Por Álvaro J. Álvarez. Exclusivo para LIBRE
José Quintino Bandera Betancourt, conocido históricamente como Quintín Bandera, nació el 30 de octubre de 1834 en la casa n.º 6 de la calle Rastro, entre San Antonio y San Ricardo, muy cerca del barrio de Los Hoyos, en Santiago de Cuba. Fue un general cubano que combatió en las tres guerras de independencia.
Su padre, José Sabás Bandera, y su madre, María de la Caridad Betancourt, eran ambos negros libertos. Por tanto, era afrodescendiente, de raza negra. Tenía un temperamento difícil y poca instrucción formal, pues solamente estudió dos años.
Desde la década de 1850 se entregó a la causa de la libertad de Cuba, participando en varias conspiraciones. Iniciada la guerra independentista, se unió a las fuerzas del general Donato Mármol en Palma Soriano, el 1 de enero de 1869, junto a su primera esposa, Francisca Zayas. Con ella tuvo cinco hijos, pero lamentablemente todos fallecieron siendo muy pequeños debido a las severas condiciones de la vida en la manigua durante la contienda.
Fue ascendiendo progresivamente de soldado a teniente coronel en la Guerra de los Diez Años. Participó en la Protesta de Baraguá junto a los hermanos Maceo, Guillermón Moncada, Flor Crombet y otros importantes oficiales cubanos. Como consecuencia de este acto, fue ascendido a coronel. Después de esto, participó en diversas acciones combativas. Por último, recibió la orden de custodiar al gobierno provisional de Manuel de Jesús Calvar hasta su disolución, el 21 de mayo de 1878, en Loma Pelada. Capituló cuatro días después en el poblado de San Luis.
Fue protagonista, junto con Guillermón Moncada y José Maceo, de los sucesos del 26 de agosto de 1879 en las calles de Santiago de Cuba, los cuales iniciaron la Guerra Chiquita. Concluida esta contienda, partió para Jamaica en unión de Guillermón y José Maceo, el 4 de junio de 1880.
Violando las garantías ofrecidas por el régimen español, uno de sus cañoneros detuvo en alta mar el vapor en que viajaban y fueron conducidos a Puerto Rico; luego los remitieron a España. Después de tres meses en la prisión de Cádiz, Quintín fue enviado al castillo de Mahón, en las islas Baleares, junto con otros patriotas. Lo indultaron en 1886.
En 1895, fue uno de los primeros en alzarse el 24 de febrero. En esta guerra alcanzó el grado de general de división. Fue designado por el mayor general Antonio Maceo como jefe de la infantería de la Columna Invasora.
Durante los combates en Matanzas, la infantería buscó refugio en la Ciénaga de Zapata. En varias ocasiones, Bandera desobedeció la orden del lugarteniente general de marchar con la infantería hacia La Habana; por esa razón, en 1897 fue sometido a un Consejo de Guerra presidido por el general en jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez, donde fue sancionado y degradado temporalmente a soldado raso.
En consecuencia, la retribución recibida al concluir la guerra fue la correspondiente a un soldado. Además, nunca le asignaron ningún puesto en el gobierno de Tomás Estrada Palma.
Algunas fuentes coinciden en que consiguió un puesto como capataz de los servicios de recogida de basura de La Habana, aunque fue cesanteado pocos meses después. Entonces Ramón Crusellas, propietario de la fábrica de jabones Crusellas, le dio trabajo como vendedor ambulante y figura publicitaria de sus productos.
Tras la reelección de Tomás Estrada Palma, el 19 de agosto de 1906, a sus 71 años, Quintín Bandera se sumó al levantamiento armado del Partido Liberal en la llamada Guerrita de Agosto. Operó en las zonas aledañas a El Cano, Wajay y Arroyo Arenas, donde participó en el asalto al tren que iba de La Habana a Guanajay y requisó suministros.
Al notar que el movimiento fracasaba, solicitó un salvoconducto al gobierno para deponer las armas y se refugió en la finca El Socorro, del simpatizante Manuel Silveira (ubicada entre Arroyo Arenas y El Cano).
