Uno de los cubanos que más batallaron por la independencia

Written by Libre Online

4 de junio de 2024

Por Jorge Quintana (1954)

José María Rodríguez, simboliza el estoicismo. Luchó tenazmente por libertar a su patria. Tenía extraordinarias condiciones de jefe superior. Poseía cultura, era brillante en la concepción de las batallas, en el despliegue de la estrategia, en la utilización de los recursos. Pero donde sobresale es en su capacidad para el sufrimiento. Todo podrán discutírselo, todo podrán regateárselo, pero lo que no podrán jamás discutirle ni regatearle es su desinteresado patriotismo. Desde que se incorporó a la revolución separatista, hasta que cerró sus ojos en el año tercero de nuestro siglo actual, José María Rodríguez no hizo otra cosa que demostrar, hasta la evidencia, la calidad singular de su patriotismo.

Nació en Santiago de Cuba en casa grande, señorial, el 13 de junio de 1849. El padre se llama igual que él. Es hombre de posición. La madre doña María del Carmen Rodríguez.

En la ciudad natal va creciendo. Allí acude a la escuela, se prepara para una brillante carrera. En 1868 tiene 19 años. En La Demajagua Carlos Manuel de Céspedes ha lanzado el grito de independencia. De la ciudad sale el joven José María Rodríguez a incorporarse a las huestes libertadoras. Casi junto con él llega al campamento mambí su padre. Viene desolado a implorar del jefe insurrecto que ordene al hijo su inmediato regreso a la casa santiaguera. Habla del dolor de la madre. Pero nada de aquello hace cejar al joven revolucionario en su decisión. “Si tengo que regresar a la ciudad, me suicido”. El padre comprende. El cubano aquel es de estirpe. Lo abraza y se despide. Hubiera sido inútil insistir. Y así, como simple soldado, la Revolución Cubana ganó un devoto más en la persona de José María Rodríguez y Rodríguez, más popularmente conocido por Mayía Rodríguez.

El general Donato Mármol lo llama a su Estado Mayor. Primero como ayudante, después como jefe de sus ayudantes. Opera con este jefe y con el general Luis Marcano, las dos figuras militares de más relieve en estos primeros tiempos de la Guerra de los Diez Años. A la muerte de estos jefes, que fue casi por la misma época, pasó a operar a las órdenes de Policarpo Pineda, Antonio Maceo y Máximo Gómez. Participa, a las órdenes de estos dos últimos jefes, en la campaña de Guantánamo de 1871. 

El 4 de agosto se distingue en la acción del Cafetal “La Indiana”. Asciende a comandante haciéndose cargo del mando del Regimiento de Caballería Santiago. Después pasa con estos mismos jefes a la campaña camagüeyana, que era el inicio del plan invasor a las comarcas occidentales puesto en práctica por el mayor general Máximo Gómez. Participa en casi todos los combates de este período. En “El Naranjo” una bala le destroza la rodilla. Todo indica que quedará la pierna completamente inutilizada. El médico que lo atiende así se lo indica, preguntándole por la forma en que quiere que quede la pierna. La decisión es tajante:

—Cúrvela, así podré seguir montando a caballo.

El médico obedeció y la pierna no fue estorbo para que siguiera siendo un excelente jefe de caballería.

Un mes más tarde y ya está participando en la batalla de Las Guásimas. El general Gómez admira su valor. Es uno de los más decididos y mejor preparados entre el grupo de jefes bisoños que actúan bajo el mando del brigadier Antonio Maceo.

Después del fracaso de aquel intento invasor, en cierta forma frustrado porque los sangrientos combates de El Naranjo y Las Guásimas que liquidaron prácticamente a las fuerzas invasoras, el general Maceo regresa a Oriente. Con él va el comandante Mayía Rodríguez. La campaña es recia. En Mangos de Mejía el general Maceo es herido gravemente. La tropa cubana resulta dispersada. En una camilla, casi agonizando tiene que ser trasladado el general Maceo a sitio seguro. 

