TRES MUJERES EN LA PUGNA ELECTORERA FRANCESA

29 de diciembre de 2021

La minoría de franceses que pese a pandemia tornan hoy su mirada a la política, comienzan a percatarse de que dentro de 100 días iremos a votar para elegir un presidente para los próximos 5 años. O una presidenta, que de eso trataré en esta crónica, la última de un año 2021 que esta corriendo su cortinaje con muchas más penas que glorias en prácticamente todos los rincones del planeta.

A nuestros estimados lectores, en particular a aquellos que  viven en Estados Unidos, habría que comenzar por explicarles que generalmente son más de veinte los candidatos presentes en la primera vuelta de una presidencial francesa. Además de que localmente en las tres ciudades más importantes del país el código electoral permite una rareza gracias a la cual es posible ser alcalde sin haber ganado en el distrito de la postulación original. Lo primero hace que todo pronóstico en lo nacional dependa de quienes consiguan pasar a la segunda vuelta y cómo los votantes de los eliminados se pronuncian en la decisiva. Lo segundo viabiliza en París, Lyon y Marsella la llegada al sillín de alcalde a figuras emanadas de arreglos y chanchullos ajenos al sufragio popular. Es el caso precisamente  de Ana Hidalgo, actual alcaldesa de la capital francesa y ahora candidata a la primera magistratura.

Es en función de esas coyunturas tan particulares que el próximo 22 de abril estarán corriendo cuchillo en boca, tres mujeres a quienes todo separa sin perjuicio de estar unidas por un denominador comun: querer hacer de Francia un país diferente.  Una de ellas pudiera convertirse en la primera presidenta de la nación francesa. 

Todo lo que advendrá, cuando avance una campaña que apenas esta comenzando, dependerá del porcentaje de votantes que concurran a las urnas el día D. Los franceses han dado en los últimos tiempos muestras inequívocas de estar desinteresándose cada día más de la política politiquera. Y esto porque semanas después de cada elección presidencial el nuevo ocupante del Elíseo y sus ministros ponen en práctica políticas de gobernanza no acordes con sus promesas programáticas previas. Esto ha ocurrido desde mi llegada a París hace 40 años. En ese contexto accedió al poder el actual presidente Emmanuel Macron, entonces un advenedizo carente de una estructura que lo secundara.  Su triunfo fue tributario de la hecatombe sufrida por contendientes que en las dos últimas elecciones -en 2012 y en 2017- siendo favoritos salieron del ruedo convictos de corrupción. 

Esta vez es muy posible que para el combate final tendremos como protagonistas en una esquina al actual joven presidente que pujará por su reelección; y  en la otra a una de las tres mujeres que hoy despuntan como adversarias peligrosísimas para esa aspiración: Valérie, por el partido de la derecha tradicional heredera del General de Gaulle; Marine, que con su engorroso hace un tercer intento lidereando la extrema derecha; y Ana, española de Cádiz abanderada del ala más rabiosamente extremista del socialismo galo.  

A pesar de la proyección internacional que le ha proporcionado estar a la cabeza de la ciudad de París que además será sede de los Juegos Olímpicos en 2024, Ana Hidalgo está muy mal posicionada como opción presidencial del hoy maltrecho socialismo francés. Tan así es que su partido corre el riesgo de una desaparición a corto plazo, del escenario si como temen sus dirigentes no supereran el 5% de los votos, nivel necesario para reembolsar los gastos de campaña. Ana pretende aplicar a nivel nacional las jugarretas que en París le permitieron arrimar brazas a sus sardinas a la hora de escrutinios decisivos. Situada ideológicamente muy a la izquierda una parte de sus apoyos han drenado hacia los ecologistas, otros hacia las huestes de su gran enemigo, el actual presidente.

Valérie Pecresse y Marine Le Pen que ahora están a un nivel similar en cuanto a pronósticos tienen grandes posibilidades de emerger victoriosas para retar a Emmanuel Macron. Ambas esperan poder aglutinar el voto negativo generado por el descontento que éste ha colectado de 2017 a la fecha. Inclúyase en esa parte del electorado a aquellos que enfundaron chalecos amarillos y a los que están inconformes con la manera como se ha combatido la pandemia covid.  

Considerando que los franceses no son hostiles a votar por una mujer para presidenta; que los socialistas no sumarán para ni siquiera un 10% en primera vuelta; que en una segunda el lepenismo de Marina tendría un techo de vidrio que a la hora cero le impediría superar un 35% de la votación; pensamos que Valérie puede alzarse con un triunfo histórico el 29 abril.  Si ese resultado se produce la estrella decreciente de Ana Hidalgo se eclipsaría lenta pero inexorablemente. Las próximas semanas permitirán tal vez ver más claramente hacia el interior de esta madeja electoral cuya columna vertebral es una mediocridad cierta, común hoy en día a todos los países democráticos de un Occidente al cual sus contradicciones internas le plantea cada vez más una crisis existencial de pronósticos reservados. Las nuevas generaciones ciudadanas tienen la palabra.

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