En la mayoría de las sociedades y nacionalidades los hijos quieren más a las mamás que a los papás.
Sin embargo -en la mayoría de los casos- los padres cubanos no queremos que nos quieran más, intentamos que nos quieran por lo menos, igual… Y a veces, en contados casos, más que a la mamá. Es una sana competencia.
Porque con mucho disimulo y tacto, poco a poco, les cedemos la implantación de los regaños a las mamás.
A pesar de que tenemos mucho más en común con el varón que con la hembra, a mi me da la sensación de que las niñas nos quieren más que los varones.
Y los padres cubanos -en contra de lo que aconsejan los sicólogos- a toda costa intentamos ser “amigos” de nuestros hijos. Y los tratamos de “tú a tú”.
Repartimos cariño, abrazos y besos a los vástagos. Y ellos se acostumbran al amor paternal. Menos cuando los dejamos en la escuela y nos advierten: “Papi, no me beses delante de los compañeritos del colegio”.
Y no importan los fracasos y éxitos que tengamos en la vida, el mayor y más preciado triunfo es haber logrado el cariño y respeto de nuestros hijos. Todo lo demás es secundario.
Está bien, acepto a regañadientes que la educación nuestra nos es pareja: Ningún pretendiente de la muchachita nos parece adecuado, mientras al varón lo dejamos “suelto y sin vacunar” y orgulloso de que es “jeboso” y tiene tres novias. A las madres les dejamos la responsabilidad de tratar a ambos de igual forma.
Por lo tanto, este “Father’s Day” les deseo a todos los padres que igual que sus hijos dijeron hace un mes que “ellos tienen o tuvieron la mejor madre del mundo” digan lo mismo de papá, papi, viejo y Pipo.





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