Una Raza ya definida. ESTE SOY YO, EL CABALLO CUBANO

Written by Libre Online

25 de octubre de 2022

Justicia tardía, pero justicia al fin. Definición de una raza: caballo cubano de paso. ¿Por qué no se le llamó «caballo criollo»?. Caballos célebres en la historia de Cuba. La jornada del Centauro. Dos Ríos. Los primeros Gobiernos republícanos. Mi hermano, el «árabe». Los cinco andares del caballo cubano. Un orgullo: la marcha criolla. «Retráteme bien para LIBRE», dice nuestro caballo entrevistado.

Escribe Nivio López Pellón.

Fotos de Amador Vales (1958)

No fue hasta hace muy poco, apenas si dos años, y con limitada divulgación por cierto, que se fijó el “standard” radical del llamado “caballo criollo”, oficializando la raza llamada  “Caballo cubano de paso”. Hasta entonces no teníamos una raza propiamente dicha, porque nuestra indiferencia en la mescolanza del animal inglés, árabe o hispano-árabe, cruzando indistintamente toda clase de yeguas, hizo que los rasgos características del criollo se desatendieran, apareciendo una veces y confundiéndose otras.

En el standard racial, ya definido no se denominó el animal: «criollo», como hubiera parecido lo más lógico, porque internacionalmente se prestaría a confusión: en Argentina, por ejemplo, hay criadores de caballos criollos aunque sus características y funciones no son las del criollo cubano. No se le aplicó tampoco la denominación de “caminador”, porque traería también equivoco con los “campolina” y «manga larga», que son caballos “caminadores” del Brasil. Tampoco podía ponérsele el nombre de «marchadores», para no confundirlos con los “marchadores” usados en las filas del ejército. “Caballo cubano de paso” es el nombre de pila con que se le ha bautizado.

Aunque tardíamente, se ha hecho justicia al caballo cubano, criollo, y bien merece que lo entrevistemos.

Para la entrevista nos hemos hecho entender con los caballos que aparecen en las fotos interesan dos al lector la respuesta que nos han dado, no el modo como hicimos las preguntas; de ahí que las preguntas la dejamos en puntos que aquí la entrevista:

Yo vine para Cuba a (nos dice el caballo) en los primeros días de la colonización; necesitaba cumplir mi consigna de no abandonar al hombre blanco en sus conquistas. Pero me encontré que la isla no había entonces más que seis  animales mamíferos: perro mudo, curiel jutía, almiquí, manatí y murciélago.

Traía yo en mis venas,  como es natural, sangre árabe, y procedía del sur de España, de la tierra morisca.

Y sepa una cosa, periodista, que a principios de este siglo ya no quedaba en Cuba ninguno de mis hermanos árabes de pura raza.

Aunque después en 1917 al regalarle el Rey de España tres ejemplares puros,  al presidente Menocal , comenzó a fomentarse con cuidado estas crías, y hoy Cuba es uno de los países de América que tiene mayor número de árabes legítimos.

Llevo conmigo el recuerdo triste de que la primera sangre cubana vertida por los españoles fue debido a un incidente mío: causé tanto asombro cuando me vieron con un jinete sobre el lomo, que llegaron a pensar que él y yo formábamos un todo, y atemorizados se reunieron a mi alrededor,  y los españoles,  previendo una defensa dispararon sus rifles incendiarios sobre la tez aceitunada de los indios.

Por eso me presté después con tanto cariño al empeño glorioso de la causa independentista y fui el más valioso acompañante del mambí . ¡cuántas veces hice huir a los españoles cuando me lanzaba sobre ellos en las famosas cargas al machete! sobre mí escribió Perucho Figueredo la letra del himno inmortal.

