VICENTE MARTÍNEZ IBOR. Un propulsor de la Industria Tabaquera.

Written by Libre Online

1 de diciembre de 2021

Por Orlando Castañeda (1950)

Llegada a La Habana de Vicente Martínez Ibor. Fundación de la fábrica de tabacos “El príncipe de Gales”. Trágicos sucesos protagonizados por los Cuerpo de Voluntarios. Escapa Martínez Ibor para Cayo Hueso. Fundación de Ibor City en Tampa. Eficaz cooperación con el Partido Revolucionario Cubano. Martí en Ibor City.

Estamos en una ápoca en que cada barco procedente de España que arriba al puerto de La Habana, trae un buen número de pasajeros que mayormente son soldados de relevo para guardar el orden de la Colonia, o simples emigrantes, que llenos de ilusiones y con la natural nostalgia por el terruño, vienen en busca de fortuna.

Dejando atrás todos cuanto amaba, pero con el corazón colmado de emociones y entusiasmo, desembarca el joven valenciano Vicente Martínez Ibor con cartas de presentación y con un destino oficial para desempeñar en Cuba. Tan pronto salta a tierra por el muelle de San Francisco recorre la ciudad y bajo el ardiente sol tropical percibe el contínuo movimiento capitalino con su gentío mezclado de mulatos y negros trabajando al compás de una música exótica, que casi se pierde en el ruido de los carros tirados por mulas y el pregonar de los vendedores callejeros, y en tanto observa extasiado aquellas escenas pintorescas y nuevas para él, va forjando distintos planes con vistas a un mejor porvenir. Hasta que fija su atención en el tabaco, que es una de las industrias más importantes del país. Y decididamente orienta sus legítimas aspiraciones de mejoramiento hacia los negocios tabacaleros.

Ante el mundo entero, Vuelta Abajo en Cuba es tan célebre por su hoja como el Champagne de Francia por sus vinos. Durante siglos España y otros países europeos han estado consumiendo el insuperable producto cubano, cuya exquisita calidad es privilegio exclusivo que la naturaleza le ha dado a la “tierra más hermosa que ojos humanos vieron”. Después de quedar suprimido el estanco en 1817 y ser declarado libre el cultivo, venta y tráfico de toda clase de tabaco, pero principalmente en las provincias de Habana y Pinar del Río. En menos de dos décadas aproximadamente, ya los negocios tabacaleros en el país se hallaban en pleno desarrollo, existiendo fábricas de primer orden como las de Bernandino Rencurrell, Ambrosio Larragaña, Francisco Cabañas y Anselmo González del Valle.

En efecto Martínez Ibor no tardó en establcer un taller de tabaquería, al que dedicó su mejor atención, y mayor esfuerzo hasta lograr, con perseverante trabajo e innumerables privaciones, un crecido capital. Por su capacidad extraordinaria para los negocios, pronto se dio a conocer el joven valenciano en el giro del tabaco conjuntamente con otros fabricantes como Leopoldo Carbajal, Prudencio Rabell, Pedro Murias, Gustavo Bock, José Gener y otros.

Poniendo en juego sus buenas relaciones y clara inteligencia para los negocios, Martínez Ibor obtiene una contrata con la Cárcel de La Habana por la cual los presos elaboraban tabacos para su ya conocida y respetada fábrica “El Príncipe de Gales”. Su buena reputación tabacalera llega a ser reconocida y respetada por propios y extraños, y la gran producción récord de su casa en 1859 no alcanzó a cubrir la aún mayor demanda de los numerosos clientes que aumentaban diariamente.

Ese mismo año se calculó el valor de la cosecha en $18.856.200, había en La Habana 377 fabricantes de tabacos y 38 cigarrerías. Algunos de estos fabricantes de puros poseían galeras subsidiarias que hacían un total de 516 talleres, donde 15128 tabaqueros torcieron millones de unidades de las cuales 24686300 fueron exportadas.

Durante todo el tiempo que en Cuba permaneció Vicente Martínez Ibor, no obstante sus reconocidas ideas liberales y arraigadas convicciones, pudo mantenerse alejado de toda actividad política en la Isla. Pero sin embargho, meses después del alzamiento de Yara de un grupo de patriotas cubanos contra el poderío español, el rico fabricante de tabaco fue acusado de prestar auxilio a los insurrectos. Posiblemente, sus reiteradas y públicas protestas por los contínuos aumentos de los impuestos al tabaco, fueron el motivo para considerarlo como enemigo del Gobierno del Reino.

