UN CUBANO RÍTMICO Y SONORO

Written by Libre Online

2 de enero de 2024

Por Ibrahim Urbino (1949)

Murió estrepitosamente, llevando hasta lo trágico su querella con el silencio. Vivió sin pausa entre bronca y sonido. Y así murió.

Osciló entre el más elevado rating de la popularidad del arte cotidiano y vende y la anécdota del Correccional. Y se quedó en ésta, por más decisiva y expedita

Así acumuló un doble récord de sucesos musicales y policiacos.

Pero la bala liquida y la música no. Y lo mataron cuando se disponía–ególatra impetuoso–a escuchar su propia música, su última composición. Fue una desconcertante ironía.

Siempre detrás de cada éxito arrastró un enredo. De faldas, de dinero, de algo. Eso parecía serle circunstancial y querido. O era que no dominaba la facultad de resolver con iguales ganancias todos los problemas de su vida.

Una vez lo navajean por una chulada de menor cuantía.

Otra tiene que fajarse con un reportero radial, comprando una bronca, que le corría debajo de la piel como cosa propia, en agradecimiento al que lo empujaba al halago de la popularidad.

Y de otra se gana un balazo, por dirimir por sus métodos expeditos e inciertos, un litigio de derecho autoral.

Ahora lo han matado. Si por una mujer–puede ser–; si por una cuenta–¿por qué no?

Poseía la psicología arisca del que ha triunfado “sin saber cómo” y todo le parece que tiene que resolverse conforme él. No por terquedad ni por cálculo. Sino por algo instintivo, iracundo e incontenible. Por él.

II

El cable refirió la noticia sin emoción.

“Cuando se disponía a oír en una vitrola su última composición “Manteca”, en un bar de Harlem, llamado “El Río”, el compositor cubano Chano Pozo fue abatido a balazos por el también músico cubano Eusebio Muñoz. El matador fue detenido por el policía Martín Duffi. Se investigan los móviles: cuestión de faldas o una cuenta sin satisfacer”.

Y nada más. Exactamente el cable no tiene nada más que añadir. Para el insípido burocratismo cablegráfico Chano Pozo no pasaba de ser un tipo pintoresco de cierta popularidad explotable, susceptible de merecer el honor de una noticia.

Pero para nosotros, para la conga, para la rumba, para la comparsa, para el bongó. Hay cosas que añadir al rígido esquematismo cablegráfico.

III

Chano no era un compositor propiamente dicho, ni impropiamente. Era en lo esencial, un cubano rítmico y sonoro, sobre todo rítmico. Sobre una elemental línea melódica, estallaba siempre en sus composiciones un diseño rítmico, obsesionante y fundamental. Algunas letras de sus composiciones son meras frases articuladas sobre un fondo de claves y de bongoés. “Blem-blem-blem”, es eso, una clave que canta con onomatopeyas, que escrituran sus toques. Los labios formulan con elementales palabras o combinaciones de sonidos articulados, las frases de la madera.

Y en eso radicaba su encanto. La gente repetía fácilmente “Blem-blem-blem”, sin más esfuerzo de la memoria, sin necesidad de comulgar con unos refranes poéticos que suelen dificultar la memoria musical.

Quien lo cantara, tocaba claves sin proponérselo. En eso tuvo Chano fino instinto, musical astucia. Supo conocer a su auditorio. Y se conocía bien.

IV

Tuvo en su vida cosas originales, por ejemplo, irrumpió en la fama que la tuvo larga y productiva, montada sobre una comparsa: “Los Dandys”.

Cuando nadie lo esperaba, cuando languidecía la original institución tradicional irrumpió por las calles de La Habana vestido de frac, cantando y bailando una conga, sometiendo la prosopopeya infatuada del traje a la delicia sandunguera de una rumba.

Eso hizo explosión, eso tenía dinamita popular.

Es posible que él, que cultivaba el esnobismo del ropero exhibicionista, no alcanzará el sentido democrático de lo que hacía, el carácter de insubordinación popular de su comparsa. Tal vez lo hubiera hecho por defecto y no por virtud. Pero lo hizo sin saber como nacía muchas cosas, lo hizo.

V

Que yo recuerde, esa fue su primera exhibición exitosa, el punto de partida de sus triunfos posteriores. Su originalidad fue polémica e insurgente. Se discutió la corrección de su comparsa. “Que, si estaba bien, que se vistieran de frac”, “Que si no hubiera sido mejor una exacta autoctonía escenográfica”. Políticamente se seguirá discutiendo eso, pero “Los Dandys” están ahí: creación de Chano. Además, ¿quién es el frac para que con él no se pueda bailar una conga? La insurgencia es evidente, lo grave hubiera sido que se lo hubieran puesto para bailar minuetos o valses.

Inmediatamente su audacia y su sentido de la publicidad lo conduce a proponer a una empresa radial presentar las comparsas por radio y es Amado Trinidad, de idéntico olfato popular, puente y guía para la realización musical que propugnan.

Lo logra. El espectáculo no tuvo nada de radiofónico. Las comparsas se presentaban mutiladas en su composición, pero nadie se enteró. Al público llegaba el ruido insólito de los instrumentos y de las voces. Y la voz de Chano, en primer término, destacadamente como líder y guía. Porque era esa su obra y era preciso que todo el mundo se enterara.

Fue su segundo escándalo artístico y el más nacional de entonces.

Y fue también su primer negocio, porque otra cosa singular en Chano fue su sorprendente capacidad de negociante, componía, tocaba, bailaba, brincaba y apenas hablaba para que le pagaran y bien, de lo contrario, no existía.

VI

Tengo la impresión de que él no se creía tan grande como se hacía suponer en la propaganda que lo era. Se decía que era “el primer bongosero de Cuba”. Se me antoja que él, en lo íntimo de su profunda socarronería sabía que eso era mentira, pero tenía el don de la publicidad y explotaba con suficiencia exhaustiva la vanidad.

Luciano Pozo González, Chano Pozo irrumpió con una fuerza tremenda en el ámbito del jazz desde diciembre de 1948.

A solo unos días de cumplir 34 años, con su trayectoria musical truncada, Chano es para muchos “el padre de todos los tamboreros”.

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