UN CUBANO, JEFE DE ESTADO MAYOR EN LOS ESTADOS UNIDOS

Written by Libre Online

30 de junio de 2021

POR HERMINIO PORTEL VILA, (†) 1954

PARA muchos historiadores y especialmente para los interesados en cuestiones militares, tanto de Cuba como de los Estados Unidos, debe constituir una sorpresa el hecho de que haya habido un cubano como jefe de estado mayor del Ejército de las Estados Unidos durante la Guerra de Secesión. Pero el brigadier Julio Pedro Garesché du Rocher y Bauduy, U. S. Army, Jefe de estado mayor del Ejército de Cumberland, en la Guerra Civil norteamericana, era cubano por nacimiento.

EN CÁRDENAS

Cuando yo era un  niño, allá en Cárdenas, solamente quedaba un Garesché, que era un antiguo esclavo de la familia, que llevaba, ese apellido; pero eran numerosos los descendientes  de esclavos con el apellido “Bauduy”, ya por entonces transformado «Burduy» o «Borduy».

EMIGRADOS FRANCESES

En cuanto a la familia de emigrados franceses que trajeron a Cuba los patronímicos Garesche y Bauduy, no quedaron descendientes directos suyos después de que las epidemias del cólera y de la fiebre amarilla se cebaron en esas familias, durante el siglo pasado. Todo lo mas, queda una rama colateral en el apellido Deschapelles, bien afincado en Cuba con medicos, ingenieros, colonos, etc., de un extremo a otro de la Isla, aunque tengo entendido que los RabelI,     de Cárdenas, también tuvieron vínculos familiares con los Garesché.

Los Garesché y los Bauduy fueron de los fundadores del hoy formidable imperio industrial y financiero de los Dupont de Nemours en Delaware, asociados a M. E. Y. DuPont y hay algo más que casualidad en el impulso que hacia 1922, siglo y medio después, trajo a Mr. Iréneo Dupont de Nemours, a Varadero, cerca de Cárdenas.

“DUPONT ESTATÉ”

EN VARADERO

En opinión mía, el acaudalado señor del «Dupont Estate», en Varadero, tiene que haber encontrado en sus tradiciones familiares alguna referencia a aquel Ferdinand Bauduy, que casó con Mile Victorine DuPont, la hija del socio de su padre en la fábrica de pólvora de Wilmington. M Pierre Bauduy vendió sus intereses en dicha fábrica y su residencia de Edén Park para venir a establecerse en Cuba, en 1819.

Fue dueña del cafetal «Santa Elena», entre Matanzas Cárdenas, y luego fomentó un ingenio azucarero al que llamó «Recurso». M. Bauduy era un distinguido hombre de       ciencias, al mismo tiempo que un notable pintor, y prestó señalados servicios a la economía cafetalera de Cuba, implantando todos los progresos relacionados con la misma y divulgándolos entre los otros hacendados.

El régimen colonial español le otorgó carta de residencia en Cuba como premio a los aportes que había hecho a las industrias del café y del azúcar.

“EDEN PARK”

La mayor de las hijas de M. Bauduy, Mile Mimika Louise, casó en Edén Park, Wilmington, con su lejano pariente Vital Marie Garesché du Docher, antes de que la familia viniese a establecerse en Cuba; pero después los jóvenes esposos se radicaron también en nuestro país. Vivieron durante algún tiempo con sus padres en «Santa Elena», después en el cafetal de Aristides Deschapelles, su pariente, en las cercanías de Cárdenas y en dirección a Varadero, donde M. M. Deschápelles había fomentado una finca a la que llamó «Edén Park», como la que tenían los Bauduy y los Dupont en Wilmington. Delaweare, y que andando los tiempos sería el centro de una enorme fábrica de explosiva.

V. M. Garesché pertenecía al servicio consular de los Estados Unidos en Cuba, que entonces no estaba autorizado por España, y sus responsabilidades eran pocas y le dejaban tiempo para estar en el campo y para dedicarse a la agricultura y a loa negocios, en general.

¿DÓNDE NACIÓ?

