RAFAEL MANDULEY Y DEL RÍO

Written by Libre Online

20 de octubre de 2026

Por Jorge Quintana (1956)

Cien años se cumplen del natalicio de Rafael María Manduley y del Río, un cubano de estirpe mambisa que no tuvo otra preocupación, durante toda su vida, que el más limpio servicio a la causa de la independencia y a la consolidación de la República.

El 28 de octubre de 1856 nació en Holguín Rafael María Manduley y del Río. Fueron sus padres don Jesús Manduley Pupo y doña María de los Ángeles del Río y Cabrera. A las pocas semanas de nacido, el 10 de enero de 1857, fue llevado a la Iglesia Parroquial Mayor de Holguín para ser bautizado, siendo sus padrinos don Benjamín de Zayas y doña Eladia Ochoa.

En Holguín fue creciendo el niño Rafael Manduley. Asistió a las escuelas de Agustina Almaguer y Liduvina Reyes. La Guerra de los Diez Años le impidió abandonar su ciudad natal para realizar estudios superiores. Sin embargo, aquel espíritu inquieto le permitió, por medios autodidactas, hacerse de una cultura magnífica, sobre todo en lo que atañe a los clásicos griegos y latinos, que dominaba perfectamente. Años más tarde, ya en plena República, los periodistas de La Habana comentaban con admiración aquellos conocimientos sobre los autores clásicos que poseía el patriota oriental.

No había concluido la campaña de la Guerra de los Diez Años cuando, el 9 de julio de 1876, falleció en Holguín su padre, y él quedó al cuidado de su madre. Dos años después concluyó la lucha mediante el Pacto del Zanjón. Los patriotas inconformes comenzaron de nuevo a conspirar, y el joven Manduley se incorporó a la legión de rebeldes que aspiraban a revivir el espíritu guerrero. Las autoridades españolas de Holguín recelaron de aquel entusiasmo juvenil puesto al servicio de la patria y comenzaron a perseguirle. A duras penas logró escapar refugiándose en La Habana, donde también fue acosado, viéndose obligado a trasladarse a Cayo Hueso. Allí le esperarían los sinsabores y las estrecheces de la emigración.

Para poder subsistir tuvo que aprender el oficio de tabaquero, como muchos otros cubanos ilustres. Buscando trabajo se dirigió a Jamaica, donde se colocó en la tabaquería de los hermanos Machado. Aquella estancia le permitió conocer a los grandes jefes de la Revolución que por allí pasaban, entre ellos al mayor general Antonio Maceo, por quien sentía una viva admiración.

En 1882 regresó a Cuba y se trasladó inmediatamente a Holguín para reunirse con su familia. Fue por esta época cuando decidió presentarse a examen para obtener el título de Procurador Público ante la Audiencia de Puerto Príncipe. El 28 de mayo de 1890 contrajo matrimonio en la misma Iglesia Parroquial Mayor de Holguín donde años antes había sido bautizado. Su esposa fue la señorita Teresa Castellanos y Feria, hija del coronel César Castellanos y Fuentes —quien pereciera en Camagüey durante la Guerra de los Diez Años a consecuencia de heridas recibidas en combate— y sobrina del general Luis de Feria Garayalde. El 18 de julio de 1891, la Audiencia de Puerto Príncipe lo designó para ejercer su profesión de Procurador Público en el Juzgado de Baracoa, por lo que se trasladó a esa ciudad donde residió por varios meses. En 1892 se estableció definitivamente en Holguín junto con su familia, a la que comenzaban a sumarse los primeros hijos.

No obstante sus responsabilidades al frente de una familia numerosa, Rafael Manduley y del Río no vaciló en entregarse con su ya proverbial entusiasmo a la causa independentista. Un rasgo distintivo de su fervor patriótico fue que jamás militó en el autonomismo, ni siquiera para disimular sus actividades conspirativas, como hicieron otros patriotas. En Holguín vivía a la sazón el periodista catalán José Miró Argenter, el comandante Pepillo Rodríguez —veterano de las campañas mambisas— y otros cubanos con los cuales aunó esfuerzos.

El 24 de febrero de 1895 el pueblo cubano reinició la lucha. Unas semanas más tarde, el 2 de mayo, Rafael Manduley logró evadirse de Holguín internándose en la manigua para unirse a las huestes mambisas, donde se le reconoció el grado de coronel. Siete días más tarde, el grupo de holguineros se encontró con José Martí y el general Máximo Gómez. Fue Miró quien lo presentó a Martí. La impresión que el patriota holguinero produjo en el Apóstol quedó plasmada en su Diario de campaña con la siguiente anotación:

“Y se acerca, en su saco de nipe amarillo, chaleco blanco, y jipijapa de ala corta a la oreja Rafael Manduley, el Procurador de Holguín que acaba de salir al campo”.

