TRECE VIRTUDES

Written by Rev. Martin Añorga

29 de diciembre de 2021

Estamos listos para estrenar un nuevo año en el plazo de unas cuantas horas. Es tiempo de hacer promesas, esbozar proyectos, intentar rectificaciones, abandonar vicios, restaurar relaciones y adoptar cambios. Lamentablemente muchos de nuestros sueños que brotan en el alegre bullicio de una noche de año nuevo, suelen esfumarse a lo largo del lento, pero aplastante correr de los días. Confiamos en que nos ocuparemos de que esta vez no sea así.

Debido a que vamos a enfrentarnos al 2022, hemos recordado el ideario de Benjamín Franklin  del que podemos extraer  13 nociones que nos permitan adoptar decisiones positivas para nuestras vidas a partir del próximo sabado primero de enero. Con la publicación de esta lista –sin ánimo de esperar que la misma se acumule totalmente en nuestro equipaje para el viaje del 2022, confiamos en que hallaremos un arsenal de ideas que nos orienten en nuestra futura caminata. Estas trece famosas virtudes que conformaron el carácter de un gran sabio de América aparecen en el libro “Autobiografía y Escritos Escogidos de Benjamín Franklin”.

He aquí, textualmente, la lista. Quizás en algunos aspectos parezca un tanto anticuada, pero en términos generales tiene tanta vigencia hoy como la tuvo en los tiempos de Franklin. Leámosla despacio, fijando la atención en cada palabra y haciendo una silente comparación entre su significado y nuestra percepción de los valores de ayer, tristemente desalojados de un destacado lugar en la sociedad actual.

Templanza: no comas hasta el hastío. Nunca bebas hasta la exaltación.

Silencio: sólo habla lo que pueda beneficiar a otros o a ti mismo.

Orden: que todas las cosas tengan su sitio, que todos los asuntos tengan su momento.

Determinación: haz lo que tengas que hacer, realiza sin fallas lo que resolviste.

Frugalidad: sólo gasta en lo que traiga un bien para otros o para ti.

Diligencia: no pierdas el tiempo, ocúpate siempre en algo útil, evita las acciones innecesarias.

Sinceridad: no uses engaños, que siempre lastiman. Piensa inocente y justamente, y si hablas, no contradigas lo que sientes.

Justicia: no dañes a nadie con injurias u omitiendo los beneficios que son tu deber.

Moderación: evita los extremos, no ofendas a nadie por resentimiento ni porque  creas  que lo merece.

Limpieza: no toleres la falta de limpieza en el cuerpo, vestido o habitación.

Tranquilidad: no te molestes por pequeñeces o por accidentes comunes e inevitables.

Castidad: frecuenta raramente el placer sexual, sólo hazlo por salud o descendencia, nunca por hastío, debilidad o para injuriar la paz o la reputación propia o de otra persona.

Humildad: imita a Jesús y a Sócrates.

 Franklin no se esforzaba en trabajar a la misma vez en todas las virtudes mencionadas. . Más bien, trabajaba en una y solo en  una cada semana.

La sabiduría de Franklin puede verse en sus logros políticos, diplomáticos y científicos; pero también en su formidable calidad de pensador. Una forma de exaltar sus méritos como autor, hoy, más de tres siglos de su aparición en este mundo, es citando algunas de sus interesantes reflexiones, las que nos ayudan a pensar y nos inspiran a buenas acciones:

 “La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.

 “Quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad”.

“De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero”.

“Bien hecho es mejor que bien dicho”.

“El camino hacia la riqueza depende fundamentalmente de dos palabras: trabajo y ahorro”.

 “Nunca ha habido una buena guerra ni una mala paz”

“Carecer de libros propios es el colmo de la miseria”.

“Un padre es un tesoro, un hermano es un consuelo, un buen amigo es ambos”.

“Quien tiene paciencia, obtendrá lo que desea”,

 ¿Por qué nos resulta tan difícil cumplir nuestras promesas?  En La Biblia, en el libro de Eclesiastés, hay una cita que generalmente omiten los políticos de sus discursos: “mejor es que no  prometas, y no que prometas y no cumplas” Prometer es fácil, es pronunciar unos cuantos vocablos, y en casos exagerados besar una cruz o ligeramente persignarse. ¿Cuántas personas han prometido a Dios en la hora del dolor, la enfermedad o el peligro que si salen bien de sus atolladeros se volverán buenos, generosos, útiles y fieles creyentes, para después, cuando de nuevo les alumbre el sol, caer en los mismos vicios y pecados!.

Vamos a tomar las cosas en serio. Este año, cuando prometamos dejar el cigarrillo o reducir a lo máximo el consumo de alcohol y bajar de peso, recordemos que prometer es contraer una deuda. Cuando prometamos respetar nuestro trato con los demás, y nuestras relaciones hogareñas, cuando prometamos ser honestos en nuestras transacciones y en nuestro comportamiento, recordemos que si en nuestras promesas incluimos a otros, hemos entrado ya en un compromiso. Las deudas se pagan, los compromisos se cumplen.

Lo interesante de una promesa es que casi nadie está obligado a hacerla. ¿Por qué prometerle a Dios, por ejemplo, que dejaremos de fumar, si a los doce días de hecha la promesa vale más un endeble cigarrillo que el peso de nuestra promesa?. El que no promete, no engaña ni se engaña, Séneca dijo hace años incontables algo muy interesante: “antes de ofrecer debemos detenernos; pero después de haber ofrecido, cúmplelo”.

   La palabra “promesa” proviene del latín, “promissus”, que a su vez es el resultado de la unión de dos raíces, “pro” (antes), y “missus”, (enviar o enviado). Es claro que las palabras prometer y compromiso comparten el  mismo origen , siendo así inseparables.. Prometer es anticipar algo que va a hacerse, una obligación que habrá de cumplirse, en fin un compromiso que se contrae por medio verbal y el que se espera sea honrado por el que lo declara.

Faltan pocas horas para que nos hagamos la ilusión de que estaremos entrando en el futuro; pero esa ilusión es limitada. Ciertamente vamos a andar los primeros pasos por la senda del mañana, pero atadas las manos a los compromisos de ayer y los sentimientos comprometidos con las promesas que saltan sobre el tiempo.

No temamos nunca al futuro. Dios llegó allí antes que nosotros y nos ha preparado la habilidad para que superemos lo desconocido. Llegar a un nuevo año con los ojos lagrimosos. los nervios en guardia, pesares sin resolver y miedos sin fundamento, es anticipar males que probablemente no sucederán. Caminemos de frente al sol  a sabiendas de que la noche nos queda a la espalda. Arropémonos en valores y principios positivos, cubramos nuestro pecho con el escudo de la fe y saludemos a 2013, con una sonrisa de victoria y la esperanza empinada en  el asta de nuestra convicción cristiana. ¡Felicidades y Bendiciones!

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