Ya ganó Castellanos la Alcaldía de La Habana

Written by Libre Online

3 de noviembre de 2021

Ni el Gobierno duda del triunfo de Castellanos.-La propaganda no puede sustituir a la popularidad.-Dónde gana Castellanos las elecciones.-La comparecencia de Castellanos en “Ante la Prensa” decide su victoria electoral. -El abuso de publicidad.

Por el Doctor José Díaz Garrido. (1954)

La Habana dio por seguro el triunfo electoral de Nicolás Castellanos el primero de noviembre de 1954. Ni parciales ni adversarios abrigaban dudas sobre su victoria en las urnas, y el énfasis gubernamental se apagaba ante la evidencia de la resolución que ha tomado el pueblo. Aquellos denodados defensores de la candidatura alcaldicia del titular, que proclamaban su elección como un hecho indiscutible hace unos escasos meses, han bajado la voz. Y sólo la publicidad. La costosa, abusiva y profusa publicidad, contratada desde el inicio de la campaña electoral, sigue su ritmo. Pero lo continúa monótonamente, sin esperanza y sin fe.

La reacción popular a favor de Castellanos. Las manifestaciones del pueblo. La ciudadanía que alborozada, llena de entusiasmo, le sigue en sus diarios recorridos por las calles de La Habana, anticipaban el resultado de las urnas. Y lo que comenzó por constituir una seria preocupación entre los partidarios del alcalde, ha pasado a ser un hecho aceptado: el titular no puede, en modo alguno, superar la popularidad, la simpatía, el crédito de que gozara Nicolás Castellanos.

Con ella pensaba atenuar su entrada en el Municipio habanero, sustituyendo a Castellanos que había sido electo por la voluntad soberana del pueblo.

Aquella propaganda, que comenzó siendo discreta, suave, sencilla, casi humilde, fue poco a poco subiendo la tónica. Y comenzaron las falsedades en mayor grado, los excesos, las exageraciones, hasta caer no sólo en el ridículo más espantoso, sino en las calumnias que han caracterizado su pugna con Nicolás Castellanos.

Inventaron los asalariados de siempre banderas azules, corbatas azules, honores, títulos, homenajes, adjetivos, obras que no se habían realizado tan siquiera en la trasnochada imaginación del Alcalde, y terminaron por arremeter contra Castellanos, negando sus realizaciones y acusándole de los delitos más reprobables.

Hasta ese momento Castellanos, que no podía competir en recursos publicitarios, impedido de salir a rivalizar en igualdad de circunstancias con su adversario, que ya tenía invadida la radio y la televisión, sin dejar un espacio para nadie, se encontraba materialmente asfixiado por la abrumadora campaña de su implacable contrincante. Pero es el propio titular, al llevar sus acusaciones a los extremos que todo el pueblo conoce, quien le da la oportunidad de pelear riposta. La prensa tiene que acudir a Castellanos, porque ya es muy grave lo que se dice contra Nicolás Castellanos. Las entrevistas se suceden. Las horas radiales y televisadas de contenido político, apelan a Castellanos, para que responda de estas inculpaciones. Desciende el lenguaje por parte del titular y sus parciales, y Castellanos, sereno y tranquilo, con sus verdades en la mano, sale a la palestra pública a ganarle la primera batalla a al titular.

Y las victorias se suceden. Ante cada acusación, responde con un hecho Castellanos. Ante cada calumnia contesta con una realidad. Desmiente falsedad por falsedad. Riposta golpe por golpe, y la balanza de la opinión pública, que consideró al titular poco simpático, pero honesto; usurpador, pero veraz, va inclinándose poco a poco a favor de Castellanos, cuyas realizaciones van resurgiendo con mayor prestigio, con más valor, ante el pueblo… La batalla continúa, los insultos se prodigan a granel por parte del titular y sus parciales, mientras va perdiendo opinión pública a pasos agigantados y va Castellanos ganado terreno.

Y víctima de sus excesos, se halla el titular en la precaria situación que obliga aún a sus más allegados colaboradores y amigos a reconocer la inminencia de su derrota.

“Ante la Prensa”

En el programa televisado “Ante la Prensa”, es el que da a Nicolás Castellanos su victoria definitiva. Victoria que ya no podrá arrebatarle su desmedido adversario. En ese mismo programa, una semana antes, el Alcalde había vertido las más escandalosas calumnias; había lanzado las acusaciones más graves que puedan hacerse a un funcionario. Muchas personas llegaron a pensar si no sería efectivamente verdad que Castellanos había cometido irregularidades de tal naturaleza cuando el titular las formulaba con tanta seguridad. Y la ciudadanía en pleno aguardó las respuestas de Castellanos, el siguiente jueves. Para sorpresa de todos, iba Castellanos provisto de pruebas. Dispuesto como después lo hizo, a ir acompañado de prestigiosas personas, a buscar en las Instituciones competentes testimonio de sus palabras. Y, a su vez, acusó Castellanos al titular de faltas, de irregularidades y de hechos, que se han ido probando una y otra vez.

Ese fue su triunfo definitivo. Pero corroborando sus palabras, fueron surgiendo males mayores en la administración usurpadora.

Ya no era posible mantener en secreto el costo de su publicidad. Las exigencias de la campaña y de querer ocultar bajo una catarata de documentales en los cines; de espacios televisados, de menciones radiales, de planas enteras en los periódicos, era mayor que lo que la discreción podía soportar. Y comenzaron a hacer su aparición, con menos pudor y recato ciertos manejos bastante turbios por cierto.

Aquellos amigos generosos que le obsequiaban la propaganda, exigieron una inyección económica suficiente para cubrir los gastos. Y a uno de ellos, por ejemplo, se le otorga sin requisito de subasta el Hospital Clínico Quirúrgico. Se le efectúan, sin estar a penas comenzando, pagos por cientos de miles de pesos. Con la obra casi paralizada, se le aumenta el presupuesto de la misma…. Y el Hospital en cuestión, que está a la vista de todos, no sólo los cimientos echados, ha costado ya al municipio tanto como se supone que cueste la propaganda política del titular.

Esas nóminas, certificadas ya, firmadas por todos los funcionarios que deben tramitarlas, fueron exhibidas en el programa televisado “Hechos y Verdades”, que gracias a la gentileza del señor Carlos D´Mant puede realizar Castellanos cada viernes.

El titular ha sido la víctima de esa publicidad exagerada, calumniosa, abusiva, que desarrolló contra Castellanos. Sus propios pecados han trascendido gracias a esa propaganda, brindando a Nicolás Castellanos la oportunidad de demostrar sus verdades, y demostrando por sí misma, que no puede ser un administrador pulcro, quien gasta tan gruesas sumas en una campaña electoral.

Por eso el primero de  noviembre el pueblo da por seguro, que como en 1950, triunfará Castellanos en las urnas.

 Esa campaña incivil, desatada contra nuestra propaganda política, por  elementos afines al Alcalde, ha herido la sensibilidad ciudadana, que condena severamente tales métodos.

Cada mañana, cuando aparecían nuevas manchas de tinta, letreros insultantes, propaganda materialmente destruida a ciencia y paciencia de las autoridades, el pueblo culpaba ala titular de estos hechos, y se preguntaba si pretendía ser Alcalde de La Habana quien así procedía. La impunidad, la patente de corso que para agredir nuestra propaganda política disfruta el funcionario usurpador, chocaba a la ciudadanía consciente.

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