Uzbekistán, una gran atracción turística

Written by Libre Online

28 de noviembre de 2023

El país asiático pretende convertirse en un gran destino turístico, con su “Perla de Oriente”, como llamaban antiguamente a la ciudad de Samarcanda, como principal reclamo. Uzbekistán ha declarado una «política de puertas abiertas» que exime de visado a los ciudadanos de cerca de cien países.

Kulpash Konyrova

Uzbekistán apuesta fuertemente por el turismo para convertirlo en uno de los principales motores de su economía y el instrumento para acabar con la maldición del cultivo del algodón, una de sus principales riquezas y también fuente de graves problemas ecológicos, como la casi desaparición del mar de Aral.

Y es que los algodonales necesitan mucha agua, unos 10.000 litros para obtener apenas un kilo de la preciada fibra, lo que llevó a las autoridades soviéticas a sobreexplotar los recursos hídricos para el riego de los cultivos e incluso a trasvasar ríos que alimentaban el mar de Aral.

“Si multiplicamos por tres o cuatro los ingresos por el turismo podremos dejar de plantar algodón”, ha asegurado el presidente uzbeko, Shavkat Mirziyóyev, que calcula que con una estrategia bien aplicada el país para 2030 podría recibir unos 15 millones de turistas extranjero, el doble que en 2023, que reportarían ingresos por hasta 5.000 millones de dólares.

Al intervenir en octubre pasado en la 25ª sesión de la Asamblea General de la Organización Mundial del Turismo (OMT) celebrada en Samarcanda, el mandatario uzbeko recordó la máxima de que cada dólar invertido en la industria turística reporta tres o cuatro de beneficios.

El algodón cede el paso al turismo

Como destacan las autoridades uzbekas, incluso en los tiempos soviéticos, cuando se movilizaba prácticamente a toda la población para la recolección del algodón, la exportación del «oro blanco» no dejaba en la república más de 1.000 millones de dólares al año, suma comparable con la que reporta actualmente la industria turística.

Para atraer al turista Uzbekistán ha declarado una «política de puertas abiertas» que exime de visado a los ciudadanos de cerca de cien países, mientras que los de otros 55 pueden tramitarlo por internet mediante un sencillo procedimiento.

Los datos oficiales señalan que en los últimos dos años el Gobierno ha invertido 1.000 millones de dólares en infraestructura crítica, incluida la restauración de monumentos históricos, carreteras y puentes, instalaciones de energía y agua, lo que ha permitido captar para los mismos fines inversiones privadas por 2.000 millones de dólares.

La Perla de Oriente

Pero el mayor imán turístico del país es la Perla de Oriente, como llamaban antiguamente la ciudad de Samarcanda, una de las más antiguas del mundo aún habitada, y cuya fundación algunos historiadores sitúan entre los siglos VIII y VII antes de Cristo. «Estamos maravillados con todo lo que tiene que ofrecer Samarcanda», dijo a EFE la secretaria de Estado de España de Turismo, Rosana Morillo, en los márgenes de la Asamblea General de la OMT.

La prosperidad de Samarcanda, que llegó a convertirla en una de las mayores ciudades de Asia Central y en la capital del imperio de Timur (Tamerlán), obedeció a su localización en la Ruta de la Seda entre China y Europa.

Entre sus maravillas se encuentra el Registán, una plaza pública en el corazón de la antigua ciudad, enmarcada por tres madrasas, que deja boquiabierto al turista más experimentado. “Si quieres saber sobre nosotros, examina nuestros edificios”, se puede leer en uno de los monumentos dejados por Timur.

Entre ellos destaca la mezquita Bibi Janun, que debe su nombre a una de las mujeres de Timur, cuya construcción comenzó en 1399 y cuya parte principal quedó terminada cinco años después. Según un historiador de la época, en los trabajos participaron ingenieros y trabajadores de distintos lugares y se emplearon 95 elefantes traídos de la India para transportar materiales.

Pasear por Samarcanda es también un viaje por el mundo de los aromas orientales, parte ya del paisaje urbano gracias a sus numerosos restaurantes atestados de público, sobre todo en primavera, la mejor estación del año para visitarla.

Los artesanos aprovechan el tirón del turismo

La afluencia de turistas ha hecho florecer los mercados de Samarcanda, donde artesanos de diversos rincones del país venden sus trabajos. 

“Vine aquí con mi familia para continuar el oficio de mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo”, dice  el alfarero Azizbek, de 35 años, que se trasladó a Samarcanda desde Rishtán, una localidad famosa por sus piezas de greda colorida.

En su mesón exhibe tazas, cuencos, bandejas, jarrones de diversas formas y colores, que adquieren gustosamente los turistas extranjeros y nacionales.

“Somos en total 40 personas en la alfarería, y cada una tiene una tarea específica. Uno modela el jarrón, otro lo pone en el horno, un tercero dibuja el ornamento y un cuarto lo pinta. No hay dos iguales”, asegura orgulloso Azizbek.

Es casi imposible resistirse a la tentación de llevarse como recuerdo una “tubeteika”, gorro de Asia Central con forma de yurta, la tienda que antiguamente servía de vivienda a las tribus nómadas, que artesanos bordan con motivos típicos.

“Las ‘tubeteikas’ de las distintas regiones de Uzbekistán se diferencian por su forma y su ornamento”, explica  Alim Timúrov, un artesano de 50 años, especialista en la confección del tradicional gorro centroasiático.

La clave: la conectividad

En su apuesta por el turismo las autoridades uzbekas han hecho hincapié en el desarrollo de la conectividad, y para ello adquirió seis trenes españoles de alta velocidad Talgo, que unen la capital del país, Taskent con Samarcanda y Bujará, la otra joya de la antigua Ruta de la Seda.

Bujará, la cuarta ciudad del país, alberga numerosos santuarios y mezquitas, que la convierten en un lugar de peregrinación de los musulmanes.

Se calcula que en el territorio de Uzbekistán hay más de un millar de santuarios, por lo que la atención al turismo religioso es un asunto prioritario para las autoridades del país.

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