12 de octubre de 1492. Dimensión de una hazaña

Written by Libre Online

2 de junio de 2026

Homenaje a los 250 años de la Independencia de los Estados Unidos, con la figura del navegante que ofrendó el hemisferio occidental a la Humanidad, en el 520 aniversario de su paso a la Casa del Creador.

Por Rafael Jesús de la Morena Santana

El equinoccio de primavera del 2026 en Washington fue matizado por el aval de la administración Trump para hacer justicia al reinstalar una estatua de Cristóbal Colón, confeccionada con los fragmentos de una escultura original inaugurada por Ronald Reagan en 1984, que fue derribada en el 2020 en Baltimore por disturbios que nada tenían que ver con el Almirante, pero abusando de los derechos que otorga la democracia, unos vándalos i cometieron impunemente tal sacrilegio.

Este desagravio es parte de la iniciativa “América 250” del presidente, dentro de la que se honra al Gran Almirante como Héroe en las celebraciones por la Independencia Americana. El monumento de cuatro metros se ha ubicado en los terrenos de la Casa Blanca, al exterior del lado norte del Edificio de Oficinas Eisenhower, en la avenida Pennsylvania y adyacente al ala oeste de la mansión presidencial. La imagen de mármol fue restaurada por la Italian-American Organization United en coordinación con COPOMIAO dirigida por Basil Russo quien expresó: “las estatuas de Colón han sido durante mucho tiempo símbolos de orgullo e identidad cultural para los 18 millones de estadounidenses de ascendencia italiana”.

Frase respetable, pero en la modesta opinión de este scribbler, con la que es seguro los lectores estarán de acuerdo, el emotivo gesto del presidente Trump y su eficaz equipo de gobierno tiene un alcance mucho mayor que el artístico y de simpatía por los italianos, porque Cristóbal Colón es una figura universal, y nosotros los hispanos fuimos los impulsores, herederos y beneficiarios de su proeza. Y más allá, investigaciones recientes sobre su casi desconocido y poco probado origen apuntan a que el genial marino era un judío converso ¡nacido en España! 

Precisamente en la Madre Patria comenzamos esta breve apología de un hombre extraordinario; es lo justo, lo merecido y lo histórico: en la soleada Andalucía, el memorable 2 de enero de 1492, el último Emir de la dinastía árabe Nazarí, entrega las llaves de Granada, Boabdil mira hacia la Alhambra y luego sigue su camino entre suspiros de destierro. España y la Iglesia Católica están de fiesta. Los Reyes Católicos han culminado la epopeya de 800 años de lucha de la Reconquista.

Entre los asistentes a la rendición de la ciudad, aparece un marino con un motivo especial para sentirse jubiloso, para él significa el inicio de una empresa madurada por 15 años. Ahora le correspondía a los victoriosos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, entregarle a Cristóbal Colón, la bandera de la gesta asombrosa que como ninguna otra cambiaría la faz del mundo.

Han transcurrido 534 años desde la ejecución del proyecto colombino, mucho se ha debatido sobre su trascendencia, que cobra mayor fuerza. Las familias hispanas deben conocer la verdad de la obra del Almirante, e instruir a niños y jóvenes en la admiración de este coloso de la raza latina, a quien no faltan detractores oportunistas, movidos por envidias o partidismos políticos y rivalidades religiosas. En Cuba voces autorizadas de los estudios geográficos fueron fieles defensores de Colón, por ejemplo, los Doctores Leví Marrero y Salvador Massip, este último enfatizó: “El Descubrimiento de América es el hecho más grande de la Historia y la Geografía Universal”. 

El que sería protagonista de tal suceso, llegó a España en 1484 procedente de Portugal, donde el Rey Juan II le negó su apoyo. Nuestro héroe se dirigió con su hijo Diego, al convento franciscano de Santa María de la Rábida, cerca de Palos de Moguer en Huelva, Andalucía. Allí, sabios eclesiásticos escucharon con atención una  propuesta monumental. Fray Juan Pérez y Fray Antonio de Marchena se dieron cuenta de que estaban ante un hombre excepcional, experto navegante que desde los 14 años viajaba por los mares del mundo conocido.

Colón, firme y entusiasta creyente, poseía una extensa cultura y probó en el monasterio franciscano lo acertado de su idea, basada en: las Memorias de Marco Polo, las notas de Aristóteles, Plinio, Séneca, el Profeta Isaías y en el libro del Cardenal francés Pierre de Ailly, “Imago Mundi”, confeccionado en el siglo XV. Informó acerca de sus entrevistas con capitanes que habían sido arrastrados por temporales al centro del Atlántico.

Sobre el mapa trazado por Colón, discutieron la posibilidad de ir a la India navegando siempre hacia el oeste, al poniente del Sol, para llegar a las costas ya observadas por el genovés en un mapa en El Vaticano, en Roma. Estas tierras estaban mencionadas en las sagas islandesas conocidas por el navegante desde 1477 al visitar la antigua Thule.

Convencidos los frailes, ayudaron a Colón, este dejó al niño al cuidado de los religiosos y esperanzado descendió la loma del convento, llevaba una recomendación para un colaborador, el Duque de Medinaceli en Sevilla, este simpatizó con la idea que permitiría romper el cerco islámico en las rutas comerciales al Este, y por eso logró que los Reyes Católicos le concedieran audiencia al marino, estos lo recibieron el 20 de enero de 1486 en Alcalá de Henares.

Los soberanos eran poderosos y su majestad impresionó al navegante, no obstante, con el ardor de un iluminado, desarrolló su tesis del viaje atlántico hacia el Oeste. La elocuencia optimista, prometedora de fabulosas riquezas y proyectos de cristianización, maravilló a los monarcas. La apasionada Isabel la Católica, en el instante final de la conferencia, exclamó con firmeza: “¡Sea!”

Se reunió una junta de expertos para valorar el plan colombino. Pese a la vibrante defensa de Colón, el dictamen de la ciencia, frenado por el amor propio de muchos y el fanatismo de algunos, le fue adverso. Aun así, nunca le faltaron aliados, doctores de la Universidad de Salamanca cooperan con él; de su parte están, el Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, Primado del reino, y cortesanos como Luis de Santángel y Gabriel Sánchez.

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