El 26 de abril de 1821, en el cafetal «A la redonda»,   de   Antonio  Feijóo, situado cerca de La Habana y administrado por Bauduy y por Garesché, fue que nació Julio Pedro Garesché du Rocher y Bauduy, y en Cuba nacieron sus hermanos Alejandro Juan Pedro y Federico Pedro, además de varias hermanas.

Los Garesché estaban muy bien relacionados en Cuba, por su cuenta, ya que habían asistido a las aulas, del famoso St John’s College, de Annapolis, Maryland, dirigido por P. P. Sulpicianos a quienes el despotismo español no había permitido que se establecieran en Cuba; pero que habían tenido entre sus alumnos a jóvenes de las más distinguidas familias cubanas y entre sus profesores laicos al famoso, Mariano Cubi y Soler, el fundador de la «Revista Bimestre Cubana» y primer traductor de la Doctrina de Monroe al español, a los cinco días de haber sido anunciada.

Julio Pedro Garesché era un niño estudioso, inteligente, reflexivo y de gran simpatía natural. Creció hablando el español, el francés y el inglés y tenía una buena base cultural cuando su familia regresó a los Estados Unidos. Cursó sus estudios en la Universidad de Georgetown, de los P. P. Jesuítas, junto a Washington, con las mayores distinciones académicas, la cabeza de su clase, y el primero de julio de 1837 ingresó en la Academia Militar de West Point como uno de los cadetes del estado de Delaware.

JOEL R. POINSETT

El secretario de la Guerra que autorizó su ingreso era aquel Joel R. Poinsett, agente confidencial de los Estados Unidos en Cuba, Argentina y Chile, ministro de los Estados Unidos en México, amigo del Obispo Espada y del P. Varela y uno de los promotores de la Conspiración del Aguila Negra. Mr. Poinsett habia conocido a los Garesché y a los Bauduy durante su estancia en Cuba, en tiempos del Capitán General Vives.

En la historia de West Point se indica que Garesché fué uno de los primeros, si no el primero de los cadetes, que profesaba la religión católica. Los Estados Unidos eran en aquella época una nación predominantemente protestante, en la que había fuerte prejuicio anticatólico. De aquí que Garesché tuviese más dificultades que de ordinario en su novatada en West Point; pero se sobrepuso a todo y no tardó en destacarse entre sus compañeros, no ya sólo por su cultura y sus maneras, sino también por su habilidad como jinete, por su destreza en el manejo de las armas y por sus proezas en los deportes, en general.

Cuando pasó de «plebe» o «novato» a los cursos superiores, Garesché era uno de los ornamentos de West Point, el alumno distinguido a quien se escogía como ayudante de todos los visitantes distinguidos, el orador de loa actos académicos, el oficial revistador, el defensor de los juicios por faltas, y el voluntario para todas las misiones difíciles. Ya antes de graduarse era profesor de West Point y sus trabajos sobre fortificaciones, marchas militares, balísticas, operaciones de guerra, abastecimientos, etc., merecían los elogios de todos.

 Por allí acababan de pasar como alumnos, o estaban entre los cadetes que pronto se graduarían, los principales jefes de la cruenta Guerra de Secesión, que estaba a veinte años de distancia; pero no había memoria de un cadete con las excepcionales cualidades que adornaban a aquel joven, nacido en Cuba y cuya niñez había transcurrido en los cafetales y los ingenios de nuestro país, donde desde temprano habla comenzado a jinetear.

Cuando Garesché se graduó, en julio de 1841, lo hizo a la cabeza de todos sus compañeros, entre los cuales estaban los después generales Buell, Whipplo, Tower, Lyon. Flint, Reynolds y otros, que figuraron entre los más renombrados militares de la Guerra de Secesión.

 MODELO DE CADETE

El joven cubano se había convertido on un modelo para los cadetes de West Point y sus proezas de equitación habían sido tan notables que el más bravio y difícil de los caballos de la escuela, únicamente dominado por él. entonces y después se llamó «Gareaché», hasta su muerte.

El nuevo oficial quedó destacado en el cuarto regimiento de artillería, en la disputada región fronteriza con México, como segundo teniente. Sus conocimientos del español, al mismo tiempo que sus habilidades como jinete, resultaban especialmente útiles en las planicies de Texas.