Parece mentira  que ustedes los periodistas no hayan divulgado los nombres de mis hermanos célebres y que sean contadísimos cubanos,  los que sepan que Macepa fue el nombre del noble animal que cabalgó Narciso López cuando hizo la “Jornada del Centauro”: huyó de Cienfuegos a Colón, descubierta la conspiración de la Rosa cubana; y que Pajarito fue el caballo sobre el cual escribió Perucho Figueredo, en la plaza de Bayamo la letra de la marsellesa cubana; y que Ballestilla fue el caballo con que el bayardo Ignacio Agramonte escribió la página gloriosa del Rescate de Sanguily; y que Baconao, Martinete y Zaino, son los nombres de tres caballos gloriosos en la independencia cubana, por pertenecer respectivamente a los tres ases de la revolución: Martí, Maceo y Gómez, siendo el primero de estos,  un hermoso caballo moro , que José Maceo había regalado al apóstol y del cual cayó Martí  abatido a balazos en la tarde gris del 19 de mayo del 95, en Dos Ríos. Pero ¿para qué seguir hablando de la indiferencia del cubano para estas cosas? 

A mí la política republicana me ha hecho mucho daño: como vivo en el campo, y todo se va siempre en atenciones a la capital, yo y el guajiro hemos quedado preteridos.

Y no hablo abrir “tocando una flauta por casualidad”, como diría la fábula sino con conocimiento de causa: el Gobierno de Estrada Palma no compró un solo semental. Todo eran yegüitas y más yegüitas,  de la tierra del sarape, José Miguel Gómez compró seis  sementales, Menocal importó una docena pero todos los caballos traídos por él eran forzados o de trote… Pero ¿para qué seguir? recordar esto me hace daño: ahora es cuando me han reconocido me han bautizado y me han clasificado los rasgos de mi raza.

Como estamos en una época donde el que más y el que menos pide algo, yo también tengo derechos y por eso grité y se fundó una asociación de criadores de caballos criollos y definieron y oficializaron mi raza sin desdoro de mis hermanos de otras razas. ¿quién más cubano que yo, que siempre he sido llamado criollo  y siempre me las he arreglado en el campo, allí donde muchos no quieren ir.

Cuando la guerra del 1895 – bien lo recuerdo –  miles y miles de mis hermanos murieron. Después como ya le apunté anteriormente se importaron de México yeguadas trotonas,  y no reconociéndose mis méritos siquiera fuese lo de veterano de la guerra, empecé a escasear. Eso explica quizás me bautizaran y me oficializaran en por qué pasé  tanto tiempo sin el registro de razas conocidas.

Las razas criollas que a través del tiempo llegué a crear aunque no se oficializaron o estandarizaron como diría un técnico fueron inolvidables: los Ortices, los Ajurias,  los Govea.

Si mal no recuerdo solo en la región pinareña por deficiencia de pasto me mostré algo más conformado y de poca alzada, pero en La Habana y Santa Clara al lado de los ingenios me encontraba como el mejor caballo de paso de la isla. En Camagüey, que también me dieron siempre de comer en sus pastos me distinguí por mi gran alzada,  y hasta el trote que brindé a los ganaderos en su trabajo.

Siempre me acomodé a las necesidades del lugar. Para el ganadero fui por tiempo, caballo de trote, y en los ingenios me comporté como caballo de paso; hice más en Trinidad donde tuve una conformación especial, pequeña, seis cuartas,  característica de la que se llamó la raza trinitaria para facilitar así las increíbles jornadas que se permitían hacer los que montaban.

Pero vamos ya a mi raza de hoy definida: raza de caballo cubano o de paso. 

Sin ir a la escuela,  cómo me han dicho que van los caballos de factura norteamericana,  los del American Sadler Horses, por ejemplo, aprendiendo allí 3 y 5 “aires”. Y sin tanta lija como el caballo árabe,  que tiene paso, trote y galope; yo por instinto natural  y el jinete tiene habilidad y maña, pueda sacar, sin dificultad cinco andares. Estos mis cinco “aires” los tenga a orgullo: el paso, la marcha, la media marcha, el guaidrapeo y el galope. 