Su hermano José, con un pequeño grupo de bravos, lo defiende. Pero los soldados españoles conocen la noticia de que el genial Maceo está herido y tratan, por todos los medios, de capturarle. Mariana Grajales y María Cabrales están junto al herido. Cuando ya todo indica que la jauría perseguidora va a darle alcance llega el comandante Mayía Rodríguez con su Regimiento y se hace cargo de la custodia del herido. Los españoles tendrán que abandonar la persecución. Y es así como salva la vida el general Maceo.

Después será San Ulpino. Y después será el Pacto del Zanjón que él acepta, a pesar de que es contrario a la idea. Ha concluido la campaña primera con el grado de coronel. Apenas si tiene veintinueve años de edad cuando regresa a la ciudad natal, de donde saliera diez años antes para incorporarse como simple soldado en el ejército de la patria.

Como no está conforme con lo pactado en el Zanjón se dedica a conspirar. Del campo de la insurrección han llegado otros jefes que tampoco aceptan aquel convenio. Flor Crombet es uno de ellos. El Gobernador Militar se da cuenta de la conspiración y ordena la detención de Crombet, Mayía Rodríguez, Pedro Martínez Freyre, Pablo Beola, Antonio Aguilera y otros, disponiéndose su deportación a España. En el castillo de Mahon son recluidos. Allí permanecerá tres años. Cuando logra su libertad se traslada a los Estados Unidos, después a la República Dominicana donde estableció su hogar, casándose con doña Manuelita Pou.

Allí también habrá de establecerse el general Máximo Gómez. Paquito Borrero y otros jefes del 68. Con ellos se mantuvo en contacto previendo los acontecimientos que tienen que ocurrir, porque están convencidos de que no hay pueblo que se resigne a vivir sin libertades.

En 1892 el general Máximo Gómez remitía sus contactos con José Martí. El coronel Mayía Rodríguez es incorporado al Estado Mayor del mayor general Máximo Gómez. Los viajes a los Estados Unidos del general Gómez y los de Martí a Santo Domingo concluyen por elaborar todo un plan insurreccional. El 14 de noviembre de 1894 el general Gómez envía al coronel Mayía Rodríguez, por la vía de Haití, a los Estados Unidos. Todo indica que la expedición donde deberá enrolarse él general Gómez está al salir y su jefe de Estado Mayor va a ultimar los detalles. Pero el plan expedicionario fracasa cuando en Fernandina, por la delación de López de Queralta, el gobierno norteamericano detiene a los barcos alquilados para trasladar las expediciones.

Ese mismo día del fracaso expedicionario de Fernandina, Mayía Rodríguez y Enrique Collazo están instalados en el Hotel Duval, en Jacksonville esperando noticias. José Martí los manda a buscar al Hotel Travellers para explicarles lo ocurrido. El Delegado protesta por la responsabilidad que se le pueda achacar. Está desolado. Mayía lo consuelan y reaniman. Todo no está perdido. Y mientras Martí consulta, a los que están en Cuba y se dirige a la emigración en demanda de ayuda, Collazo sale para Tampa en unión de Mayía a esperar nuevas noticias de José Martí.

En Nueva York se reúnen el 29 de enero de 1895, Martí, Mayía Rodríguez y Collazo. Analizan la situación. Tienen ya informes precisos de la decisión de la isla. Y toman el acuerdo de ordenar el alzamiento. Son las cuatro de la mañana del 30 de enero cuando Mayía estampa su firma al pie de la orden, haciendo constar que lo hace en representación del Mayor General Máximo Gómez, a quien el Partido Revolucionario Cubano ha designado General en Jefe del Ejército Libertador.

Inmediatamente salen para Cabo Haitiano, camino de Santo Domingo, en demanda del general Gómez. 

El 7 de febrero ya están en Montecristi reunidos con el viejo caudillo. Cinco días después salen para Santiago de los Caballeros. Mayía se llega hasta la capital en busca de ayuda pecuniaria que solicitará del general Ulises Hereaux, dictador de la República Dominicana. Regresan Martí y Gómez a Montecristo. Allí llega Mayía con la noticia de que el 24 de febrero se ha producido el levantamiento. Ya no hay nada que esperar, sino salir inmediatamente para Cuba.

