RITA MONTANER, La Única

Written by Libre Online

18 de abril de 2023

Rita Montaner, la grande, es un nombre incrustado en la cultura cubana. Rita, que al comprender que la vida se le iba pidió que la enterraran por la tarde, “porque por la mañana los entierros quedan muy deslucidos”, y que la maquillaran después de muerta “para seguir luciendo bonita”, aceptará complacida, “porque morir no es otra cosa que partir”. Se marchó hace 65 años, el 17 de abril de 1958.  Jesús Orta Ruiz y Eduardo Egea dedicaron sendos poemas a la cantante y actriz en ocasión de su muerte. Estos versos escritos en 1958, LIBRE los comparte con sus lectores.

Te has ido. Y eso es todo.

La muerte no es verdad.

Morir no es otra cosa que partir, 

Que echar a andar hacia un norte de sombras.

Pero, de todos modos, no te has muerto.

No importa qué caminos,

Qué fronteras ha sido necesario que cruzaras…

Siempre estarás aquí,

Viviendo aquí,

Alma indudable y corazón de mi pueblo.

Claro que duele mucho la ausencia que nos dejas.

Claro que no hay pañuelo, 

No hay sábanas que alcancen

A secar tanta lágrima llorada.

¡Ay, la que no se llora,

pero que duele dentro y cae como una espina

sobre la piel desnuda y desprovista del alma!

Pero yo estoy contento, porque ya estás tranquila

Ya estás como la nube, viajando hacia tu agua.

Igual que golondrina del celestial alero.

¡Todo el mundo es tu casa!

Ya estás, sombra de luz eternizada.

Pero yo no estoy triste. El ángel de tu guarda, 

que en este largo viaje te acompaña,

se lo debe haber dicho anoche a las estrellas,

y al alto campanario criador de palomas,

y a las viejas palmeras que te decían adiós

cuando cruzabas

ingrávida y brillante como un astro

por el aire nocturno de un abril diecisiete.

El ángel de tu guarda 

se lo debe haber dicho anoche a los luceros:

“Me he robado una isla de risa y de maraca,

Me he robado una isla de sol y de jilguero…

Y luego,

Ya en presencia del magno personaje,

Que te mandó a buscar seguramente,

Porque desea un cielo más alegre,

El ángel de tu guarda, de rodillas,

Dirá sencillamente:

“Señor, aquí la tienes”.

Y el mismo Dios, con dedos como el aire,

Te quitará del pecho para siempre

La roja flor que te nació una tarde,

Y la convertirá en rosa viva,

Y te la prenderá como mano suave

en la noche infinita de tu pelo.

Y entonces tú, cascabel liberado,

Cantarás como nunca,

Bailarás como nunca,

Reirás como nunca o como siempre,

Porque tú no has muerto.

Te has ido y eso es todo.

Yo lo quiero jurar por este verso:

Morir no es otra cosa que partir

Que echar a andar hacia un norte de sombras…

Eso sí, sin regreso.

Eduardo Egea

LLANTO JUNTO AL SILENCIO DE RITA MONTANER

Aquí está la alegría amortajada,

Aquí está la mulata del solar

Diciéndole a la Muerte chismes contra la Nada.

Aquí la rumba yace, como el agua del mar

Dormida en el estero.

Aquí es azúcar muerta la sal del frenesí.

Aquí el silencio canta con voz de manisero.

Y lágrimas calientes son granos de maní.

Aquí está el Siboney que en ella suspiró

Cuando su voz cubana le dijo: “Yo te quiero”.

Aquí está la nostalgia de María la O.

De la O que la muerte ha convertido en cero.

Aquí lloran las frutas sin el pregón Frutero,

Lloran Rosa la China y Cecilia Valdés.

Aquí el Zunzún se queda pegado al jazminero.

Ha muerto Niña Rita y gime Mamá Inés.

A la una y media de la madrugada

Murió Rita la Única… no ha de cantar jamás.

A la una y media de la madrugada

Quiso brillar el cielo con una estrella más.

Se hizo esquina divina la Esquina del Pecado.

Se hizo elegía el verde Romance del Palmar.

Los Angelitos Negros le dieron el recado

Del azul empresario de un teatro estelar.

Se fue la de los ojos oscuros y contentos.

Y Cuba, como el mundo que la quisiera tanto, 

Quiere pagarle el oro de los dulces momentos

Con la líquida plata de su llanto.

–Adiós, Rita de Cuba… sigue tu ejecutoria

En “turné” celestial a otros planetas…

Para verte de nuevo, resérvanos lunetas

En el claro teatro de la Gloria.

Jesús Orta Ruiz (“Naborí”)

Temas similares…

Perdón Generoso (Final)

Perdón Generoso (Final)

Por heliodoro García Rojas (1935) Pero la guerra estalló en Baire y Palacio, con sangre de traidor en las venas, vio...

0 comentarios

Enviar un comentario