TRES POETAS MATANCEROS

Written by Rev. Martin Añorga

15 de septiembre de 2021

Matanzas es fuente de poesía en la variedad de sus encantos naturales. El valle de Yumurí es un pedazo de cielo traído a la tierra, las Cuevas de Bellamar una revelación de los secretos de Dios que yacen entre las rocas. El Pan de Matanzas es una diosa de la antigüedad que vigila la ciudad  que se extiende a sus pies. Pudiéramos continuar con nuestras amorosas descripciones, pero nos detenemos para afirmar que lo más natural del mundo es que la Atenas de Cuba, poesía en  sus paisajes, sea la cuna de inspirados e inspiradores poetas.

Entre varios hemos querido escoger a tres matanceros, símbolos de la cultura y la belleza del buen decir, para disfrutar de los gratos recuerdos que traen a nuestro corazón. Los mencionaremos  atentos al orden cronológico.

Primero mencionamos a José Jacinto Milanés, nacido en un modesto barrio matancero el 16 de agosto del año 1814, hombre que trágicamente mezcló en su corta vida la sabiduría con la tristeza.

Milanés fue un auto didacta, lector insaciable, que llegó a dominar varios idiomas, entre éstos el latín, el francés, el italiano y el inglés. De una de las grandes obras literarias de Milanés dijo Domingo del Monte que era “el  primer escrito en Cuba, por un cubano en el que se descubre ingenio”. Se refería al drama teatral “El Conde Alarcos”, presentado en el  escenario del Teatro Principal de La Habana en el año 1838 con un rotundo buen éxito.

Milanés fue el primogénito de una familia de catorce hijos; pero su fama se ensombreció en la plenitud de su vida como consecuencia de un conflicto emocional asociado a una frustración romántica. Rompió un compromiso formal  con una dama con la que había planeado casarse, y declaró su verdadero amor a una bella prima, más joven que él, llamada Isabel, quien lo rechazó abruptamente. Cuenta la historia que a lo largo de 20 años el desdeñado poeta se encerró en un enfermizo mutismo, alejado de todo y de todos.

A pesar de la brevedad de la vida de Milanés, quien murió el 14 de noviembre de 1863 a los 49 años de edad, el sabio poeta nos dejó el legado de una estelar obra literaria. Muchos recordamos sus versos en “La Fuga de la Tórtola”, “Invierno en Cuba”, “El Poeta en la Corte”, “Por el Puente o por el Río”, y otras más que harían interminable la lista.

Citamos de “El Invierno en Cuba”, estos tiernos versos:

“El pie quiere bailar a su albedrío,

la mano quiere asir, todo es reposo,

la mente fresca, el corazón dichoso,

tal es en Cuba la estación del frío”.

Milanés es un ícono matancero que se recuerda con admiración teñida de tristezas. Se parece a la Matanzas de hoy, inmensa en sus glorias y aturdida en sus dolores.

Refirámonos ahora al gigante de la poesía patriótica Bonifacio Byrne, miembro de una ilustre familia en la que la musa poética se exalta en todos sus miembros.  Nació Byrne en la pintoresca ciudad de Matanzas el 3 de marzo de 1861, y falleció a los 75 años de edad el 5 de julio de 1936. Su vida fue un testimonio de amor a la libertad, respeto a la bandera y dedicación al servicio de la Patria.

Fue Byrne fundador en Matanzas de los periódicos La Mañana y La Juventud Liberal, publicaciones en las que defendía el derecho de Cuba a liberarse del colonialismo. Debido a su  posición pública de rebeldía emigró a Estados Unidos en el año 1896, pero en su condición de exiliado no se apartó de su vocación patriótica. En la ciudad de Tampa organizó el Club Revolucionario, a la vez que se convirtió en  redactor de los periódicos Patria y El Porvenir. Regresó a Cuba en el año 1899, participando del privilegio de ver a su Patria iniciando sus  pasos como República libre e independiente.

En 1909, leal a su identidad como matancero creó el periódico El Yucayo. Probablemente pocos saben que Yucayo era el nombre de una aldea indígena instalada en territorio matancero, aunque las leyendas sobre sus orígenes y habitantes son numerosas y contradictorias. Byrne era un amante de Matanzas, en armonía con sus ancestros y compromiso con sus sucesores. Su obra literaria es diversa y difícilmente cabe una referencia a la misma en un modesto trabajo como éste, aunque podemos mencionar los títulos de algunos de sus libros, Excéntricas (1893), Efigies y  Sonetos Patrióticos (1897), y muchos más; pero donde su fama escaló la cima fue con el poema Mi Bandera, venerado por varias generaciones de cubanos comprometidos con Cuba. Citamos dos cuartetas, la primera y la última:

Al volver de distante ribera,

con el alma enlutada, y sombría,

afanoso busqué mi bandera

¡y otra he visto además de la mía!

Si desecha en menudos pedazos

llega a ser mi bandera un día,

¡nuestros muertos alzando los brazos

La sabrán defender todavía!

Y nos queda por mencionar a Agustín Acosta, designado en el año 1955 por el Congreso como el Poeta Nacional de Cuba, hombre de amplia cultura, patriota consagrado y poeta de méritos reconocidísimos. 

Agustín Acosta nació en Matanzas el 12 de noviembre de 1886 y murió en la ciudad de Miami el 12 de marzo de 1979, precedido por el logro de una extraordinaria historia en Cuba. Fue doctor en Derecho, Senador de la República (1936-1944) y gobernador de la provincia matancera al producirse la caída del presidente Gerardo Machado, destacándose por sus dotes de escritor, orador y excepcional poeta.

Tuvimos el honor de conocer personalmente al Poeta Nacional de Cuba en esta ciudad cuando le visitábamos en compañía de nuestro entrañable amigo Rolando Espinosa. Era un hombre cordial, sencillo y agradable conversador. Su aval literario contiene un simpático poema titulado Cleptómana, que el compositor Manuel Luna utilizó para componer el danzón  que popularizó la Orquesta de Antonio María Romeu con su cantante estelar Barbarito Diez, nacido en Bolondrón, no muy lejos de la ciudad de Matanzas.

Entre los grandes logros de Agustín Acosta tenemos “Las Carretas en la Noche”, “Tú eres mi amor”, dedicado a su esposa y “Mi Camisa”, en memoria de su madre. Mucho más hay para leer producto de su fecundidad poética.

He escogido a tres insignes poetas matanceros porque yo soy hijo de Matanzas, y en la distancia de la geografía y del tiempo vuelvo a mis raíces cuando me asomo a las imborrables glorias de un pasado heroico, feliz y pleno de frutos.

Este año no podremos disfrutar en Miami de la tradicional celebración de El Matancero Ausente”. Estos tres poetas representan entre nosotros  a Matanzas ausente, y al citarlos nos acercamos emotivamente, en las alas del recuerdo a nuestra Romántica Ciudad de los Puentes, la mundialmente famosa Atenas De Cuba.

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