SOBRE LA COMISIÓN PARA INVESTIGAR EL ASALTO AL CAPITOLIO

Written by Adalberto Sardiñas

2 de junio de 2021

Después del evento, más que injustificado, ofensivo, para la nación y cada ciudadano americano, se imponía una investigación exhaustiva para determinar culpabilidades, y aplicar la justicia, en sus más severos términos, a cada uno de los actores, directos e indirectos, de la felonía más grave que recoge nuestra historia contra la institución más venerable de la nación. La turba desenfrenada, debe ser castigada individualmente, caiga quien caiga, en forma que sirva de ejemplo para evitar, jamás, una repetición tan deplorable y dañina para el país.

De no ser así, estaríamos aceptando, tácitamente, la posible perpetuación de incivilizados y grotescos actos similares en el futuro.

El 6 de enero se atacó el corazón de la democracia americana. Se violaron todos los cánones de civilidad. El vulgo agresivo, alentado por agitadas pasiones políticas, se dio cita, en la plaza de la discordia ciega, para entregarse a la destrucción de nuestro palacio de la libertad. Porque eso es el Capitolio, sede del Congreso, que, con todas sus imperfecciones, debate, discurre, y aprueba las layes que han de regir el destino de la nación.

Puesto que las cosas son así, era de esperarse una investigación para definir qué hizo quién, o quiénes.

La cuestión que queda abierta, es, si hasta justificada su necesidad, las fuerzas políticas partidistas de los dos grandes partidos puedan, por el bien común de todos, llegar a un acuerdo bipartidista. Y esta interrogante permanece en el aire con la renuencia del Senado a aprobar la creación de una comisión de 10 legisladores, 5 por cada partido, para la pertinente investigación que proyecte una clara luz del origen y perpetración del desdichado incidente. Hasta el momento en que se redacta este artículo, la Cámara Baja ha aprobado la formación de la comisión, pero el Senado, no ha llegado a una decisión. 

Y en ambos casos, la aprobación o la no aprobación de la planeada comisión, tendrá, inevitables consecuencias.

La población, en su mayoría, desea una investigación ante esta afrenta tan seria, de carácter histórico. No es cuestión de tornar la cara hacia el otro lado, como si nada hubiera ocurrido. Se precisa una actuación para aclarar cargos y responsabilidades. Ante este irracional vandalismo, la nación se estremeció hasta el centro de sus entrañas. Todo esto es cierto, y es natural, por consecuente, que se espere un proceso legal que castigue a los culpables. Entonces, ¿por qué los líderes republicanos en el Senado se oponen al establecimiento de una comisión investigadora? ¿Por lealtad al ex presidente Donald Trump? Si Donald Trump se cree inocente de las imputaciones de incitación que se le atribuyen, esa comisión, actuando con la honestidad que requiere la justicia, determinará si son ciertas o falsas, y, por ende, lo castigará, o lo absolverá, de acuerdo a los hechos y las pruebas halladas. ¿Fueron suficientes sus palabras para enloquecer a esa banda de seguidores, para irrumpir, vandalizar y hasta matar en desenfreno irracional en su invasión al Capitolio? Una investigación juiciosa, bipartidista, nos lo dejará saber si se llegara a consumar la creación de la comisión que se propone.

Creemos que la investigación es un paso necesario para retornar la confianza ciudadana a nuestro sistema político. La ausencia de una investigación crearía un vacío en la fe nacional en nuestro sistema electoral, y en nuestras instituciones. Es más, abonaríamos las condiciones para la repetición de infortunados eventos como el del 6 de enero, con el potencial debilitamiento, e indiferencia de nuestro tejido social, como consecuencia de un percibido abandono por parte de aquellos a los que eligieron para proteger sus intereses.

Dentro de este complejo dilema, encontramos, como agravante adicional, que las condiciones prevalecientes antes de las elecciones de noviembre continúan en el periodo post electoral. La pregonada campaña de Biden de lograr la unidad nacional no ha materializado. El país sigue fraccionado en su mero centro, justamente en el 50%, y las huestes políticas siguen el mismo cauce.

Entonces, ¿será posible acordar sobre una comisión investigadora de carácter bipartidista?  Sí, pero solamente en nombre. En la realidad prevalecerán los intereses partidistas, que en este caso beneficiarían a los demócratas, por tener el privilegio del poder.

Otro factor importante en esta investigación, que de llevarse a cabo tendría serias repercusiones, y que tomaría, además, un tiempo prolongado, son las elecciones parciales del 2022, en las que se decidirá la futura mayoría de la Cámara.

El consenso prevaleciente en los círculos dedicados al análisis de la ciencia política, es que, todo el andamiaje para la formación de la comisión para investigar la causa y origen del vandálico asalto y saqueo del edificio del Capitolio, será concretado en bases esencialmente partidistas, con cada grupo buscando la mejor exposición ante la opinión pública.

En resumen, en América, hemos logrado, infortunadamente, la total politización en todos los aspectos de nuestra vida diaria. Tomemos como ejemplo el Covid-19, que ya en su letargo final, sigue siendo agitado como el fantasma que nunca muere.

BALCÓN AL MUNDO

Y hablando de la pandemia, ahora resurge la teoría, al parecer válida, de que el virus saltó de un experimento en el principal laboratorio virológico de Wuhan y de ahí, se extendió al mundo, sin que el gobierno comunista chino informara de su existencia. Los chinos sabían todo al respecto y decidieron ocultar el peligro por temor a dañar su imagen.

El gobierno de Joe Biden, a pesar de todas las informaciones circulantes, con suficientes detalles sobre la actuación de Beijing, ha decidido ofrecer unas declaraciones frías, que ni siquiera implican una crítica a la perversidad china.

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  Colombia es el nuevo blanco del consorcio Cuba-Venezuela para desestabilizar la América Latina.  Primero fue Ecuador, ahora son Perú, de forma pacífica, y Colombia, de manera violenta.

Estados Unidos, por su parte, sigue perdiendo terreno en el área, como lo ha perdido ya en el Medio Oriente. Ni Bush, Ni Obama, ni Trump, y hasta ahora, ni Biden, han sabido cómo tomar el toro por los cuernos.

Si seguimos así, habrá que preguntar, ¿a dónde fue a parar la gran primera potencia mundial?

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  La pandemia les trajo grandes pérdidas a los comerciantes, restaurantes, airlines, cruceros turísticos, etc, pero, por lo que vamos observando, todos, casi sin excepción, están iniciando la revancha, elevando los precios considerablemente.

Por ejemplo, las compañías que empezaron a volar a Cuba, están cobrando más de $ 1,000.00 por pasaje. Los restaurantes ahora dan menos comida por precios más altos.

 Mejor que no se confíen, porque también el consumidor se vio afectado por el coronavirus y puede apretarse un poco el bolsillo para contrarrestar el reto.

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