El 23 de agosto, tropas de la Guardia Rural llegaron a la finca. Creyendo que le entregaban el salvoconducto, el veterano general fue acribillado a disparos y rematado a machetazos junto a sus compañeros Joaquín Garrido y Ángel Martínez.
Su cadáver fue enterrado en una fosa común, pero gracias a la gestión de un sacerdote local, su familia pudo recuperar sus restos y darle una digna sepultura. Sus restos descansan actualmente en un sencillo panteón de mármol negro en el Cementerio de Colón.
El general Quintín Bandera tuvo una descendencia numerosa a lo largo de su vida. Sus cinco hijos conocidos, nacidos de su último matrimonio con Virginia Zuaznábar, fueron José Quintín, Claro Nimio, Dulce Virginia (madre de su nieta Julia Martina Corzo Bandera), Marcelino Risquier y José Sabás Bandera Zuaznábar (quien se convirtió en un destacado saxofonista en Francia). De acuerdo con los relatos de sus familiares, Quintín tuvo también otros hijos fuera de su último matrimonio (algunas fuentes mencionan un hijo con una mujer española llamada Francisca Carrera durante su presidio en Mahón).
La historia de la descendencia de Quintín Bandera en Europa es fascinante y está íntimamente ligada a la música y al cine francés.
Su hijo, José Sabás Bandera Zuaznábar (citado artísticamente como José Bandera), llegó a Francia en 1931 como parte de una orquesta que tocó en la Exposición Colonial Internacional de París. La orquesta regresó, pero Bandera decidió quedarse en la capital porque ya había conocido a la francesa Jeanne Bartel, quien sería la madre de su hijo Jean-José, nacido el 24 de febrero de 1932 en Lille, ciudad cercana a la frontera con Bélgica y a 230 km al noreste de París.
José Bandera se convirtió en un destacado saxofonista, clarinetista, flautista, compositor, director de orquesta y cantante. Logró gran renombre al formar parte de la Rico’s Creole Band, una de las orquestas de música cubana y afrocaribeña más famosas de Europa durante las décadas de 1930 y 1940, liderada por Heriberto Rico Izquierdo (conocido como Filiberto Rico, nacido en 1905 en La Habana y fallecido en 1976).
Luego formó parte, como saxo alto, de la orquesta del trompetista norteamericano Arthur Briggs (1900-1991), uno de los músicos de jazz más populares en París entre las dos guerras mundiales. También tocó el trombón y el bandoneón en la orquesta de A. Vallée.
En la década de 1940 dirigió la orquesta José Bandera y sus Muchachos, donde además de tocar instrumentos de viento actuó como cantante. Con ellos grabó al menos 16 temas entre enero y julio de 1948 para el sello francés Decca; uno de ellos fue Conga de La Habana. Bandera compuso además la guaracha Juana Careré, interpretada por el sexteto Los de Camagüey. Otras de sus composiciones fueron la samba Mi tesoro, el merengue Voy de merengue y la canción Bonita.
Bandera se retiró temporalmente en 1948 después de dirigir durante mucho tiempo la orquesta del famoso club nocturno de jazz y baile La Cabane Cubaine, situado en el
n.º 42 de la Rue Fontaine, en Montmartre, París (lugar donde anteriormente funcionó el cabaret Palermo). Por este centro nocturno pasaron destacados músicos cubanos como Moisés Simons, Eliseo Grenet, Mariano Mercerón, Antonio Machín, Eduardo Castellanos y el Trío Matamoros.
Ya en 1928 encontramos a la orquesta del manzanillero Eduardo Castellanos actuando regularmente en La Cabane Cubaine. Aunque la orquesta no estaba compuesta únicamente por músicos cubanos (la ley exigía la inclusión de franceses y contaba con un martiniqués en la percusión), marcaba el ritmo con la misma autenticidad que si proviniera de Guanabacoa o Santiago de Cuba. Acompañaban perfectamente a Eduardo Castellanos y a los otros dos cubanos de la agrupación: José Sabás Bandera y Pedro Machín (hermano de Antonio), a quienes se unieron temporalmente los hermanos Alcides, Ángel y Armando Castellanos, el Trío Matamoros, Rosendo Collazo y Los Diamantes Negros.
