Mensaje Inspiracional. La tierra de arena

Written by Libre Online

24 de febrero de 2026

Hace mucho, pero que mucho tiempo, cuando solo existía el mar y el cielo, el dios del viento pensó que también debería haber tierra, similar a la arena que había en el fondo del mar. El océano estaba repleto de animales de todo tipo, así que decidió pedirles ayuda.

– Necesito que me ayudéis- dijo el dios del viento- Quiero que me traigáis un poco de arena del fondo del mar. 

Los animales marinos se reunieron para debatir cuál de ellos podría encargarse de la misión. 

– La tortuga no puede hacerlo, porque es demasiado lenta- dijeron entre todos. 

Y descartando a la pobre tortuga, establecieron un listado con aquellos que debían emprender aquella importantísima misión. 

El primer animal que intentó alcanzar la arena del fondo del mar fue el camarón, pero como es muy pequeño, enseguida se cansó de nadar, y se dio la vuelta. Después fue el turno del temible tiburón. Pero le entró hambre a mitad de camino y se entretuvo comiendo peces. Después, se le olvidó la misión.

– Bueno, pues yo lo conseguiré- dijo el simpático pulpo, que bajó muy decidido hacia el fondo, pero era tan juguetón, que se aburrió y se quedó a mitad de camino jugando con el calamar. 

El triunfo de la tortuga

Por último, lo intentó la ballena, pero se quedó dormida justo antes de llegar al final.

Todos los animales del mar estaban un poco tristes. Ninguno de ellos había conseguido el encargo del dios del viento. Pero de pronto, llegó desde el fondo del mar la tortuga, despacito pero muy contenta. Llevaba un poco de arena en la boca. 

Pero estaba tan feliz, que sin querer abrió la boca para sonreír y la arena se le cayó. La tortuga comenzó a llorar. Y el dios del viento, que lo estaba viendo todo, dijo: 

– No te preocupes, tortuga, no estés triste. Con la arena que ha quedado en tus aletas, me servirá. 

El dios del viento tomó con cuidado los granitos de arena que quedaban en el cuerpo de la tortuga y sopló sobre ellos. Inmediatamente comenzaron a crearse las playas, los campos y las montañas.

El señor del viento decidió entonces premiar a la tortuga: 

– Tú, tortuga, podrás salir a la tierra cuando lo desees. 

Y desde entonces, las tortugas pueden nadar en el mar y andar por la tierra.

Reflexiones sobre la leyenda ‘La tierra de arena’

Quien la sigue…la consigue. En esta historia de ‘La tierra de arena’, todos daban por hecho que la tortuga nunca podría llegar al fondo del mar, y sin embargo, fue ella la que les dio a todos los demás animales marinos una gran lección: 

• Nunca digas ‘no puedo’. La tortuga de ‘La tierra de arena’ no aceptó lo que el resto de animales decían de ella. A pesar de ese ‘esta no podrá llegar hasta allí nunca, con lo lenta que es’, pensó que si lo intentaba, si al menos lo intentaba, tal vez lo conseguiría, porque si pensaba que podría conseguirlo, lo conseguiría. El pensamiento positivo y perseverante es lo que llevó a la lenta tortuga a conseguir el encargo del dios del viento. Esfuerzo y perseverancia son como dos motores que nos acercan siempre a nuestra meta. 

• Mejor lento, pero seguro. Las tortugas son lentas, sí, pero caminan con paso firme y seguro. Representan la seguridad y la perseverancia. En ‘La tierra de arena’, la tortuga se centra en su misión, la que ella misma se ha marcado. No le importa acercarse a su objetivo más lentamente que el resto de los animales. No pierde la concentración, no se despista, no pierde el objetivo en mente ni un segundo. Mientras el resto de animales se cansa, se aburre, o se despista, y abandona, ella sigue su camino, lenta pero segura. No se rinde, nunca. Y de ahí que sea el único animal en conseguirlo.

• El problema del autocontrol de las emociones. La tortuga lo había conseguido. ¡Bravo! ¡Había llegado hasta el fondo del mar y traía arena en la boca. Pero al final, cometió un error. ¿Sabes cuál? Dejarse llevar por las emociones. Estaba feliz, tanto, que olvidó que llevaba arena en la boca, y al sonreír, se le cayó toda. Y es que no solo debemos aprender a dominar emociones como la tristeza o la ira. También la alegría. Cualquier emoción, descontrolada, nos puede hacer daño. 

• La gratitud, siempre. El dios del viento consiguió al fin la tierra de arena que había soñado. Y los campos, las montañas… y todo gracias a la pequeña tortuga. Un profundo sentimiento de gratitud nació en lo más profundo de su corazón. Y la gratitud se demuestra premiando a quien nos hizo tanto bien. La tortuga de ‘La tierra de arena’ recibió un maravilloso regalo: podría disfrutar de esa playa que se había creado gracias a su trabajo y esfuerzo.

“Todas las emociones, fuera de control, nos hacen daño”

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