UNA METEDURA DE PATA EN LA  IGLESIA DE ST. GENEVIEVE

Written by Esteban Fernández

21 de febrero de 2023

Al comprar casa en North Hollywood, allá en California, consideramos que el colegio y la iglesia católica Santa Genoveva en Panorama City era ideales para las niñas.

Además, ahí estaban las hijas de mis amigos Enriquito Bin y Gil López.

Un domingo mi hija Sandy me dijo que la acompañara a la Iglesia. Y después fui muchas veces.

Desconocía la liturgia que utilizaba el sacerdote, pero con el rabo del ojo observaba lo que hacían mis hijas y las imitaba.

Una vez al llegar a la Iglesia de St. Genevieve aquello estaba “de bote en bote”, no tenía ni donde parquear.

Al entrar vimos que todos los bancos estaban ocupados y teníamos que presenciar la misa de pie.

Pero yo (tan dado a meter la pata) noté que la primera fila se encontraba vacía, vaya, nadie estaba sentado ahí.

Le hago la observación a Sandy y esta me dijo: “No, papi, tiene que haber algún motivo para que esto suceda, quédate aquí, olvídate”.

Le respondí: “¡No, no, de eso nada, si yo veo que alguien se posa ahí yo voy y me siento también, yo no acepto discriminaciones y menos en una Iglesia!”.

Ni corto ni perezoso fui y me senté en primera fila. A lo lejos veía a mi hijas muy molestas conmigo me indicaban con las manos que regresara donde estaban ellas paradas.

Estaba muy tranquilo y alegre porque a mi lado fueron acomodándose otros buenos católicos.

De pronto, el monseñor Cosgrove comenzó la misa, y lo primero que hizo fue pedir que los que estábamos en primera fila subiéramos al púlpito.

Allí habían situado 12 sillas, el cura pidió un aplauso para nosotros por ser “las personas que más habían cooperado con la iglesia durante el año” (Yo, desde luego, no había dado ni 10 dólares) y nos pidió que nos sentáramos y nos quitáramos los zapatos y las medias.

De pronto veo a Monseñor Cosgrove arrodillado delante de mi con una vasijita y una esponja lavándome los pies.

Sinceramente me pareció muy chistosa la situación, sin embargo, a lo lejos veía a mis hijas que estaban bravísimas conmigo, y estuvieron un par de días sin hablarme.

Desde luego, en mi defensa yo les digo que cuando le hacía el cuento de lo sucedido a todos mis amigos estos se orinaban de la risa.

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