Todavía exaltados los ánimos de los tristemente célebres Cuerpos de Voluntarios, quienes, como bajo el contagio de una locura colectiva, habían protagonizado los sangrientos sucesos del teatro “Villanueva”, luego los episodios del “Louvre”, el inicuo asalto a la casa particular de Leonardo Delmonte, y después el bárbaro saqueo del palacio de Miguel Aldama seguido por contínuos desmanes en diferentes lugares de La Habana, esto tuvo repercusión en la casa de Mártínez Ibor para su busca y captura, pero al no hallarlo le saquearon su residencia. Por suerte un buen amigo le había salvado la vida avisándole con tiempo de la orden de detención dictada en su contra. Posteriormente con la eficaz ayuda del Conde de Galarza, logra escapar de Cuba oculto a bordo de una goleta con rumbo al histórico Cayo Hueso donde hubo de permancer por espacio de 17 años. La  ida a Cayo Hueso habría de significar una nueva adaptación en su vida, aunque ciertamente esta vez, la prueba era más fuerte, puesto que emigraba a un país de costumbres nuevas para él, cuyo idioma le era desconocido. A la llegada de Martínez Ibor a Cayo Hueso en 1869, sólo existían allí algunas fábricas de tabacos de poca monta, razón por la cual establecer en esa localidad su conocida manufactura “El Príncipe de Gales”, además de ser la primera firma tabacalera procedente de Cuba se estableció en ese lugar, le corresponde también el honor de ser el iniciador de esa industrria en la Florida. El traslado al peñón de este rico hombre de la industria del tabaco, sirvió de incentivo para que otras importantes firmas imitasen su ejemplo. Pero la fábrica de Martínez Ibor siempre mantuvo la primacía sobre las demás.

El movimiento revolucionario emprendido el diez de octubre de 1868, obligó a muchas familias cubanas a abandonar el país. La colonia más importante de exiliados cubanos radicaba en Cayo Hueso, porque en ese cercano lugar de la patria irredenta encontraban seguro trabajo en la entonces floreciente industria tabacalera, donde su producción seguía el mismo sistema de elaboración que se practicaba en Cuba. Esto significó que en poco tiempo la población cayohuesera aumentara de manera considerable y que al establecerse allí los cubanos fueran principales actores en el desarrollo económico, social y cultural del Cayo. Pero algunos años más tarde, la competencia cada vez más intensa en las manufacturas y los contínuos conflictos obreros, forzaron a muchos fabricantes trasladarse del acogedor rincón floridiano.

Esta dificil situación obrera creada en el Cayo decidió también a Martínez Ibor, y a su socio Eduardo Manrara a cambiar de localidad. Coincidió con estos proyectos la visita que realizara al peñón el valenciano Gabino Gutierrez, ingeniero civil radicado en New York, quien venía muy bien impresionado de las excelentes condiciones climáticas que ofrecía Tampa para establecer allí un centro tabacalero. El ingeniero informó de la buena situación de los terrenos por él vistos a su paisano y amigo Martínez Ibor, y a su vez a Ignacio Haya, de la firma tabacalera Sánchez y Haya, de New York, que tenía igual propósito de trasladar su fábrica. Y los dueños del “Príncipe de Gales” para llevar a cabo los estudiados planes adquirieron Tampa, por la suma de cinco mil pesos, los terrenos donde habría de levantarse más tarde el suburbio de Ibor City; designando al propio ingeniero Gabino Gutiérrez para que realizara el trazado de la población, con sus confortables casas destinadas a las viviendas de los tabacaleros y un amplio edificio de madera para instalar la fábrica.

La empresa Sánchez y Haya inició lass operaciones en su nuevo local con cuarenta tabaqueros en los primeros días de febrero de 1886, embarcando el trece de abril de ese año los primeros tabacos elaborados en Tampa con hojas cubanas. En cambio, a la manufactura de Martínez Ibor le surgieron distintas dificultades y se vio en la necesidad de retardar su reapertura hasta un mes más tarde. Dos hechos acaecidos simultáneamente impidieron verificar el plan trazado. Uno fue el fuego ocurrido en uno de los almacenes de tabaco en Cayo Hueso cuando el gran incendio arrazó con el histórico “Club San Carlos”, varias casas y algunos almacenes de tabaco; y el otro motivo, provocado por la tirantez que entonces existía entre cubanos y españoles, fue la huelga declarada por los tabaqueros cubanos en protesta de que un español había sido designado para trabajar en el departamento de teneduría de libros de la fábrica. Al fin después de vencer estos obstáculos, la manufactura “El Príncipe de Gales” empezó a funcionar en el mes de marzo y al finalizar el año su producción se elevó a 900,000 tabacos mensuales.

