced a estas facilidades pudo ella detallar para los cubanos que se proponían tomarla, la situación real de la plaza, describir el emplazamiento de los fortines, apuntar el número de soldados que la guarnecían, cañones de que disponían los españoles y otros datos positivamente valiosos, todo lo cual, puesto a disposición del general Menocal, fue utilizado para trazar el plan de ataque que con éxito sin igual y gloria para los mambises, se realizó el 30 de agosto de 1897.

María Machado, procedente de una familia de ardientes patriotas que tomaron parte en la revolución del 68, aunque hija del general March, no lleva su apellido a causa de la obstinada oposición de sus familiares, disculpable en mérito del apasionado patriotismo de que estaban poseídos, detalles íntimos que pasamos por alto en atención a que solamente deseamos contraernos en los servicios que hubo de prestar a la causa de la independencia patria la heroína cuyo nombre aparece por vez primera en las larga lista de nuestras mujeres en la guerras de Cuba por la libertad.

CLEMENCIA ARANGO DEL SOLAR

Casi una adolescente abrazó la causa revolucionaria, como su hermano el coronel Raúl Arango, figura de las más prestigiosas en el campo de la guerra durante la guerra de 1895.

Amaba con fervor la causa a la cual se había entregado y con verdadera pasión y valor, desempeñó las más difíciles comisiones. De ella dijo Don Tomás Estrada Palma, que era su mejor confidente en La Habana, la más inteligente, la más valiente y la más segura, alcanzando todas las facultades y toda la libertad para actuar y proceder. La guerra encontró en ella el auxiliar más efectivo y los revolucionarios de la provincia de La Habana, una compañera y una hermana que, sin desmayo y con energía, prestó los mejores servicios. Para Clemencia Arango no había otra cosa, sino la guerra era su pasión desbordante y la estrella solitaria de nuestra bandera, la única que la guiaba en todas sus acciones. Jamás conoció el miedo. Nos dicen testigos que la conocieron, entraba y salía de las ciudades e iba a los campamentos conduciendo los auxilios más eficaces: balas, medicinas, ropas y noticias referente a los movimientos de las tropas españolas.

CAROLiNA RODRÍGUEZ 

SUÁREZ, “La Patriota”

Se llamaba Carolina Rodríguez, pero hacía tiempo que había perdido su apellido, nos decía Héctor Saavedra, porque en la emigración había sido bautizada con otro nombre más simpático para todos era Carolina “La patriota” y no podía haber títulos más sugestivos ni más envidiable que darle a aquella nobilísima mujer, envejecida en los arenales de la Florida, respetada y querida de todos. Estaba en todas partes llevando el primer socorro al expatriado en la adversidad era la primera en dar su pan para satisfacer el hambre del necesitado y era también la primera en pedir para Cuba. Sus súplicas eran correspondidas en todas las ocasiones, todos estaban obligados con ella, que nada suyo tenía. Pedía para el expedicionario en ciernes y para los más pobres, que era como pedir para una misma persona. Martí fue su amigo y ella se inclinaba sin otra razón que su instinto ante aquel hombre “que fue considerado por muchos, mucho tiempo, por un soñador y un iluso, y que tal vez no tenía más razón a su propósito que la ilusión de su mente y el sueño de su alma”.

Carolina, “La Patriota” fue una mujer insigne que puso al servicio de la patria su historia, su inteligencia clarísima y su extraordinaria actividad. Jamás dudó del triunfo de Cuba, que era la causa a que con tan ferviente decisión hubo de consagrarse.

Ya cargada de años viendo a su patria libre del tirano, llegó a La Habana un día del mes de febrero de 1899. Marchó a su ciudad natal, Santa Clara, y allí, en una humildísima habitación olvidada de todos, sufriendo indecibles privaciones, dejó de existir el día 2 de junio del mismo año, cuatro meses después de su arribo a la patria redimida.

En el Ayuntamiento de Santa Clara, el 10 de junio de 1899, acordó dar el nombre de Carolina Rodríguez a la calle denominada “Callejón del Carmen”, donde había nacido, y volvió a residir la insigne cubana.

Continuará la semana próxima

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