SANTA BÁRBARA, BÁRBARA LEBLANC Y CHANGÓ

Written by Libre Online

6 de diciembre de 2022

Por Manuel Cuellar Vizcaino (1947)

En Cuba hay tres formas de adorar a Santa Bárbara, la primera es como manda la Santa Iglesia católica. Tratándose la fidelísima doncella sacrificada en Nicomedia y cuyo propio padre Dióscoro se prestó a decapitarla para conservar sus honores y las prerrogativas de su condición de gentil. 

La muchacha se mantuvo fiel al ideal de Cristo y su cabeza rodó sin que ella hubiera dado muestras de la más simple vacilación. Dióscoro, al volver a su casa después de la acción terrible, cayó para siempre, fulminado por un rayo. Cuando Bárbara fue canonizada se tomó la fortaleza, el castillo que aparece detrás de su imagen como símbolo de entereza, de carácter, de su fortaleza espiritual. De ahí que muchos lugares la tienen como abogada de los artilleros. 

El culto y la festividad católica Santa Bárbara en La Habana, señalado el 4 de diciembre, tiene su centro en la iglesia parroquial del Espíritu Santo como una imborrable tradición. Allí está la imagen desde hace muchísimos años y aparte de las fiestas solemnes del 4 de diciembre, todos los meses, el mismo día cuatro se celebra misa ante su altar. Tiene muchos fieles, lo mismo integrantes de su cofradía que libres los cuales acuden a pedirle “la gracia que desean obtener por su intercesión”. 

Dicen los devotos que Santa Bárbara es sumamente milagrosa y que ofrece fortaleza a las almas como ninguna otra figura celestial en la lucha por la vida y contra las adversidades del medio. Lo único raro que encontramos es que esta Santa no tiene un templo propio, no hay una iglesia que lleve su nombre

El espíritu de Bárbara

El segundo sistema de culto a Santa Bárbara es el espiritual, es decir el del Espiritismo. Es curioso lo que ocurre generalmente en los centros espíritas con esta devoción.  Sin excluir el estado de trance, que es cuestión insoslayable en muchos centros, influenciados por el catolicismo se venera a Bárbara, la de Nicomedia, con atención cabal a su biografía. En otros, donde los directores se han dado fuertes restregones con el culto lucumí, la manifestación de Bárbara es la del mismísimo Changó varón, guerrero, viril y fuerte en su expresión. 

Pero los espiritistas ortodoxos atienden a cualquier Bárbara que se manifiesta. Como a un espíritu cualquiera y capaz de elevarse y progresar hasta confundirse con la causa suprema. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, viene adquiriendo fuerza entre los espiritistas, una Bárbara francesa y de apellido Leblanc cuya característica pretende establecer un puente entre todos los seguidores de la doctrina de Allan Kardec, lo mismo los ortodoxos, los influenciados por el catolicismo que los recostados al panteón lucumí.

Esta Bárbara, era una muchacha alegre, dispuesta, voluntariosa y con un espíritu ausente de temores. Su mayor placer era el de caminar hacia el bosque cuando se desataba alguna tormenta. Gozaba oyendo el retumbar del trueno y el estampido del rayo, buscaba en el cielo el punto por donde podrían zigzaguear los relámpagos, para abrir los ojos ante las gigantescas estrellas luminosas que rompían el vientre de las nubes, aún de noche. ¡mejor si era de noche! iba en busca del fragor de la tormenta. 

Los padres de Bárbara pertenecían a la burguesía francesa, pero mantenía muy estrecho contacto con los nobles cuya causa defendían con ardor. La muchacha se decidió por la causa del pueblo. Eran las postrimerías del siglo XVIII y la revolución estaba en todo su apogeo. Cuando llegó el histórico 14 de julio, hacía 7 días que Bárbara había salido de su casa, a la que no volvió. Los labriegos de las cercanías juraban haber visto a la hija de Leblanc en el bosque en plena tormenta tal como ella acostumbraba, el pelo suelto y el vestido arrollado a la cintura y a veces hasta sin ropa, junto a los troncos milenarios convertidos en carbón por las descargas eléctricas de los abismos.

