YO VIVÍ 17 AÑOS EN EL PARAÍSO

Written by Esteban Fernández

4 de abril de 2023

Allí, en ese edén, me sentía muy contento. Adoraba a mi tierra, a mi pueblo, a mi barrio, a mi humilde casa, a mis vecinos y prácticamente a todos mis coterráneos.

En el mismo medio de ese paradisíaco lugar había un parque central con su iglesia católica que era una bendición. Cursé mis estudios de primaria en uno de los mejores colegios de la nación conocido como el “Colegio Americano”: Kate Plumer Bryan Memorial.

Me rodeaban un padre, mi madre y un hermano que me adoraban. Tuve un abuelo, Manuel Fernández Valdés, que era un destacado escritor, abogado, poeta, autor de libros y Juez Municipal del pueblo.

En el traspatio de la casa teníamos una mata de aguacates y una de guayabas con la cual mi madre hacía casquitos y mermelada. También había como 15 gallinas que ponían el año entero. Poseía 17 pájaros y mi preferido era el Tomeguín del Pinar.

Al terminar el sexto grado escolar mi padre me dijo: “Nada de séptimo y octavo; yo quiero que hagas el examen de ingreso y entres al Instituto”. Y así fue, aunque no fue fácil.

En ese vergel ya estaba trazado que iría a  la Universidad de La Habana a estudiar leyes. ¡Sería abogado! El futuro me parecía trazado y seguro. La abogacía era una tradición familiar.

Mi única propiedad era una bicicleta con la que podía recorrer el pueblo entero, subir y bajar la Loma de Candela.

Mi perra llamada “Yeti” me acompañaba a todas partes. Tenía a mi disposición un precioso río llamado ‘Mayabeque’ y allí nadaba durante todo el verano. Cerca de mi casa tenía el Parque Martí donde diariamente iba a jugar a la quimbumbia.

Tenía libertad, hermandad, comida, ropa, un futuro fulgurante y ni por la cabeza me pasaba salir de ese paraíso.

Nunca me puse a pensar si era pobre o rico, sólo comprendía perfectamente bien que era feliz. Y sabía que Dios estaba muy cerca cuidándome.

Las Navidades y el día de los Reyes Magos eran las fechas más lindas del año. Si ganaba el Club Almendares daba saltos de alegría.

No recuerdo ni un solo tormento ni un pequeño sufrimiento. En esa bienaventuranza todo se desenvolvía normalmente hasta que llegó un canalla lleno de odio convirtiendo ese edén en un infierno.

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