Siempre en el entonces

Written by Libre Online

24 de enero de 2023

Por J. A. Albertini, especial para LIBRE

Rodolfo enardecido por la contesta disminuyó la separación y la tomó por los brazos.

Cenia respiró hondo; su mirada se hizo frágil, pero al punto recuperó el control.

—No vuelvas a besarme —musitó.

— ¿Ni en la mejilla…?  —perdió el ímpetu.

—Ni en la mejilla, como hace un rato sucedió —determinó.

—Si nos amamos; ¿qué hay de nosotros…?

—Hay que empezamos a tener y compartir un secreto; un sentimiento. Pero alguien  que confía y tiene mi palabra está aguardando  —expresó y la voz le flaqueó.

Rodolfo reculó.

— ¿Qué hay de nosotros…? —repitió. — ¿Qué resta para nuestro amor?

—Para nuestro amor, todo, pero no voy a traicionar —replicó con bríos.

— ¿Qué solución propones?

Cenia le miró a los ojos y esta vez, sin reparos, tomó las manos del joven.

—Regresaré al terminar las vacaciones y hablaré con él. Seré clara. Él ni yo merecemos mentiras. 

— Luego de la conversación, ¿qué harás…? —Rodolfo se interesó.

—Antes del próximo verano completaré los estudios y regresaré.

— ¿Debemos esperar tanto…? —y la inquietud asomó al rostro del joven.

—Siempre hay que esperar. La vida es una espera —Cenia matizó.

**********

Lamento la muerte de tu desconocido y transitorio compañero de habitación. Fue acertado que los responsables de su cuidado no hayan hecho, en tu presencia, comentarios al respecto. La vida va, la vida viene y con mayor ligereza y alivio, para todos, se despide cuando el tiempo le retira el sostén de las manos creadoras.

No pienses que he comenzado mi carta con pesimismo. Muy al contrario, cada instante que nosotros consumimos está lleno de propósitos y sueños por realizar. Eso remoza la juventud y atractivo de la existencia. Soñar con fraguar lo no alcanzado retrasa el fin humano, lógico y común. Tú y yo, sin del todo proponérnoslo, hemos alcanzado y estamos a punto de rebasar la meta. Meta que no ha sido fácil ni tampoco buscamos conscientemente. De mi parte, me despedí de ti, la tarde de la caoba, pensando que el verano siguiente, esclarecida la situación sentimental que me obligaba, sería por siempre nuestro e inmutable. ¡Qué maravilla morar en un eterno verano! Del amor y los veranos, de los veranos y el amor se han hecho canciones, obras teatrales y producciones cinematográficas. No contábamos, ambiente que se incubaba, que otros, ajenos al latir armónico  que busca eternidad, de golpe artificioso, detendrían el fluir inmortal de la memoria que de generación en generación se hereda y consolida los comienzos. Ser arqueóloga y antropóloga me lleva a ese razonamiento, no exento de idealismo y esperanza.

Además, hoy me siento filosófica. La lluvia y los truenos de ayer han dejado un día de sol lavado y humedad confiada que veo en las alas de las mariposas que revoletean y visitan las flores del jardín.

Y concentrándome en el párrafo final de tu carta  admito que, a veces, a lo largo de nuestra dilatada relación, he padecido del mismo temor que confiesas y al que, indebidamente, tildas de debilidad. En ocasiones, no de forma tan descriptiva como la tuya, me ha asaltado la pesadilla de no poder hallar el sendero del retorno al futuro que rozamos y aguarda por nosotros. También, en el presente confieso, con más sosiego, que las pesadillas del extravío fueron más acuciantes cuando yo era joven y físicamente activa. ¡Qué curiosa paradoja!, ahora que carezco de la movilidad de antaño es, a pesar de los momentos lógicos de dudas y depresión, cuando más convencida estoy del pautado e ineludible reencuentro total. Y lo estoy porque, con cada sol y luna que pasan, mi mente genera ideas con alcance de alas que me recuerdan los estudios complementarios de mitologías y, especialmente, al dios griego Hermes, el mensajero, y sus sandalias aladas.

Tú y yo, imagino, somos una especie de eso; sandalias aladas, izquierda y derecha, que separadas por fuerzas oscuras buscan y encontrarán la condición de par. ¡El amor tiene tanto de mitología!

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