El traslado de Martínez Ibor y de Sánchez y Haya a Ibor City fue imitado por otros industriales que también se asentaron y comenzaron a manufacturar en Tampa, tales como los hermanos Pino, que se instalaron al oeste de la localidad fundando Pino City, convertida luego en West Tampa, más otras fábricas que se fueron alojando allí hasta convertir aquella zona en el centro más importante de la industria del tabaco cubano en territorio estadounidense.

Vicente Martínez Ibor era un buen español, que amaba su patria, pero el valenciano tuvo un profundo sentimiento liberal probado, no podía aceptar y no admitió nunca la política que mantenía España en Cuba y de la que él mismo fue víctima. Por eso, Martínez Ibor veía con profunda simpatía y protegía a los muchos tabaqueros que luchaban por conquistar su libertad política y los albergaba en Ibor City.

Tempranamente quedó allí reflejada la poderosa influencia de la emigración cubana en tierras norteamericanas.

Varios patriotas encontraron sustento en el negocio de Martínez Ibor por ejemplo el patriota José Dolores Poyo ocupó el empleo de lector de la fábrica “El Príncipe de Gales”; el entusiasta Ramón Rivero fundó el períodico “Cuba” y el “Club Flor Crombet”; otros ejemplares patrióticos crearon varias organizaciones revolucionarias, tales como el Centro Independiente Cubano y La Liga Patriótica Cubana. Además las mujeres también levantaron asociaciones rebeldes: Gonzalo de Quesada, Estrella Solitaria y Obreras de la Independencia. Al estallar la revolución de Martí en 1895, en Ibor City existían treinta sociedades revolucionarias que contribuían a los fondos del Partido Recolucionario Cubano. Algunas de estas agrupaciones exigían de sus asociados el aporte del diez por ciento de su salario semanal, y otras demandaban de cada uno de sus integrantes una cantidad que fluctuaba entre dos, tres o cinco pesos a la semana.

Cuando Martí visitó por primera vez la Florida en viaje de activa propaganda revolucionaria, sus más entusiastas colaboradores los halló en Ibor City, lugar donde permaneció varias horas que empleó cambiando impresiones con las destacadas figuras cubanas radicadas allí y en visitar las fábricas de tabacos, donde él cuenta que “estaba cierto viajero una mañana en el escritorio de la manufactura de Martínez Ibor, allá por Tampa, y hablaba con él, sentado en la mesa del dueño, uno de los operarios del taller. Entró un anciano de rostro bondadoso, se levantó el operario a darle la silla; y el anciano le puso las dos manos en los hombros, y dejó sentado al trabajador en el asiento del dueño. Era don Vicente Martínez Ibor”.

Su profundo amor por Cuba y los cubanos lo demostró una vez más Martínez Ibor en ocasión del grave conclicto surgido en la fábrica “La Rosa Española”, en Cayo Hueso. En esa oportunidad, aprovechando el movimiento de huelga declarado por los obreros cubanos, los agentes peninsulares se combinaron con las propias autoridades americanas para desalojar a los rebeldes residentes y fundadores del lugar y sustituirlos por obreros españoles traídos expresamente de La Habana. En actitud generosa, el dueño de “El Príncipe de Gales” acogió en sus talleres de Ibor City a cuantos obreros quedaron desplazados en el peñón, evitando con su noble proceder una segura situación de miseria para aquellos hombres y sus familias en esos aciagos días. Afortunadamente para la causa cubana, un excelente amigo de Cuba y devoto de Martí, el abogado Horacio S. Rubens, se hizo cargo de la defensa de los trabajadores desplazados y tras de llevar el asunto con suma habilidad y energía logró el reembarco de todos los rompehuelgas.

Con motivo de negarse a trabajar en los mismos talleres cubanos y españoles, esa mambisa Ibor City presentaba la singularidad de poseer fábricas exclusivas para tabaqueros cubanos y fábricas donde únicamente laboraban peninsulares. Al instalarse allí, sin embargo la manufactura de Seidenberg se hizo una excepción al trabajar en ella obreros de ambas nacionalidades.

Ibor City, la población floridiana levantada por el esfuerzo y tenacidad de este meritísimo propulsor de la industria tabaquera, recogió su último aliento el día catorce de diciembre de 1896, cuando murió Vicente Mártínez Ibor legando a la posteridad una vida ejemplar y el raro privilegio de contar tres patrias, ¡cuál de las tres más amadas por él!. España, tierra que lo vió nacer y le dió la energía impetuosa de su raza; Cuba, tierra que lo encaminó y le ofreció una compañera noble y cariñosa; y los Estados Unidos, tierra que lo engrandeció y amorosamente lo acogió en su seno.

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