Más adelante, Martí comenta una frase de Manduley al referirse a la preocupación por la suerte de sus hijos: “Y yo, que alimentaba a mis hijos científicamente; quién sabe lo que comerán ahora”.

Ese mismo 9 de mayo, los jefes insurrectos resolvieron que Ángel Guerra operara en la zona de Holguín, que Miró colaborara con él y que Manduley se incorporara también “a influir en la comarca que lo conoce, a ponérsele a Guerra de buen consejero, a amalgamar las fuerzas de Holguín e impedir sus choques, a mantener el acuerdo de Guerra, Miró y Feria”, según anotó Martí. Dos días después, el 11 de mayo, se separaron Martí y Manduley en Travesía. Ocho días más tarde, el Apóstol caía en Dos Ríos.

Desde La Vuelta, el 20 de mayo de 1895, el mayor general Máximo Gómez escribió a Rafael Manduley una carta conservada por sus descendientes:

“Coronel, para evitarme el trabajo de repetir en esta carta lo mismo que digo al coronel Miró, y que él deberá transmitirlo a usted, solo me concretaré a encarecerle la necesidad que tiene la Revolución de que usted se reúna lo más pronto al general Masó y traten enseguida de que le demos forma ostensible al movimiento armado, tal y como lo habíamos estudiado y veníamos preparándolo yo y Martí.

Indudablemente para eso es para lo que más nos hará falta Martí; pero ustedes, los hombres de luces y de prestigio, lo pueden suplir cumplidamente. La Revolución de Cuba no está en poder ni confiada a ningún hombre exclusivamente. Si las revoluciones fueran nacidas así, de ese modo, y no de la opinión y conciencia del país que las alienta y embravece, ninguna triunfaría.

Levantados los pueblos, yo creo que, con más o menos caídas, la América siempre hubiera sido, sin Bolívar y sin Washington, tan libre como lo fue con ellos.

Por la dirección de la guerra, en cuanto a eso no tengamos cuidado, pues somos muchos jefes y sabremos responder a las exigencias. Ocúpense usted y Masó de todo lo demás y adelante. Salud y éxito. 

Su general y amigo, 

M. Gómez”.

El 26 de julio, el Segundo Cuerpo lo eligió su representante a la Asamblea Constituyente de Jimaguayú, efectuada el 13 de septiembre, donde fue designado vicepresidente de la convención. El 19 de septiembre se le eligió gobernador civil de la provincia de Oriente, cargo al que renunció. Por esos mismos días —el 25 de septiembre— su esposa, su suegra, su cuñada y sus hijos Isaura, María Teresa y Rafael se marcharon a la manigua, uniéndose al padre en aquel peregrinar constante por los campos de Cuba.

El 19 de mayo de 1896, el Consejo de Gobierno lo nombró subsecretario de la Guerra en sustitución del coronel Mario García Menocal, quien había presentado su renuncia. Ese mismo día asumió interinamente la Secretaría de la Guerra, vacante por encontrarse su titular, el mayor general Carlos Roloff, en una misión en el extranjero. El 30 de junio, el Consejo lo comisionó junto al doctor Eusebio Hernández para estudiar los acuerdos y leyes vigentes con el fin de adaptarlos a la Constitución de Jimaguayú. Dos semanas más tarde presentaron su informe. El 2 de agosto renunció a la Subsecretaría para pasar al Segundo Cuerpo como jefe del Estado Mayor, e igualmente asumió la jefatura del Estado Mayor de la División de Holguín, donde concluyó la campaña en agosto de 1898 con el grado de coronel, el mismo con el que había ingresado al Ejército Libertador.

Durante la contienda sufrió severas pérdidas personales. El 23 de diciembre de 1896 falleció en Santiago de Cuba su madre, doña María de los Ángeles del Río, viuda de Manduley, sin que él pudiera asistir al sepelio. El 12 de octubre de 1897 falleció víctima de fiebres su hijo Rafael en el campamento de Mejías. Unas semanas más tarde, en ese mismo campamento, nació su hijo Calixto, bautizado el 27 de enero de 1898 por el general Calixto García, en cuyo honor recibió el nombre.

Concluida la guerra, se trasladó a Holguín. En 1899 fue electo presidente del Primer Centro de Veteranos de su ciudad natal. El 16 de junio de 1900 fue electo juez municipal de Baracoa, desempeño breve debido a que el 15 de septiembre resultó electo delegado a la Asamblea Constituyente, donde destacó por su firme oposición a la Enmienda Platt.