 Se acuerda que Martí regrese a los Estados Unidos, sin antes haber estado en el campo insurrecto. Ahora con Collazo y Manuel Mantilla los que saldrán inmediatamente para los Estados Unidos, a fin de alistar una expedición que refuerce la acción que se desenvuelve en los campos cubanos. Mayía también toma el rumbo de los Estados Unidos para organizar otra expedición. El plan es claro.

En Oriente el general Gómez deberá organizar un fuerte contingente de tropas y avanzar hacia Occidente. El general Rodríguez deberá desembarcar en Las Villas o Camagüey, mientras Collazo lo hará por Occidente. Allí deberán aguardar la llegada del general Gómez.

La emigración cubana en la Florida vio llegar, todo animoso al inválido insigne. La hora de la patria está sonando y no será él de los remisos en ofrecerse a la patria una vez más. En Pine Key se concentran los expedicionarios. Para que el plan no falle, han decidido reunirse los generales Carlos Roloff y Serafín Sánchez con Mayía Rodríguez. 

El 18 de julio de 1895 se embarcan los expedicionarios en el “James Woodall” para las playas cubanas. Tocan en Islas Mujeres para aprovisionarse de agua, pero como no traen documentos las autoridades mexicanas los detienen. El 21 el “James Woodall” se da a la fuga. Tres días después llegan a las costas cubanas, desembarcando el 25 en la Playa de Tayabacoa, Jurisdicción de Tunas de Zaza, en el término municipal de Sancti Spíritus, provincia de las Villas. El cargamento es importante. Traen trescientos rifles, trescientos machetes, trescientos mil tiros y ciento treinta y dos expedicionarios. Fue la más grande expedición y el combate de Peralejos, eran los dos hechos más notables de aquella campaña, hasta ese momento.

Los expedicionarios se internan. Hacen alto para almorzar. El general Rodríguez percibe la cercanía de las fuerzas, rápido desenvaina el machete y se apresta al combate. Es otra vez el mismo jefe intrépido, valiente, audaz que en la guerra del 68. Pero no hay que cuidarse. Las fuerzas que se acercan son cubanas. Las manda el comandante Quirino Amézaga y viene a protegerlos.

El general Rodríguez marcha hacia la provincia de Camagüey donde el general Gómez está operando y aguardando por el avance del contingente invasor, que en Oriente organiza el general Maceo. El 9 de octubre de 1895 ambos jefes se encuentran en La Aurora. Al día siguiente, en La Matilde, el general Gómez anuncia el nombramiento del general José María Rodríguez para el cargo de Jefe del Tercer Cuerpo de Ejército.

El general Gómez designa jefe del Quinto Cuerpo al mayor general Manuel Suárez, pero el general Maceo indica que prefiere que ese mando se le confíe al general Rodríguez y el 18 de diciembre de ese mismo año se realiza la permuta. El general Rodríguez deberá avanzar hacia La Habana y organizar el Cuerpo de Ejército, cuyo mando se le ha confiado. Pero la marcha es difícil. Por otra parte, el Consejo de Gobierno ha estado interfiriendo las órdenes del cuartel general del General en Jefe con contraórdenes. El general Rodríguez, disciplinado ha obedecido al Consejo de Gobierno. Es por eso que en la Trocha de Júcaro a Morón lo encuentra todavía el general Gómez el 26 de mayo de 1896. El encuentro es desagradable. El general Gómez quiere que el general Rodríguez vaya a donde está el gobierno a recibir órdenes.

 El general Rodríguez le responde con entereza que al gobierno todos le debemos respeto y acatamiento. Pero el general Gómez sabe que, en este guerrero, cuya pierna inválida le recuerda el combate de El Naranjo, donde se la hirieron, es hombre en quien se puede confiar. Le sabe honesto, cumplidor, valiente. El 3 de septiembre de ese mismo año le entrega sesenta mil tiros y doscientos hombres, ordenándole que avance a la región occidental a hacerse cargo del mando para el cual ha sido nombrado. El 5 de octubre sale con el regimiento expedicionario. Pero el avance no es nada fácil. Dos días después, el 7 de octubre, en la finca “colorado” lo sorprende el enemigo. En la acción otro balazo le destroza la pierna sana. Tiene que pasar al Cuartel General del general Gómez a atenderse.

