Siempre en el entonces

Written by Libre Online

19 de diciembre de 2022

Por J. A. Albertini, 

especial para LIBRE

PARÉNTESIS

Ves,

hoy hace brisa.

La tarde está tranquila.

El sol me habla de ti a boca llena

y sonriente.

Roberto Jiménez Rodríguez.

Del poemario Si yo te hablara…

— ¿Por qué pensar así? ¿Por qué tanto pesimismo…?

—Porque deseo que permanezcas; quisiera eternizar en realidad perdurable este pedazo de verano —Rodolfo fue sincero.

El rostro de Cenia se tornó grave. Miró a un punto indefinido y habló despacio.

—Hace minutos dije que antes que el verano termine volveré al extranjero para concluir mis estudios. Ha sido y es una bonita amistad que no estaba prevista. Será un recuerdo agradable. Es mejor dejarlo así: un recuerdo agradable —reiteró.

—Ni tan siquiera nos hemos tomado de las manos y mira como estamos hablando — comentó insinuante.

Ella no respondió de inmediato. Recogió la mirada imprecisa y la concentró en el rostro del joven.

—Tienes razón —fue lacónica y la expresión tembló de intenciones.

Rodolfo acortó la distancia que los separaba. El aroma de mujer le estalló en el cerebro y activó la ocurrencia que tuvo al momento de ser presentados: Huele a campo lavado. Un impulso hizo que le besara la mejilla derecha; muy cerca de los labios.

Ella enrojeció.

—No está bien que me beses —musitó.

—Disculpa si te incomodé. Lo hice con sinceridad.

—Lo sé —Cenia asintió con voz ahogada.

—Entonces, ¿por qué el rechazo…?

—No es rechazo —aclaró.

— ¿Entonces…?  —insistió.

La joven retrocedió unos pasos y volvió a mirar en dirección indefinida.

—Estoy comprometida y esperamos casarnos el año próximo. Tan pronto concluyamos los estudios.

Rodolfo sintió calor en el rostro y por unos instantes la inseguridad le robó el habla. 

—No lo esperaba —articuló y se sintió tonto. Ella permaneció callada y él agregó. —Si lo hubiese sabido…

—Dos semanas de amistad no alcanzan para intimar; para contarlo todo —Cenia rompió el silencio.

—Tienes razón.  A una persona recién conocida, que posiblemente nunca vuelvas a ver, no hay por qué contarle más de lo debido —Rodolfo aceptó.

Cenia insinuó una sonrisa tímida y dijo.

—Conocer a alguien, como se dice, de toda la vida no significa mucho cuando de congeniar se trata. A veces dos extraños, como nosotros, se identifican con facilidad.

—Me has traído lo inesperado; lo que sin haber sabido he estado aguardando —Rodolfo manifestó.

—No se debe ser tan categórico. Con el paso del tiempo afirmaciones, sentimientos y creencias tienden a cambiar.  Anteriormente, ¿has estado enamorado? 

—Como todo joven lo he estado o creído — fue impreciso.

— ¿Mantienes alguna relación presente…? 

Rodolfo soltó una risita desconcertada y exclamó.

— ¡Cómo crees…! Tú llenas mis espacios.

—Esta conversación no debió suceder. Es demasiado íntima —Cenia  reflexionó.

—Se nos fue de las manos. — ¿Amas a tú prometido…?

Ante la pregunta inesperada, Cenia vaciló.

— ¡Sí! —respondió a la defensiva. —Efectuó una pausa prudente y amplió. —Eso pienso, o hasta ahora pensaba. Nuestra amistad se me hace un rollo en el cerebro.

—Esto no es amistad —Rodolfo acotó.

—Entonces, ¿qué nombre le ponemos…? Te parece bien algo así como: Amor platónico de verano —sugirió en tono hiriente y dolido.

—Suena a título de folletín dominical  o vieja película de amor, en blanco y negro  —él dijo cáustico.

—Lo que has llamado esto —ella ahondó —no tiene mucho sentido práctico. Me sabe a buscar complicaciones innecesarias. No sé… tal vez a sentimiento engañoso y hasta, de cierta manera, anacrónico.

— ¡Por favor!, no hables así —Rodolfo protestó.

  — ¡No he dicho nada ofensivo…! La realidad no suele ser agradable.

—La realidad; nuestra realidad es que, aunque bajo cualquier otro calificativo tratemos de disfrazar el sentimiento, es amor; amor simple, complicado y nunca anacrónico, lo que se ha destapado entre nosotros. Las pasiones humanas, buenas o malas, son eternas e inmutables.

— No me incluyas en tus deseos. ¡No tienes derecho! —Cenia se reveló.

(Continuará la semana próxima)

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