Hace 200 años, Jedediah Smith llegó a California (Final)
Por Rafael Jesús de la Morena Santana
Para Jed no era un secreto que el desquite por la afrenta cometida se cernía sobre ellos. Había que poner tierra por medio. Era urgente que los mountain men evacuaran Alta California de inmediato, sin decir adiós, para no dar tiempo a “accidentes” en el camino: una avalancha de rocas, el posible asalto de una banda de forajidos “extraña en el territorio” o, simplemente, el ataque de guerreros indígenas de alguna desconocida tribu… ¡integrada por hombres blancos!
A finales de diciembre de 1827, los mountain men emprendieron una veloz algarada por el norte de California. Realizaron un raid de caza por el Central Valley y pusieron pies en polvorosa hasta el río Sacramento. De ahí siguieron rápidamente por la abrupta costa del océano Pacífico. Superadas las desembocaduras de varios ríos, continuaron a paso doble su inspección, reconociendo la geografía de ignotos parajes a lo largo del litoral, hasta pisar suelo de Oregón. Solo allí se sintieron seguros de estar fuera del alcance del largo brazo del vengativo Echeandía.
Parecían estar fuera de peligro. Vana esperanza. La adversidad reapareció al ser diezmados por los indígenas Kelawatset. Los escasos sobrevivientes, a escape, irrumpieron en… ¡Fort Vancouver!, a orillas del río Columbia, en el actual estado de Washington (EE. UU.). En aquel cuartel inglés de la Compañía de la Bahía de Hudson, en agosto de 1828, la homérica aventura de Jedediah Smith en el extremo oeste norteamericano había terminado.
Jed se mantuvo como explorador, guía, cazador y comerciante en rutas de Nuevo México, Arizona, Nevada, Colorado, Wyoming, Utah, las Dakotas, Nebraska y Oklahoma. Era el conductor de una caravana del Santa Fe Trail por el suroeste de Kansas cuando, el 27 de mayo de 1831, se alejó en búsqueda de agua y nunca regresó. Lo ocurrido pasó a ser un misterio.
Pasaron los meses y, en un mercado de Santa Fe, Nuevo México, sus hermanos Austin y Peter se tropezaron con un traficante que estaba ofreciendo pertenencias de Jed, entre ellas sus armas. El vendedor mexicano explicó que las había conseguido en un trueque con indígenas. Estos le habían contado que Jedediah tuvo que enfrentarse a una partida de guerra de los comanches, a varios de los cuales derribó a balazos antes de ser herido de muerte. De esta forma, aquellas reliquias del héroe se convirtieron en joyas de museos sobre la épica del Oeste.
Jedediah Smith desapareció para siempre en cumplimiento del deber. Tenía solo 32 años. Fue una prematura e irreparable pérdida. No importa: dejó un legado inmenso como explorador a la vanguardia del Destino Manifiesto. Los escritos y trabajos cartográficos de este visionario fueron un tesoro para los millones de emigrantes que colonizaron el Oeste. A tres lustros de su caída en combate, el poder de Washington se extendió hasta California. El sueño de su vida de compartir las maravillas del Far West con su nación y el mundo quedó cumplido.
El pueblo norteamericano brinda hoy su homenaje al célebre mountain man. En diferentes ciudades, escuelas y calles llevan su nombre inmortal. En la ciudad de San Dimas se encuentra la estatua de bronce de Smith, titulada “A Welcome Sight”, que conmemora su entrada por tierra en la región. También está el monumento de granito de Panorama Park, mirador sobre el Kern River Valley; el Jedediah Smith Redwood State Park; el Smith River y registros en el valle de San Bernardino, los cinco últimos en California. En el Fishlake National Forest, en Utah, un monumento marca la ruta seguida por la expedición de 1826. En Wagon Bed Spring, Kansas, una placa de bronce señala el área probable de su caída. En Bainbridge, Nueva York, en el Memorial Park dedicado al explorador, las Hijas de la Revolución Americana colocaron una tarja que lo nombra “Pathfinder of the Sierras”.
La Misión de San Gabriel Arcángel, donde se recibió a Jedediah Smith como embajador de paz y mensajero de buena voluntad del pueblo de los Estados Unidos, en su sorpresiva llegada de hace 200 años, se arruinó por la secularización mexicana de 1834. Gracias a Dios, fue devuelta por el Gobierno del presidente James Buchanan a la Iglesia católica en 1859. Comenzaba entonces un largo proceso de reconstrucción, concluido en 2023. Tiene el más antiguo cementerio católico de California. La Misión de San Gabriel es Hito Histórico de California y figura en el Registro Nacional de Lugares Históricos, además de ser un lugar de culto religioso católico, es un museo visitado por miles de estudiantes y turistas nacionales e internacionales.
Los frailes claretianos que atienden San Gabriel Arcángel en la actualidad exhiben con orgullo los documentos oficiales sobre la increíble presencia de Jedediah Smith en 1826. Se sienten honrados por ser sede de un acontecimiento histórico primordial, sello de amistad, puente de fraternidad y un hito que vincula estrechamente el idioma, la religión, las obras, la idiosincrasia y las hazañas de dos soberbias culturas que, en busca de horizontes de grandeza, fueron vitales en la portentosa formación de los Estados Unidos de América: la anglosajona y la hispana.







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