En enero de 1897 el general Gómez lo designa Jefe del Departamento Militar de Occidente, que mandaba el lugarteniente general Antonio Maceo al ocurrir su muerte, el 7 de diciembre de 1896. El general Rodríguez emprende nuevamente la marcha hacia Occidente. En Trinidad le atacan los españoles. Al cruzar el río Mabujina es nuevamente atacado y derrotado. 

Continúa, a pesar de ello, el avance. Weyler está concentrado desde hace algunas semanas, varias columnas españolas en la región central de la isla, pretendiendo declararlas también pacificadas. Cuando el general Rodríguez cruza por Las Villas sostiene el sangriento encuentro de Mercón. Después el 27 de febrero de 1897, será la acción de Cordobanal. Los destrozos en las fuerzas que trae son de tal magnitud que tiene que enviar a su jefe de Estado Mayor, el coronel Enrique Loynaz del Castillo, por refuerzos al Cuartel General del general en jefe.

El enemigo le sorprende acampado en Quemados Grandes. Junto con él están los generales Carrillo y Monteagudo. Son dispersados. Pero su tenacidad está a prueba. Apenas si se repone un poco y ya está en camino de nuevo a La Habana. Cruza por Matanzas. Destituye al general Avelino Rosas, nacido en Colombia, hacía la guerra como él la entendía y había jefes cubanos a quienes les desagradaba operar bajo sus órdenes, porque no era un general muy conocido en el Ejército Libertador.

El 22 de julio de 1897 llega a La Habana el general Rodríguez y asume la jefatura del Departamento Militar de Occidente. Dispone todo para activar la campaña. En Matanzas tiene al frente de la División al general Pedro Betancourt y en La Habana cuanta con el general Alejandro Rodríguez. Además, tiene jefes a sus órdenes que han evidenciado ya cuánto valen. En Matanzas son Rojas, Dantín, Pancho Pérez, Eduardo Gómez, Clemente Gómez. En La Habana son Adolfo Castillo, Rafael de Cárdenas, los Collazo, Néstor Aranguren, Raúl Arango, Juan Delgado, Baldomero Acosta, Jacinto Hernández y otros. En Pinar del Río ya actúa el mayor general Pedro Díaz organizando el Sexto cuerpo de Ejército.

El 4 de noviembre de 1897 firma una orden disponiendo la ejecución sumaria de todo mensajero de paz que llegue a los campamentos mambises con proposiciones que no tengan por la base la independencia. En Los Cocos estable su cuartel general. Dirige las operaciones. La campaña toca a su fin. Pero todavía el 14 de mayo de 1898 libra el combate de Flor de Mayo, donde en unión del general Alejandro Rodríguez derrotaron a los españoles.

Llega la paz. El general Gómez, en su avance sobre La Habana, se le reúne. Está satisfecho con su actuación. El 24 de febrero de 1899 entra en la capital de la isla. Después del general Gómez, es el jefe de mayor graduación de aquellas fuerzas mambisas.

La política se hace activa. El general Mayía Rodríguez se declara partidario de la candidatura presidencial del general Masó. Después se dedica a organizar asilos para inválidos de la guerra. Él que es uno de ellos, quiere todavía luchar por mejorarles las condiciones de vida. Por propia experiencia sabe lo que habrá de esperarle a aquellos mambises a quienes la guerra privó de alguno de sus miembros. Todavía habrá de sufrir nuevas decepciones.

 Cuando se establece la república manifiesta una modesta aspiración. Vive casi en la indigencia y necesita de aquel destino para atender los gastos de la familia. Quiere ser director de la Casa de Beneficencia. En fin, de cuentas, ¿no es otro asilo? Pero allí él quiere acabar sus días. Entre aquellos niños abandonados quiere él vivir. No le atienden. Nombran a otro. A pesar de eso no hay una queja. No tiene un centavo. Pero a él no le importa. Vivirá así hasta el último instante. 

El 24 de marzo de 1903 muere en La Habana quien estoicamente había vivido por la patria. Con mucha razón Ramón Roa pudo decir, comentando su muerte, en las páginas de “La Discusión” de aquellos días, que fue “uno de los cubanos que más batallaron por la independencia”.

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