Ese mismo año figuró como candidato a senador por la Coalición Masoísta en la provincia de Oriente; sin embargo, al retirarse el masoísmo de la contienda, acató disciplinadamente la decisión partidista. El 19 de septiembre fue designado vocal de la Subcomisión Revisora y Liquidadora del Segundo Cuerpo del Ejército Libertador, cargo que desempeñó hasta el 21 de enero de 1903. Tras la contienda nacieron sus hijos César, Jesús, María de los Ángeles y Leonor.

El 28 de febrero de 1904 resultó electo representante a la Cámara por la Coalición Oriental Independiente. El 1.º de agosto de 1908 fue electo gobernador provincial por el Partido Liberal Histórico, tomando posesión el 1.º de octubre de ese año y desempeñando el cargo hasta el 24 de febrero de 1912.

El 15 de abril de 1912, la Convención Nacional del Partido Liberal lo postuló como candidato a la Vicepresidencia de la República en fórmula con el doctor Alfredo Zayas. El 9 de septiembre, con el fin de evitar divisiones en el liberalismo, envió una carta renunciando a la candidatura, la cual fue aceptada el 17 de septiembre, designándose en su lugar al doctor Eusebio Hernández. Los liberales orientales lo postularon entonces para un nuevo período en la Gobernación Provincial; sin embargo, en las elecciones del 1.º de noviembre de 1912 fue derrotado por un estrecho margen de menos de mil votos frente al general Manuel Rodríguez Fuentes, candidato del Partido Conservador.

En 1915 fue electo presidente de la asociación “Unión Antillana”, organización creada para promover los ideales de integración regional del poeta puertorriqueño José de Diego. Ese mismo año, por motivos de salud, viajó a Saratoga (Estados Unidos) para tomar baños termales. De regreso a Cuba se reincorporó a la actividad política como figura del liberalismo oriental. Para los comicios del 1.º de noviembre de 1916 volvió a presentarse como candidato a gobernador provincial de Oriente. En un proceso electoral envuelto en irregularidades, el coronel Guillermo Fernández Mascaró —líder de la facción Liberal Provincial aliada a los conservadores— se adjudicó la victoria. Ante tales acontecimientos, Manduley dirigió al general José Miguel Gómez un célebre telegrama:

“General Gómez, Habana.

Anteanoche hubo jaleo, bulla, alarma y estruendoso aparato militar, rodeándose la casa del doctor Francisco Portuondo porque en el piso alto teníamos dos vigilantes inermes que observaban la Oficina Provincial Electoral, custodiada por fuerza armada. Tal ira produjo la precaución nuestra que el Supervisor ordenó lo dicho anteriormente, dando parte al Juzgado de Instrucción por suponerse que nuestra gente iba a atacar la Junta Provincial para robar documentos donde precisamente consta nuestro triunfo. Se detuvo a los dos vigilantes, registrándose por el Supervisor la casa sin rastro alguno de conjurados ni otras armas que los instrumentos quirúrgicos del dentista Portuondo. Se ha iniciado la causa del caso y, buscando yo en los clásicos y en los modernos escritores, no encuentro vocablo que sintetice; pero yendo mentalmente a la Plaza del Mercado di con él y es el siguiente, general: Esto es un relajo.

Manduley”.

En 1917, tras la sublevación liberal contra los resultados electorales, el coronel Manduley fue detenido e internado en la cárcel de Santiago de Cuba. Al ser puesto en libertad continuó su militancia política. En 1919 integró, junto al general Eudaldo Tamayo Pavón, Emilio Bacardí y el coronel Federico Pérez Carbó, un comité nacionalista que demandaba el retiro de las fuerzas estadounidenses de la República Dominicana.

En septiembre de 1923 fue electo vicepresidente de la Asociación de Veteranos y Patriotas de Santiago de Cuba. En 1924 respaldaba las aspiraciones presidenciales del coronel Carlos Mendieta dentro del Partido Liberal cuando, a las 11:45 de la noche del 15 de julio de ese año, falleció a causa de una afección cardíaca en su residencia del reparto Vista Alegre, en Santiago de Cuba.

Su sepelio constituyó una concurrida manifestación de duelo en la que coincidieron correligionarios y adversarios políticos. El 5 de septiembre de 1926, el Ayuntamiento de Santiago de Cuba develó un busto en su honor a la entrada de la avenida principal del reparto Vista Alegre. Asimismo, el 28 de enero de 1932, el Ayuntamiento de Holguín colocó una tarja conmemorativa en su casa natal, rindiendo tributo a quien concibió el cumplimiento del deber —en palabras de Martí— de manera “sencilla y natural”.

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