Según los espiritistas avanzados, es sumamente difícil, en el estadio de trance, con el espíritu de Bárbara Leblanc. Se requiere un médium de alta calidad y que de todas maneras haya sido sometido a cuidadosa preparación. Aun así, nos aseguran, solamente llegan “mensajeros” o acaso el gran espíritu no hace otra cosa que enviar sus fluidos desde lo alto, como un mínimo reflejo de su sabiduría, de su poder, de su característica altamente justiciera. 

La legalidad, el desprendimiento, la lealtad, la filantropía, el sacrificio por sus semejantes, el cabal concepto de la libertad humana y el libre albedrío de los hombres para que piensen y resuelvan con su propia cabeza son condiciones y virtudes que informan la grandeza de esta entidad, llegada a la perfección a través de severas evoluciones, naturalmente que esto ocurre también con otros seres evolucionados, los cuales no descienden tampoco fácilmente a establecer contactos con mentalidades simples, desorientadas, desinteresadas cargadas de rencores, de envidias y de mezquindad. 

Changó

El tercer aspecto de la oración a Santa Bárbara en nuestro país es el referente a la religión yoruba, el culto lucumí, sistema que ha derivado en santería que es el vocablo con el cual se le conoce generalmente. 

Los lucumíes no tomaron la litografía de Santa Bárbara como imagen sino como un símbolo, teniendo en cuenta sus características y las circunstancias del poder sobre el rayo y el dominio de las tormentas que así les informaron los amos al someterlos a la religión católica como símbolo, y no podía ser de otra manera, porque Changó es varón y tan varón que él en sí representa la virilidad. Hay que verlo montado, es decir, en estado de trance, si el caballo (médium) en que se monta o se sube es mujer, Changó se introduce y se aprieta la falda del vestido entre las piernas para dar la impresión de que lleva pantalón. 

Se pasea de un lado a otro con las manos detrás en gesto de desafío o pose de gran señor, y luego se detiene para mirar de arriba abajo a cuantos le rodean, y otra vez de abajo a arriba, para fijarles después la vista entre ceja y ceja. En esos paseos, miradas y gestos de su presentación está ofreciendo pasajes de su vida como guerrero, como tamborero, como enamorado y como amigo franco legal o como enemigo peligroso. Hay un gesto suyo femenil, donde está contando a los conocedores un pasaje de su guerra con Oggún, en que lo engañó pasando por su lado vestido de mujer con las ropas de Ollá. 

Esto ha confundido a muchos observadores que le han atribuido dualidad sexual. De seguro que en esta oportunidad tiene algo que decir a los presentes adivinando el pensamiento y poniéndoles de manifiesto detalles de su vida, posiblemente olvidados, y es que Changó, para el lucumí o para el creyente de ese culto, es el adivinador por excelencia, nada menos que el primer dueño del tambor del tablero de Ecuelé y del collar de Ifá instrumentos de adivinación que luego dejó en manos de Orula (San Francisco de Asís), para coger él los tambores y moverse a voluntad, sin frenos ni compromisos que lo ataran.

De la biografía de Changó, plena de interés vamos a ofrecer algunos aspectos. Su nacimiento ya ocurre en circunstancias muy especiales, estaba Aggallú Sholá (San Cristóbal) entregado a su oficio de botero, pasando a los que tenían que ir de las tierras de Olofi (Dios) a la otra parte del mundo. Una mujer bellísima que impresionó a Aggallú, llegó para que la pasara:

-Debo decirte que no tengo oguó (dinero) con que pagarte. -Pues te llevaré en mis brazos, porque en mi bote no se puede montar de gratis. 

La travesía era larga, ella muy bella y él muy saludable. Iban apretados tragándose mutuamente el calor de la respiración. Cuando llegaron a tierra, la mujer perdió el equilibrio y cayó de espaldas en una forma que agotó la serenidad de Aggallú. Aquella mujer que era Obatalá (Virgen de las Mercedes) se despidió del hombre sin ulteriores compromisos, pero no sin ulteriores consecuencias. Un día se oscureció el cielo se desató una tormenta, estalló un rayo y nació Changó. 

Muy majadero el muchacho, las cosas andaban mal en el cielo por sus majaderías. Cansada Obatalá lo arrojó desde lo alto a la tierra, pero lo cogió en el aire Yemayá (Virgen de Regla) con la falda de su enorme túnica pese a que aquello venía de lo alto como una bola de candela. Vio al muchacho, entendió que lo enviaba Olofi y lo crio con el mayor consentimiento. 