Yo no quiero ponerme a explicar todos esos pasos porque sé que van a leer mis declaraciones muchos profanos , que no entienden de estas cosas; pero solo le voy a decir a todos que mi orgullo y gloria donde nadie me aventaja y donde todos me envidian,  la marcha. 

Mi famosa marcha criolla con su paso rítmico, movimiento simétrico y porte cómodo,  dispuesto así a largas jornadas sin cansarme yo ni cansar el jinete ni cansar al jinete. Tan suave ese mi paso que dicen que llevo en mi andar, la cadencia de la música que parte del alma criolla de este pueblo.

Mi marcha es tan distintiva que se distingue notablemente del trote de las otras razas, en que el animal cae con todo el peso ello trotean en marcial “ra-ta-plán” mientras yo sé caminar con el elástico y con suavidad en el movimiento del cuarto trasero paraque el que me monte vaya cómodo.

Mi marcha es un movimiento bípedo diagonal; A veces ando con movimiento bípedo lateral , pero tengo mucho cuidado entonces en no “trancarme” y dar un “paso de andadura”, con deslizamiento de mis remos posteriores.

Y si me va a retratar para esta entrevista haga que me vean bonito en LIBRE y que se fijen bien como soy: perfil de cabeza ligeramente cóncava o convexa, pero preferentemente recta: de cabeza seca, sin piel pulposa;  de orejas cortas; de cuello mirando al horizonte, no arqueado; de lomo recto; de fuertes riñones; de grupa o anca, ligeramente convexa; de maslo (prolongación carnosa de la columna vertebral,  de dónde nace la cola), de maslo, repito, bajo; de cruz (donde nace la crin) ni alta ni deprimida: de crines finas y sedosas en ocasiones onduladas de pecho ancho y profundo de fuertes articulaciones y de cortas cuartillas; siempre dócil,  siempre alegre siempre noble.

Y si me tiran la fotografía en colores, periodista, que quede bien; fíjese que admito todos los colores, inclusive el gayado,  cuando el blanco no cubra más del 50%. (sepa el lector que el gayado combina el blanco con el dorado, negro o alazán).

Y si me saca la foto a 8×10, fíjese bien que quede bien centralizado mi cuerpo la fotografía;  yo tengo de alzada (distancia del suelo a la cruz o nacimiento de la crinera) de 1.45 a 151 y mi estatura ideal es de 1.48 m.

¿Qué más quieres saber? ya le he dicho bastante cosas que quizás usted no sabía. Yo sé que hay todavía muchas verdades que decir, pero me doy por satisfecho con que se haga un poco de justicia dando a conocer siquiera estas declaraciones de ahora, porque ya tengo un estándar definido y por mí habla una raza.

MACEPA fue el nombre del caballo con que Narciso López hizo la famosa “Jornada del Centauro”, lográndose poner a salvo, una vez descubierta la conspiración de la Mina de la Rosa Cubana, trasladándose en 24 horas desde Cienfuegos, Las Villas, a Colón, Matanzas.

PAJARITO fue el nombre del caballo sobre el cual el inmortal Perucho Figueredo escribió la letra de la marsellesa cubana en la plaza de Bayamo.

TALEMACO era el caballo favorito del Padre de la Patria: Carlos Manuel de Céspedes. Montado en él, entró triunfante Céspedes en Bayamo en jornada gloriosa de octubre del 68.

BALLESTILLA se llamaba el caballo que cabalgó el Bayardo: Ignacio Agramonte. cuando escribió en nuestra historia la gloriosa página de «El rescate de Sanguily».

ZAINO fue el último caballo de guerra que tuvo el Generalísimo Máximo Gómez, y que con cariño conservaba después  de terminada la guerra.

MARTINETE era el caballo del Titán de Bronce. Antonio Maceo y Grajales. Con él escribió nuestro lugarteniente General  páginas inmortales.

BACONAO era el nombre del bonito caballo moro que José Maceo había regalado a José Martí, y del cual cayó abatido a balazos el Apóstol, en la tarde gris del 19 de mayo de 1895. en Dos Ríos.

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