Zúñiga vivió de joven la Crisis de los Mísiles. “Khrushchev Y PUTIN, Al FIN IGUALES DE MATONES PARA CREAR TENSIONES MUNDIALES”

Written by Germán Acero

25 de octubre de 2022

Cuba siempre ha aprovechado todas las ocasiones para resolver sus ambiciones políticas y, de paso, obtener los frutos deseados como quedó reflejado tras la Crisis de los Mísiles en 1962 que tuvo al mundo en ascuas.

Pero ese panorama quizás se ve ahora reflejado cuando Cuba le ha pedido nuevamente a Rusia le extienda la mano para que la ayude a superar la crisis social, política y económica, por la que atraviesa actualmente, mirando también desde el otro ojo a los Estados Unidos, a quien también le ha reclamado ayuda.

“Bueno es recordar que la idea de colocar mísiles nucleares en Cuba se le ocurrió a Khrushchev mientras estaba de vacaciones en Crimea, al otro lado del Mar Negro desde Turquía, donde Estados Unidos había desplegado los misiles “Júpiter”, dijo Luis Zúñiga del Concejo por la Libertad de Cuba.

“Ahora Putin ha colocado los mísiles, hacia otro país desde Rusia, siendo el objetivo Ucrania. Yo supe lo de la Crisis de los Mísiles y, era muy joven, quedando aterrado de todo lo que era capaz de hacer un dictador en este caso pasado como lo hizo el dictador Khrushchev”, comentó.

“Todo, claro está, ocurrió cuando Turquía ocupaba la región de Asia Menor conocida en la antigüedad como «Anatolia» y un enclave europeo donde se encuentra Constantinopla, la actual Estambul, al otro lado del estrecho de los Dardanelos”, explicó.

En 1953, durante la Guerra Fría, Turquía se convirtió en un aliado cercano de Estados Unidos y se unió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). También desplegó los mísiles nucleares “Júpiter” justo al lado de la Unión Soviética. 

Para 1961, según Robert Kennedy: “El presidente había pedido al Departamento de Estado que llegara a un acuerdo con Turquía para el retiro de los mísiles “Júpiter” en ese país. Eran claramente obsoletos y los submarinos “Polaris” en el Mediterráneo darían a Turquía una protección mucho mayor”. 

Nikita Khrushchev era un matón irritable, volátil e imprudente con una feroz ambición de poder y, en ocasiones, un formidable manipulador del Politburó, especialmente después de la muerte de Josef Stalin, el 5 de marzo de 1953.

“Pero ahora la historia vuelve a repetirse, pero con Putin en el poder en Rusia, desde donde ha lanzado la más terrible guerra contra Ucrania, donde han muerto cientos de miles de civiles, quedando además arrasado el país en todas sus estructuras territoriales”, opinó Zúñiga.

En su autobiografía, Khrushchev escribió: “Mi pensamiento fue así: si instalamos los mísiles en secreto y luego, si EE.UU. descubriera los mísiles después de que ya estaban preparados para atacar, los estadounidenses lo pensarían dos veces antes de intentar liquidar nuestras instalaciones por medios militares”.  

 Inicialmente, Anastas Mikoyan y Andrei Gromyko; dos miembros importantes del politburó dudaron, pero finalmente aceptaron desplegar los mísiles nucleares en Cuba. 

“El liderazgo soviético decidió utilizar la isla para poner una parte sustancial de los Estados Unidos dentro del alcance de los mísiles balísticos de alcance medio (MRBM) y los misiles balísticos de alcance intermedio (IRBM) soviéticos, armados con ojivas nucleares”, recordó Zúñiga viéndolo en TV. 

“Creían que ayudaría a abordar el desequilibrio en fuerza nuclear estratégica. Además, a principios de la década de 1960, el tiempo de entrega desde el sitio de lanzamiento hasta el objetivo era un factor crucial”, recordó. 

“Los mísiles balísticos de alcance intercontinental desplegados en Rusia tardarían aproximadamente 30 minutos en llegar a los Estados Unidos. Desde Cuba, los mísiles soviéticos habrían podido destruir la mayoría de los centros urbanos y militares estadounidenses entre 7 y 10 minutos. 

Otro factor—de acuerdo con lo que se supo en aquel entonces—muy importante fue que la precisión del misil aumentó significativamente con la proximidad del objetivo, lo que convirtió a la isla marxista de Cuba en la elección perfecta para mejorar en gran medida la capacidad nuclear soviética.

Zúñiga recordó, siendo un estudiante, que, en mayo de 1962, el recién nombrado embajador soviético Alexander Alexeyev, ex jefe de estación de la KGB en La Habana, presentó los planos a Fidel Castro, quien acogió con beneplácito la idea. 

El dictador marxista afirmó: “Esa es una jugada muy arriesgada… pero si tomar tal decisión es indispensable para el campo socialista, yo estoy a favor de colocar los mísiles en nuestra isla. Con Castro decidido aval de la operación secreta y casi suicida”.

Se informó en aquel entonces que el 2 de julio llegaron a Moscú Raúl Castro y Ernesto “Che” Guevara. Fueron recibidos en el aeropuerto por el mariscal Rodion Malinovsky y el miembro del Politburó Anastas Mikoyan. 

Al día siguiente, Raúl Castro y Guevara se reunieron con Khrushchev y arreglaron los detalles del despliegue de los mísiles soviéticos en Cuba, que estaría siempre bajo el control directo del mando militar soviético.

Raúl Castro pasó dos semanas consultando con funcionarios soviéticos antes de regresar a La Habana el 17 de julio. 

Después de Bahía de Cochinos, la clandestinidad cubana se mantuvo al frente de la heroica lucha por la libertad y pudo proporcionar información crucial cuando empezaron a sospechar de las actividades marítimas soviéticas en el noroeste de Cuba. A fines de julio.

Todo estaba fríamente calculado. Lo mejor fue que hubo, luego, un arreglo diplomático entre los presidentes de Rusia y Estados Unidos. Pero dejó claro que la dictadura cubana nunca pensó en sus semejantes porque lo que quería era una guerra.

“Los jefes del partido comunista, en aquel entonces, Fidel, Raúl y el Che, se mostraron iguales que Khrushchev y Putin, con su ímpetu de guerreros, a quienes nunca les importó los miles que murieron en otras operaciones lanzadas por los soviéticos en el pasado y ahora en el presente”, concluyó. 

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