Como Changó, lo adivinaba todo a la hora de darle oficio, se pensó que tomará el de adivinador, por lo cual Obatalá a instancias de Yemayá le trajo el Tablero del Ecuelé y el collar de Ifá.

Muy joven Changó para la seriedad que requería aquel oficio, deseando divertirse a sus anchas se disfrazaba y acudía a los güemileres (fiestas) dando nombres distintos. Descubierto, no tuvo otra solución que entregar los instrumentos de adivinación al viejo Orula y tomar él los tambores. Comenzó a vivir la vida intensamente y adquirió experiencia enorme de los hombres y de las mujeres, de los amigos y de los contrarios. Guerrero de nacimiento, conoció el triunfo y la derrota frente a su rival Oggún (San Pedro).

 En interminables encuentros supo del amor unido al agradecimiento, cuando ya la Candelaria le prestó sus ropas para que Oggún no lo conociera en un momento muy difícil. Conoció el sacrificio de una mujer cuando Oba se cortó las orejas para alimentarlo, ya que no tenía carne para su hombre en los momentos que más lo necesitaba. Supo cuánta fidelidad hay en una pecadora arrepentida, cuando Ochún (La Caridad) lo acompañó en épocas de penuria al extremo de quedarse con un solo vestido que tomó el color amarillo de tanto lavarlo para ponérselo otra vez. 

Sintió el amor de padre en los Obeyes, (San Daniel y San Cosme), hijos de su unión con Ochún. Protegió a Eleguá a manos llenas y no tuvo al amigo cuando hubo de necesitarlo. Conoció el amor indebido, urgido por los caprichos de Yemayá, su madre de crianza. Aprendió con Orula que la práctica de la honradez es más práctica que la picardía.  Olofi le enseñó que “oreja no puede pasar cabeza” que el chivo tiene cuatro patas, pero no puede coger cuatro caminos; que “el pájaro que hace ruido no oye el ruido”. Con toda esa experiencia, un día ya viejo y cansado, llegó ante Olofi y se puso a su disposición para ayudarlo a orientar a cuantos quisieran recorrer con buen pie su propio camino. 

Por eso los fieles de Changó acuden ante él a pedirle “la gracia que deseen obtener por su intercesión”, pero la imagen de Bárbara, la de Nicomedia, la robusta mocetona de la espada y el símbolo de la fortaleza, está en los altares del rito yoruba, como en los altares de los espiritistas, como en la iglesia parroquial del Espíritu Santo. 

Criollo muy criollo

El cubano, en su inmensa mayoría, es religioso, pero religioso realista que busca solución a los problemas inmediatos. Ocurrirá igual en todos los pueblos de la edad del nuestro y creados con el material con que fue fundado nuestro pueblo, economía insegura, ni aún los ricos se consideran aquí seguros de su propia economía. 

En Estados Unidos hay un engranaje económico con bases de estabilidad por la cual abunda la filantropía. Allí el rico piensa en la religión para salvar su alma después de la muerte. Hasta los pobres en Estados Unidos esperan la vida feliz en el más allá, los negros norteamericanos desaparecido todo vestigio de los ritos de sus abuelos de África, también aguardan una fraternidad en los cielos, donde el Altísimo no permitirá linchamientos

Nosotros religiosos realistas, queremos que los problemas vitales se resuelvan enseguida para tranquilidad y reposo de nuestras almas. De ahí que a veces no nos basta la intervención y nos convertimos a la vez en sacerdotes y fieles de nuestra propia causa, llegando inclusive a crear nuestro propio rito o un culto muy particular. 

Siguiendo esta verdad, nos encontramos con que el culto a Santa Bárbara, señalado y explicado aquí en sus tres aspectos, no se practica en nuestro pueblo de un modo independiente uno de los otros, sino que un mismo fiel adora a la Santa de Nicomedia, a la valiente doncella francesa y al tamborero de Imá, adivino y guerrero, terrible y sensual. 

Se acude, novena en ristre, a la iglesia del Espíritu Santo. Luego se coloca un vaso con agua, flores y albahaca en la repisa a donde habrá de acudir el espíritu para dejar sus efluvios divinos y sus salvadores influencias y más tarde se le dará carnero a Changó para que impulse a su hijo en la solución de sus problemas. 

