Siempre en el entonces

Written by Libre Online

14 de febrero de 2023

Por J. A. Albertini, especial para LIBRE

PARÉNTESIS

Ves,

hoy hace brisa.

La tarde está tranquila.

El sol me habla de ti a boca llena

y sonriente.

Roberto Jiménez Rodríguez.

Del poemario Si yo te hablara…

—Si no es nuestra, ¿a qué tipo de prenda te refieres…? —Cenia inquirió.

—A una gota de sangre vegetal —Rodolfo respondió.

— ¿Una gota de resina…?  — requirió.

—Correcto; una gota de resina   —fue preciso.

La joven sonrió incrédula y comentó.

— ¡Qué ocurrencia! —hizo una pausa y reflexionó. —Aunque debí imaginarlo después de que me contaras de la curandera y su relación con las caobas.

—La resina de la caoba al solidificar es más dura y resistente que el cristal —Rodolfo explicó.

— ¿Qué pretendes hacer o que hagamos…? 

—Revisaremos  las caobas. Todas sudan resina, pero algunas gotas son más gruesas que otras. Ven… —dijo y la tomó de la mano.

Curiosa lo siguió. Rodolfo, examinando troncos, iba de árbol en árbol. Comparó algunos coágulos de savia, hasta que decidió.

—Esta es la caoba —escogió y se detuvo. — ¡Mira! —llamó la atención. — Este brote servirá.

Del tronco rugoso, a la altura de una persona, colgaba una gruesa lágrima de resina.

—Parece un pendiente femenino —Cenia observó.

—Herminia Cayro alguna vez también dijo que, en épocas de la colonia, esclavas y  campesinas pobres usaban esta resina, además de otras, para hacer aretes y adornos variados —Rodolfo explicó.

— ¿Cuál es el paso siguiente?  

—Como aún no seca del todo y está un poco pegajosa, con cuidado, la desprendemos de la corteza. Así… por la parte de arriba para que no se deforme —Rodolfo ejecutó el movimiento y sobre la palma de la mano izquierda depositó el pedazo de resina. —Hay que aprovechar la plasticidad —dijo y miró la vegetación circundante.

— ¿Qué más  buscas…?

—Ya verás, ya verás… —respondió y se acercó a un macizo irregular de plantas silvestres, propias del verano, cuajado de flores azules y blancas.

—Lindas flores, parecen margaritas —Cenia dijo.

**********          

Difícilmente los eventos de la existencia suceden como se desean. Inherente a la vida humana es soñar y luchar, una y otra vez, por la consecución de lo imaginado para obtener fracasos o resultados que, sin ajustarse al propósito inicial, llenan buena parte de lo concebido. Como arqueóloga, aunque más que a la exploración, me dediqué a la docencia, a lo largo del desempeño profesional, a pesar de mi  tendencia al pesimismo, en excavaciones y estudios realizados a ruinas de civilizaciones desaparecidas hallé, en utensilios, pinturas, esculturas y escritos, el espíritu idealista que las empujó a vivir, soñar y construir. También, encontré, muchas veces, el rostro tenebroso del mismo espíritu, que, en su decadencia, las empujó a matar, padecer pesadillas y vasallaje;  destruir y debilitarse para invariablemente  desaparecer de la historia activa. 

Te preguntarás por qué he iniciado la respuesta  a tu carta con tan elaborado rodeo. La respuesta es sencilla; lo he hecho porque en la tuya me dices que te arrepientes de la obstinación idealista que te llevó a permanecer en la Isla y, en aquellos momentos cruciales, no seguirme al extranjero.

Los dos, entonces, actuamos y en el presente lo hacemos acorde a sentimientos, prioridades y metas. Te confieso que de no haber sido tú un hombre lleno de sueños e ideales, no te hubiese amado de la forma en que lo siento. Seguir la realización de la senda personal, sin renunciar el uno al otro, ha permitido que, a pesar del escollo de la distancia, continuemos sintiendo la tibieza de aquel verano incólume, poblado de caobas y flores silvestres que nos espera, para saturarnos con el aliento creativo que encerramos en la lágrima de resina.

La separación física, no deseada, en nosotros ha hecho germinar la semilla divina de la inmortalidad. Sé; siento, a medida que mi mal corporal, al igual que el tuyo, avanza, que disfrutamos el selectivo don del amor eterno y la incorruptibilidad de la juventud.

La anciana descansa en el reclinable. El sol de la tarde lame las últimas baldosas de la terraza y la claridad se concentra en los arbustos ornamentales y plantas de flores del jardín. Con la mente repasa el texto recién concebido. Una sonrisa crédula se insinúa y ríe en los ojos claros. 

 No ha sido fácil; yo diría que, como acabo de escribir, el reencuentro, después de tantos años de silencio, tiene algo de semilla divina, inmortalidad y juventud constante. ¡Qué maravilla volver al entonces! Piensa y se adentra en los recuerdos…

(Continuará la semana próxima)

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