Alejo Carpentier y Valmont nació en 1904 en Lausana, Suiza, y fue un escritor que influyó notablemente en la literatura latinoamericana. La crítica lo considera uno de los autores fundamentales del siglo XX y artífice de la renovación literaria del continente. Vivió en París entre 1928 y 1939 en el mismo edificio donde se ubicaba La Cabane Cubaine; para él, sus mesas no eran solo un lugar de ocio, sino un espacio de trabajo. Diversos testimonios e investigadores señalan que el escritor redactaba crónicas y borradores directamente sobre las mesas del cabaret, rodeado por el humo, el ritmo de los tambores y la bohemia intelectual.
Esta inmersión total en el ambiente de La Cabane Cubaine nutrió las investigaciones folclóricas que más tarde consolidó en su libro La música en Cuba (1946) y en los paisajes sonoros de sus novelas de temática afrocubana. Carpentier, a la par de sus trabajos en radio, mantuvo su labor periodística a través de sus agudas crónicas culturales enviadas a Cuba para la revista Carteles, convirtiéndose en el gran promotor del talento de Bandera en Europa. El escritor admiraba la autenticidad con la que José Bandera y su agrupación ejecutaban géneros tradicionales como el son, la rumba y las congas. Carpentier reseñó sus conciertos y destacó el valor de su propuesta musical en la configuración de la identidad cubana en el extranjero.
Ambos compartieron intensamente las noches de la Rue Fontaine. Como director de su propia agrupación, José Bandera y su Orquesta (también conocidos como José Bandera y sus Muchachos), el músico fue una de las figuras habituales de los locales de moda de la escena afrocubana de París. Esta amistad fue un intercambio fértil: mientras Bandera nutría el oído de Carpentier con ejecuciones en vivo, Carpentier daba visibilidad al trabajo de Bandera ante la élite intelectual y artística del París de entreguerras.
Por necesidades económicas, Bandera regresó a los escenarios en 1951, figurando como saxofonista en la Rico’s Creole Band.
Gaspar Pumarejo (1912-1975), conocido como “el gordo de oro” o “el hombre del choripán”, se anotó otro triunfo en Cuba cuando costeó el pasaje y la estancia de más de cien invitados (músicos, periodistas y personalidades) por cuenta de Hogar Club y la Escuela de Televisión para celebrar el Festival 50 Años de Música Cubana los días 24 y 25 de febrero de 1957 en el Estadio del Cerro. Solamente de Francia viajaron 18 artistas, entre los que se encontraban José Bandera y Heriberto Rico.
Son pocos los datos biográficos de José Bandera, incluso los aportados por su hijo en sus memorias. Para José Bartel (quien en su vida artística adoptó el apellido de su madre francesa), la figura paterna fue en la infancia algo intermitente y difuso, aunque en sus escritos aclaró el legado que lo condujo a la música. Nada de esto habría sucedido si su padre no hubiese viajado en 1931 para actuar en la Exposición Colonial de París y si su madre no hubiera acudido a bailar al compás de aquella orquesta exótica durante su gira por Estrasburgo.
El nieto del general Quintín Bandera e hijo del músico José y de Jeanne Bartel, Jean-José Bartel (conocido artísticamente como José Bartel), heredó la vocación musical familiar. El pequeño Jean-José vivió con su madre y sus abuelos maternos debido a las frecuentes giras del padre. Recuerda que hacia 1939, a sus 7 años, la familia pudo reunirse en París. Aquella etapa duró poco por el estallido de la guerra, la ocupación nazi y la marcha de su padre a la zona libre en 1941.
Las memorias de José Bartel relatan con riqueza el período bélico, la ocupación y la posguerra, época en que se afianzó su pasión musical. En 1947, cuando José tenía apenas 15 años, su padre propició su ingreso en la orquesta del músico francés Aimé Barelli, quien lo consideró “nuestro cantante mascota”.
La conexión entre Chano Pozo (1915-1948), Dizzy Gillespie (1917-1993) y el cantante franco-cubano José Bartel se remonta a una anécdota ocurrida en París entre finales de 1947 y principios de 1948.
La legendaria Big Band de Dizzy Gillespie, donde brillaba Chano Pozo, se presentaba en el club Les Ambassadeurs de París. En el mismo recinto actuaba la orquesta de Aimé Barelli, con la cual colaboraba el joven Bartel.