Es una completa encerrona para la mala suerte y es sobre todo adquirir fuerzas para domar la vida porque los devotos genuinos de Santa Bárbara, los hijos directos de Changó son domadores independientes y voluntarios. Más aún, tienen la facultad de crecerse en la tormenta y de no retroceder ante las dificultades.

En inquietudes perennes, solo decaerán con el peso de los años, desmoronamiento físico, pero entonces se desbordará el caudal de su experiencia y valdrán sus consejos como el oro.

Claro que esa forma triple de adorar a Santa Bárbara ocurre con un grupo de Santos muy conocidos y que son los principales en la fe 

popular criolla, Mercedes, Caridad y Regla que son grandes puntales de la Iglesia Católica están llenos en los innumerables centros de espiritistas y más tarde son Obatalá, Ochún y Yemayá entre los santeros.

Hasta ahora son esas cuatro santas las que disfrutan plenamente esa triple adoración, pero ahí no se detendrá la mezcolanza y muy pronto tendremos nuevas figuras en ese río popular que lleva todo lo que encuentra a su paso. Es la fuerza del ajiaco admirablemente descrito por don Fernando Ortiz, para representar en él la morfología de nuestro pueblo. 

En otras épocas, no hace todavía muchos años estaban bastante demarcados los campos del catolicismo, el espiritismo y de la santería en la entraña del pueblo, andando por las aceras de cualquier barrio y mirando hacia el interior de las casas, se podía captar el tipo de religión que practicaban sus moradores. 

Los hogares católicos presentaban las estampas de la Iglesia, presididas por un gran cuadro del Sagrado Corazón de Jesús o daban señales de su fe por medio de otras figuras sagradas. Los espiritistas no podían prescindir de un severo retrato de Allan Kardec. 

Y fijando un poco la mirada sobre los libreros podía observarse entre las obras del fundador de la doctrina Espírita, las obras de los anarquistas y libre pensadores que así había un frente anticatólico que culminó en la Liga anticlerical de Cuba y en la que constituyen el más fuerte sector, los masones. La propaganda era fuerte y parecía que iba a desembocar en una lucha de grandes proporciones, ya que estaban alineándose frente a la Iglesia, los obreros adelantados, los intelectuales y la burguesía. 

A partir de 1925 todo empezó a cambiar. Machado se introdujo en la masonería y mermó sus prestigios de institución rectora. La Liga comenzó a decaer, los obreros miraban hacia el comunismo, surgieron las contradicciones y cada cual tomó por su lado.

 Aquellas contradicciones se reflejaron en los centros espiritistas y fueron arrinconadas las doctrinas de Kardec.  El clero quedó intacto. En cuanto a los hogares de santeros, se distinguían por unos altaritos rústicos más o menos limpio, más o menos adornados con los Santos más conocidos, lo mismo en yeso que en litografía. 

La tremenda crisis económica del machadato sacó de quicio todas las cosas en nuestro país. Cada cual se agarró de lo que pudo, la necesidad de creer se hizo perentoria, el que no veía su progreso bajo una creencia, tomaba otras rutas y como la situación no variaba terminaba por forjarse su propia creencia, su propio rito, el afán de resolver los problemas vitales llevando a los creyentes de un paraje a otro. De uno a otro templo de una iglesia, al Médium Espiritista y de aquí a la consulta del “babalao”. En la tierra de las inquietudes con inquietudes, se resuelven todos los problemas. No puede afincarse mucho la idea religiosa en un país donde hay tres cosechas de maíz al año.

En la abundancia la religión es lujo, ostentación, vanidad; en la penuria, florecen las supersticiones. Lo inmediato, lo superficial, el mango real el ciento, el concubinato mientras tanto, tres padrenuestros con tres baños de albahaca y un coco para Eleguá, si esto me sale bien, compró un billete para sacarme la lotería. 

La naturaleza es pródiga, pero la economía es insegura, los cargos públicos tienen visos de transitoriedad. Esto dura poco y hay que aprovechar. Mecánico, tornero, vendedor ambulante, concejal, representante y ministro de Gobernación de 30 años….se acuerda de Santa Bárbara cuando truena.

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