Pocos años más tarde sobrevino la Guerra con México; pero Garesché no tuvo en ella papel destacado. Las circunstancias o quizás si su falta de entusiasmo por aquella contienda, hicieron que se encontrase en misiones militares en Missouri, en Washington y en Nueva York, relacionadas con el reclutamiento o con la compra de material de guerra, y vio poca acción de guerra en la lucha contra los mexicanos.

También estuvo conspicuamente ausente de los proyectos de la época para llevar a Cuba a cinco mil soldados norteamericanos, de los evacuados de México, para realizar la invasión anexionista que había combinado el Club de La Habana y para tratar de la cual los grandes hacendados cubanos que querían conservar a la esclavitud, habían enviado como agentes a Rafael de Castro y a Ambrosio J. González.

El general Worth, escogido por los anexionistas como jefe de la expedición invasora, fue enviado a Texas como jefe del nuevo distrito militar y superior de Garesché, y poco después murió victima de una epidemia que a punto estuvo de costarle la vida a Garesché, también.

LOS ASCENSOS

Los ascensos le llegaron con dificultad a aquel oficial que carecía de padrinos y permanecía destacado a gran distancia de la capital lleno de distinciones académicas y reconocido como excepcionalmente culto; pero por eso mismo mirado con recelo por los viejos militares de las zonas fronterizas cuyos grados habían sido ganados en las campañas contra los indios. Pasó por Cuba en dos ocasiones, al frente de contingentes de reclutas enviados por mar desde Nueva York hasta Texas; pero no hay memoria de que se relacionase con los parientes que aquí le habían quedado.

Al cabo de más de diez años de servicios, que había pasado relegado en puestos fronterizos. Garesché comenzó a desesperarse y gestionó que se le enviase a Europa como agregado u observador militar. Quiso incorporarse al ejército francés que combatía en el Norte de Africa, para estudiar de cerca la técnica de las guerras irregulares; pero siempre encontró dificultades.

LA ORDEN

DE SAN SILVESTRE

El Papa Pío IX le había hecho Caballero de la Orden de San Silvestre y era el primer norteamericano que alcanzaba esa dignidad; pero con ella se habían aumentado los recelos contra el «papismo» que por muchos años se mantuvieron potentes en los Estados Unidos.

Por fin. en tiempos del Presidente Pierce un conjunto de circunstancias favorables hicieron que Garesché se encontrase en Washington al producirse una vacante en la sección de cuartelmaestre del Departamento de la Guerra. Ocupó interinamente el cargo aún sin tener el grado que se requería para el mismo, que era el de comandante; pero trabajó con tanta eficacia y con tan extraordinarios aciertos, que se le concedió en propiedad dicho puesto a pesar de que solamente era capitán.

Era la oportunidad que necesitaba Garesché para poner de relieve sus extraordinarias capacidades de técnico militar y no tardó en convertirse en el alma de la Secretaría de la Guerra. Las enseñanzas de la Guerra de Crimea y de la Guerra de la Unidad Italiana fueron enseguida conocidas y aprovechadas en los Estados Unidos para Garesché, conocedor de idiomas extranjeros, tradujo boletines, planes, informes y relatos de esas campañas, los distribuyó a las academias militares y a las guarniciones y escribió sobre ellos para los periódicos.

 Hasta entonces las tradiciones militares norteamericanas habían estado principalmente; en los estados del Sur, donde también estaban los principales arsenales y depósitos de material de guerra. Garesché advirtió que la pujante industrialización de los estados del Norte debía ser aprovechada a beneficio del mayor poderío militar del país, y de ese modo echó los cimientos de lo que pocos años después fue el factor decisivo en la Guerra de Secesión, cuando los nordista, respaldando al Gobierno Federal, se impusieron a los sudistas. Sus iniciativas y sus conocimientos de ingeniería militar tuvieron que ver con el mejoramiento de las fortificaciones de Washington, hasta entonces muy descuidadas, y por ello fue que, poco después de su muerte, el primero de abril de 1863, la Secretaria de la Guerra ordenó que uno de los fuertes que habían tenido a raya a los confederados y les habían impedido lanzarse sobre la capital federal, se llámase en lo adelante «Fuerte Garesché”.