Un imprevisto impidió cantar al vocalista habitual Kenny Hagood, por lo que Bartel fue invitado a cantar en directo junto a Gillespie y los tambores afrocubanos de Chano Pozo, recuerdo que Bartel inmortalizó en sus memorias.
En 1962, José Bartel conoció a Michel Legrand (1932-2019) y al cineasta Jacques Demy (1931-1990), quienes preparaban el filme Los paraguas de Cherburgo. Legrand le pidió a José que prestara su voz a “Guy Foucher”, el rol principal masculino de la película, cantada en su totalidad con música de Legrand.
Para José, la partitura representó un reto técnico, pues Legrand solía escribir en tesituras altas. Además, Bartel acababa de sufrir un accidente automovilístico y debió grabar sentado con la pierna enyesada.
Superó estas dificultades y logró una notable interpretación en dúo con Danielle Licari, quien prestó su voz al personaje de “Geneviève” (interpretado en pantalla por Catherine Deneuve).
El papel protagónico estuvo a cargo del actor italiano Nino Castelnuovo (1936-2021), quien encarnó a Guy Foucher, pero la voz cantada fue la del nieto del general Quintín Bandera.
Uno de los aspectos singulares del filme fue que los actores no cantaban en escena, sino que los doblaban cantantes profesionales grabados previamente en estudio. Fue la primera vez en la historia del cine francés que se utilizó este procedimiento de doblaje lírico integral.
Tras el éxito de la película, José solicitó autorización a Michel Legrand para grabar un sencillo con el tema principal de Los paraguas de Cherburgo, pero le fue denegada, pues Legrand deseaba mantener la música vinculada exclusivamente al filme. Poco después, la cantante griega Nana Mouskouri grabó los temas en español con gran éxito comercial. Bartel grabó posteriormente un disco con las canciones de la película, aunque conservó el pesar por no haber lanzado la versión inicial que pudo haber redirigido su carrera.
El tema principal de la película alcanzó celebridad internacional traducido al inglés como “I Will Wait for You”, interpretado por Tony Bennett, Frank Sinatra, Liza Minnelli, Johnny Mathis, Ray Conniff, Franck Pourcel, Paul Mauriat, Connie Francis, Louis Armstrong, Andy Williams y Matt Monro, entre otros.
En mayo de 2009, Michel Legrand apareció en un homenaje de la televisión francesa donde la soprano Natalie Dessay interpretó la pieza a dúo con él.
Los paraguas de Cherburgo obtuvo la Palma de Oro, el Premio OCIC y el Gran Premio Técnico en el Festival de Cannes de 1964. Fue candidata al Premio Óscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa en 1965 y a cuatro Premios Óscar adicionales en 1966.
En 1967, Legrand y Demy volvieron a convocar a José Bartel para ser la voz del personaje Bill (interpretado por Grover Dale) en Las señoritas de Rochefort, cinta nominada al Óscar en 1969. En 1968 colaboró en la versión francesa del filme animado El libro de la selva (The Jungle Book) de Walt Disney, y posteriormente participó en otras tres producciones cinematográficas.
En diciembre de 1967, Bartel viajó a Cuba por primera y única vez para participar en el Primer Festival Internacional de la Canción de Varadero. Eugenio A. Pedraza Ginori (Yin), director artístico del evento, comentó sobre Bartel: “Por algo Michel Legrand lo escogió para que cantara el tema de Los paraguas de Cherburgo”. Se hospedó en el Hotel Nacional junto a la delegación francesa, permaneció una semana en la isla y realizó grabaciones en los estudios Areito (antigua Panart).
Nunca aprendió a hablar español. Su primer amor fue Lola, con quien residía en La Celle-Saint-Cloud, cerca de París, cuando nació su hijo David Bartel el 31 de diciembre de 1965. A su fallecimiento, el 26 de enero de 2010, a los 77 años, la publicación Dans l’ombre des studios identificó a Norma como su segunda esposa y viuda. Las memorias de José Bartel fueron publicadas póstumamente con la autorización de su viuda Norma y de su hijo David.








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