Poemas de José Martí

Written by Libre Online

24 de enero de 2023

CULTIVO UNA ROSA BLANCA

Cultivo una rosa blanca

en junio como en enero

para el amigo sincero

que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca

el corazón con que vivo,

cardo ni ortiga cultivo;

cultivo la rosa blanca.

Dos patrias

Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche. 

¿O son una las dos? No bien retira 

su majestad el sol, con largos velos 

y un clavel en la mano, silenciosa 

Cuba cual viuda triste me aparece. 

¡Yo sé cuál es ese clavel sangriento 

que en la mano le tiembla! Está vacío 

mi pecho, destrozado está y vacío 

en donde estaba el corazón. Ya es hora 

de empezar a morir. La noche es buena 

para decir adiós. La luz estorba 

y la palabra humana. El universo 

habla mejor que el hombre. 

Cual bandera 

que invita a batallar, la llama roja 

de la vela flamea. Las ventanas 

abro, ya estrecho en mí. Muda, rompiendo 

las hojas del clavel, como una nube 

que enturbia el cielo, Cuba, viuda, pasa…

El alma trémula y sola

El alma trémula y sola 

Padece al anochecer: 

Hay baile; vamos a ver 

La bailarina española. 

Han hecho bien en quitar 

El banderón de la acera; 

Porque si está la bandera, 

No sé, yo no puedo entrar. 

Ya llega la bailarina: 

Soberbia y pálida llega; 

¿Cómo dicen que es gallega? 

Pues dicen mal: es divina. 

Lleva un sombrero torero 

Y una capa carmesí: 

¡Lo mismo que un alelí 

Que se pusiera un sombrero! 

Se ve, de paso, la ceja, 

Ceja de mora traidora: 

Y la mirada, de mora: 

Y como nieve la oreja. 

Preludian, bajan la luz, 

Y sale en bata y mantón, 

La virgen de la Asunción 

Bailando un baile andaluz. 

Alza, retando, la frente; 

Crúzase al hombro la manta: 

En arco el brazo levanta: 

Mueve despacio el pie ardiente. 

Repica con los tacones 

El tablado zalamera, 

Como si la tabla fuera 

Tablado de corazones. 

Y va el convite creciendo 

En las llamas de los ojos, 

Y el manto de flecos rojos 

Se va en el aire meciendo. 

Súbito, de un salto arranca: 

Húrtase, se quiebra, gira: 

Abre en dos la cachemira, 

Ofrece la bata blanca. 

El cuerpo cede y ondea; 

La boca abierta provoca; 

Es una rosa la boca; 

Lentamente taconea. 

Recoge, de un débil giro, 

El manto de flecos rojos: 

Se va, cerrando los ojos, 

Se va, como en un suspiro… 

Baila muy bien la española, 

Es blanco y rojo el mantón: 

¡Vuelve, fosca, a un rincón 

El alma trémula y sola!

La niña de Guatemala

Quiero, a la sombra de un ala,

contar este cuento en flor:

la niña de Guatemala,

la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos;

y las orlas de reseda

y de jazmín; la enterramos

en una caja de seda…

Ella dio al desmemoriado

una almohadilla de olor;

él volvió, volvió casado;

ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas

obispos y embajadores;

detrás iba el pueblo en tandas,

todo cargado de flores…

Ella, por volverlo a ver,

salió a verlo al mirador;

él volvió con su mujer,

ella se murió de amor.

Como de bronce candente,

al beso de despedida,

era su frente -¡la frente

que más he amado en mi vida!…

Se entró de tarde en el río,

la sacó muerta el doctor;

dicen que murió de frío,

yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,

la pusieron en dos bancos:

besé su mano afilada,

besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,

me llamó el enterrador;

nunca más he vuelto a ver

a la que murió de amor.

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