REFLEXIONES SOBRE LA GUERRA DE UCRANIA EN SUS 204 DÍAS

Written by Adalberto Sardiñas

21 de septiembre de 2022

Las impresionantes victorias de las fuerzas armadas ucranianas en la región de Kharkiv, con la liberación de docenas de poblaciones, antes tomadas por los invasores rusos, abren un nuevo capítulo a una guerra que comenzó más de siete meses en el pasado, con la esperanza rusa de concluirla en una semana, con la toma de la capital Kiev, y la capitulación del gobierno de Zelenski. No ha sido así. Al contrario, son los invasores rusos los que están a la desbandada ante la contraofensiva ucraniana, dejando abandonada abundante cantidad de armamentos y municiones que, como es de esperarse, serán convenientemente utilizados por el ejército ucraniano. Los campos de batalla en el Este, Norte y Sur de Ucrania han cambiado en favor de ésta. 

Escribimos esta columna en el día 204 de la invasión con una perspectiva muy diferente a la de febrero 24.

  Los eventos recientes señalan una nueva etapa en la desastrosa aventura criminal de Vladimir Putin. Todos sus planes, se han venido abajo. Las fuerzas armadas ucranianas han mostrado estar mejor armadas, organizadas y enfocadas que las de sus oponentes rusos, con una moral más firme, y ahora elevada, con sus últimas victorias. Ante este abrupto cambio de escena, las opciones de Putin son pocas y un tanto sombrías. Pero estamos ante un individuo impredecible y por lo tanto peligroso. ¿No fue capaz de invadir, estúpidamente, contra toda lógica, arbitrariamente, a Ucrania?  ¿Quién dudaría que, en un momento crítico, de máxima desesperación, o frustración, Vladimir Putin, fuera de control, no decidiera por la trágica opción nuclear? Y esto, sí cambiaría, dramáticamente, la ecuación, que reclamaría entonces grandes cambios estratégicos, políticos y militares, cuyas consecuencias son difíciles de evaluar en estos momentos.

  Al margen de la enorme desgracia y destrucción que Ucrania ha sufrido como consecuencia de la invasión rusa, hay que destacar algunos elementos muy positivos en el contexto de la tragedia. Lejos, y muy contrariamente a lo esperado por Rusia, la OTAN ha demostrado una cohesión absoluta en el apoyo y respaldo a Ucrania, y Estados Unidos, a la cabeza de ella, ha suministrado la mayor parte del arsenal sofisticado que ha sido vital para la resistencia ucraniana. Occidente no le ha fallado a Ucrania ni a la democracia.

  También, como resultado de la agresión, Finlandia y Suecia, entran a formar parte de la OTAN. La organización se ha fortalecido, y Europa, en su totalidad, especialmente en el Este, y en los países bálticos, se siente más segura. Irónicamente, Putin, que quería lo contrario, empujó a ambas naciones al seno de la OTAN.

  Con el fin de la Guerra Fría, y el colapso de la Unión Soviética, un espíritu de ingenua bondad se extendió por buena parte del mundo. ¡No habrá más guerra! Multitudes llegaron a pensar que habíamos alcanzado la paz eterna de la que nos hablaba Emanuel Kant, y Francis Fukuyama, en su famoso best seller, trataba de convencernos de que al ¡fin!, llegamos al fin de la historia.

  Y no fue así. Disfrutamos, es cierto, de treinta años de relativa quietud. Pero no de una paz duradera. Fue, y continúa siendo, una paz frágil. Las naciones del báltico, se enfrascaron en una guerra feroz, tomando miles de vidas. Y ahora Rusia, queriendo revivir los días de barbarie de la Unión Soviética, pretende subyugar, a la libre, soberana y democrática Ucrania.

 El ejército ruso, a mediados de este septiembre, en varias regiones de Ucrania, se revuelve en un caos. También Vladimir Putin. Por un lado, trata de estabilizar la situación militar, y por el otro, se enfrenta, ya, de hecho, a duras críticas dentro de Rusia, que se extienden a círculos oficiales, que lo culpan por haber iniciado la guerra, y por los fracasos militares con la pérdida de decenas de miles de soldados y enormes pérdidas materiales. La pregunta generalizada es ¿cuál será su reacción ante este reto?

  Si Vladimir Putin y su alto mando militar logran, en unos cortos meses, estabilizar la campaña iniciada en febrero, algo que luce remoto a estas alturas, la guerra se prolongaría tal vez por otro año, y le daría tiempo para emprender otras estrategias, incluyendo un acuerdo de paz con Ucrania, para saldar, por cualquier medio posible, una guerra de su propia elección, que él no puede permitirse perder.