Nacido en Cuba en la época de la esclavitud y en el seno de familias que en Haití, en los Estados Unídos y en Cuba habían tenido esclavos, Garesché no era esclavista y no tuvo esclavos.

 FIEL A LOS EE.UU.

Por ello, por convicciones democráticas y cristianas, y por lealtad a sus juramentos constitucionales, el teniente coronel Garesché de 1861 fue fiel a los Estados Unidos de América y no renunció a su mando para sumarse a la rebelión de los confederados. Robert E. Lee, P. E. Biart de Beauregard, Jackson, Hood, Forrest y otros muchos compañeros de armas y amigos de tantos años, renunciaron a sus grados en el ejército federal para seguir la aventura de Jefferson Davis, quien también era amigo personal de Garesché. Por un momento hasta fue mirado con sospecha en Washington, porque el Estado de Delaware era de los dudosos y solamente se mantuvo dentro del Pacto Federal porque su posición geográfica y su pequeñez no le permitían con éxito sumarse a los sudistas.

Los hermanos de Garesché fueron arrestados bajo la acusación de simpatizantes de los sudistas; pero no había ni el más remoto fundamento para equivocarse con él.

LINCOLN

LO COMPRENDIÓ

Así lo comprendió el Presidente Lincoln quien, a diario, en los días críticos a principios de la Guerra de Secesión, tenía ocasión de hablar con aquel oficial franco y leal, que siempre decía la verdad y estaba en posesión de todos los datos de valor militar.

Lincoln, en las dudas que abrigaba en cuanto a su secretario de Guerra, el demagogo Stanton, depositó su confianza en Gartesché. Habían fracasado los caudillos de relumbrón como Scott y McClellan y llegó a pensar en Garterché para que dirigiese el esfuerzo militar de los federales. Para eso era preciso convertirlo en general por decreto presidencial, saltando varios grados, lo que se hacía entonces con gran frecuencia y hasta alguno de los compañeros de curso de Garesché se habían hecho generales de ese modo, fuera del ejército regular y dentro de las milicias voluntarias.

En mayo de 1862 el Presidente Lincoln le ofreció a Garesché el mando de la brigada que había sido del general Ord, con el ascenso a brigadier general: pero en los voluntarios. Garesché declinó la oferta con la observación de que él era oficial del ejército regular, y lo mismo hizo cuando el general McDowell, desde Virginia, en situación comprometida por la falta de jefes competentes, le ofreció el mando de otra brigada de voluntarios.

ROSECRANS LO RECLAMÓ

A fines de mayo de 1862 Garesché ya era coronel y su antiguo compañero de West Point, el general Rosecrans, lo reclamó como jefe de estado mayor del Ejército de Cumberland, que operaba en Tennessee. El Secretario Stanton autorizó el nombramiento para librarse de Garesché y éste partió a hacerse cargo de sus nuevos deberes.

No completó ni dos meses en su presto y en tan corto espacio de tiempo se distinguió notablemente, no ya como organizador, sino también como jefe audaz y hasta brillante.

El Ejército de Cumberland iba de victoria en victoria en Tennessee cuando el 31 de diciembre se dio la batalla de Murfreesboro, una de las más sangrientas de la Guerra de Secesión.

En un momento crítico de la lucha Rosecrans se adelantó hasta Stone Point con su estado mayor para estimular a uno de los flancos, que amenazaba ceder, y todo el grupo quedó expuesto al fuego de la artillería confederada mientras avanzaban al galope. Una bala de cañón decapitó a Garesché y era tal la rapidez de la marcha, que el caballo siguió su carrera con el cuerpo sin vida del gran jinete, fijo en la silla.

Asi murió el coronel Julio Pedro Garesché du Rocher Bauduy, un cubano que fue jefe de estado mayor en el ejército de los EE. UU. y cuyo nombre todavía llevan un fuerte de Washington, un campamento militar en Cincinnati y un cuartel de veteranos de la Guerra de Secesión en St. Louis.

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