  Y si el frente de batalla no se puede estabilizar, o la resistencia pública le aumenta la presión, al extremo de poner en peligro su gobierno, existe la posibilidad de un Putin dispuesto a la práctica del chantaje nuclear, o, al uso de esas armas, si fuera necesario. 

  Ante este posible escenario, la paz, y la estabilidad mundial, confrontarían un momento de máximo peligro, que, de ignorarse, afectaría hasta la médula la fundación política y moral de la OTAN, enviando un equivocado mensaje a estados con poderío nuclear, como Corea del Norte.

  Llegado el punto crucial de las decisiones, ¿qué podría hacer Occidente, específicamente la OTAN, y en particular, Estados Unidos, para enfrentar el reto? Varias son las opciones:1) incluir a Ucrania en la sombrilla nuclear americana, ya como miembro de la OTAN, asumiendo mayores riesgos, pero a la vez, imponiendo restricciones sobre  los ataques de Ucrania a Rusia para evitar una escalación del conflicto; 2) mantener el statu quo, facilitando a Ucrania la ayuda necesaria para impedir una victoria rusa, e intensificar el envío de armas súper sofisticadas para acelerar el triunfo de Ucrania en términos que no representen una total humillación, inaceptable para Putin, que lo obliguen, en su final desesperación, a una guerra impensable.

  No obstantes los importantes triunfos militares recientes, ni la liberación de más de 200 poblaciones, con todo el justificado júbilo que provocan, no significan el fin de la guerra.

  A pesar de todos estos extraordinarios avances ucranianos, los rusos aún están en combate y Occidente no debe, ni puede, desestimar lo inconcebible.

  Vladimir Putin es un líder lunático, impredecible y peligroso, que, acorralado, es capaz de las más desafortunadas atrocidades. El uso de armas atómicas en Ucrania pondría en peligro la seguridad de los miembros de la OTAN y abriría las puertas para futuras agresiones de esa naturaleza, con la consiguiente secuencia de una desestabilización de nuestro existente sistema internacional.

  Bajo las presentes tensiones, el gobierno, es decir, el presidente Biden, debería advertir a Vladimir Putin que un ataque nuclear a Ucrania sería considerado como un acto de guerra contra esta nación.

  ¿Lo hará?

BALCÓN DEL MUNDO

Los sindicatos de la compañía ferroviaria Union Pacific amenazaron con ir a huelga y paralizar todo el sistema de transporte que controla esa empresa. Las dislocaciones y los gastos que provocaría esa paralización serían enormes. El caucus senatorial republicano trató de impedir la huelga para dar tiempo a las partes discordantes a encontrar una aceptable solución, pero, el senador socialista Bernie Sanders, abortó el esfuerzo exhortando a los huelguistas a continuar con el paro. En estos tiempos de una economía incierta, esta huelga, de consumarse, hubiese tenido efectos fatales para nuestro sistema de abasto y distribución.

  El viejo marxista mostró, una vez más, su fervoroso apoyo a la dictadura del proletariado.

Al final, debido a los grandes intereses de cada parte, no hubo huelga.

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  Por la última proyección, aún no oficial, los beneficiarios del Social Security recibirán un aumento del 9.7% empezando en enero. Esto se debe a la elevada tasa inflacionaria que sufre la nación y por estar el Social Security conectado para sus ajustes anuales al vaivén de la inflación.

  Nadie más que los retirados, sujetos a un income fijo, han sentido los rigores de una inflación tan desmesurada. La inflación, en términos prácticos, es un injusto tax, impuesto por el gobierno a los ciudadanos. La ecuación va así: mucho dinero en circulación persiguiendo un número limitado de productos: inflación elevada.

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  Cuba es una nación que vive plagada de todas las crisis imaginables e inimaginables: económica, social, alimenticia, transportación, médica, energética, vivienda y crediticia. No paga, de hecho, nunca ha pagado sus deudas a sus acreedores extranjeros, ni, por supuesto, a los nacionales a los que despojó de sus propiedades hace 64 años. Aparte de ser un país en ruina, es una nación que ha vivido por largo tiempo de la limosna de países extranjeros y de la caridad de la diáspora. 

  Ahora tendrá que comparecer ante una Corte en Londres demandada por dos bancos, uno de ellos chino, por falta de pago. Le reclaman 100 millones de dólares, pero la deuda total, a docenas de naciones, pasa de los 52 billones.

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