Pedro Roig en el mes de Martí en Miami. La lucha de los héroes por la libertad de Cuba liderada por José Martí

Written by Germán Acero

10 de enero de 2023

Muchos y buenos libros—según el escritor, periodista y analista político Pedro Roig­­–­­ se han escrito sobre la vida heroica de Antonio Maceo Grajales. Por lo tanto, es nuestro propósito señalar la digna trayectoria de su hijo, su nieto y su bisnieto que honraron con sus vidas de ciudadanos y patriotas el legado histórico, que es la herencia inmarcesible del Titán de Bronce.

Su nieto, Antonio Maceo Mackle y su bisnieto Antonio Maceo Masqué, figuras dignas de su herencia mambisa, respondieron al llamado de la Patria en lucha por romper las criminales cadenas del marxismo – leninismo, integraron la gloriosa Brigada 2506.

Antonio Maceo tuvo tres hijos varones, dos murieron a muy temprana edad y uno, su querido Antonio Maceo Marryat (Toñito) vivió orgulloso de la gesta gloriosa de su padre hasta su fallecimiento el 4 de diciembre de 1952 en el Hospital Militar de Columbia, en La Habana.

José Luciano Franco, prominente investigador, historiador y autor de una excelente biografía de Antonio Maceo, fue de los primeros autores que, de forma detallada y sistemática, hurgó en el extenso epistolario del héroe mambí, encontrando cartas inéditas que hacían referencia al hijo poco conocido del Titán de Bronce.

El resultado de la meticulosa labor investigativa del historiador José Luciano Franco, fue su libro “La verdadera historia sobre la descendencia de Antonio Maceo”, en que señala a Antonio Maceo Marryat como el hijo varón de Antonio Maceo, fruto de un idilio en el exilio de Jamaica, con la bella Amelia Marryat. “Toñito” perdió a su madre cuando tenía 10 años. En esta época su padre Antonio Maceo Grajales lo llevó a vivir con él, en su exilio de Costa Rica.

En 1899, Tomás Estrada Palma, el insigne patriota escribe al general José Lacret Morlot indicando que el hijo del general Antonio Maceo (que para esa fecha tenía 18 años) vivía en Estados Unidos bajo su tutela.

Antonio Maceo Marryat estudió ingeniería en la Universidad de Cornell. Tomás Estrada Palma, siempre noble y generoso, asumió todos sus gastos universitarios y personales. Para entonces “Toñito” era un joven alto y robusto como su padre, y tenía los ojos verdes de su madre.

En esta época, Maceo Marryat se enamora y se casa con la joven norteamericana Alice Mackle. En 1904, durante la presidencia de Tomás Estrada Palma, la pareja viaja a Cuba para residir en la patria de su padre. El notable historiador y periodista Manuel Márquez Sterling escribió en las páginas de El Fígaro: “Estrada Palma ha sido el educador del hijo de Antonio Maceo, un gallardo joven que parece llamado a perpetuar la fortaleza de la familia heroica”.

Del matrimonio de Antonio Maceo Marryat y Alice Mackle nació Antonio Maceo Mackle (el 9 de agosto de 1920) que se forjó desde muy joven como hombre excepcional. De porte distinguido (media más de 6 pies), de hablar pausado, sereno y de recia personalidad, se graduó de médico, alcanzando sólido prestigio como cirujano. Prestó servicios en excelentes hospitales de La Habana. En esta época se casó con Angelina Masqué, con quien tuvo como descendencia, su único hijo, Antonio Maceo Masqué, bisnieto del Titán de Bronce.

En 1948, el presidente Carlos Prío Socarrás lo nombró Subsecretario de Salubridad, cargo que ejerció con absoluta entrega profesional, como correspondía al legado histórico de su familia.

De esta forma, entre 1961 y 1963, Antonio Maceo Mackle nieto del Titán de Bronce formó parte de la Dirección Nacional del Consejo Revolucionario Cubano, que fue el organismo civil, de la Brigada 2506 y de la heroica resistencia por la libertad de Cuba. 

Su hijo Antonio Maceo Masqué, bisnieto del lugarteniente general Antonio Maceo Grajales, fiel al ideario de libertad de los Maceo respondió al llamado de la patria en la lucha contra la brutal tiranía marxista-leninista integrando la Brigada 2506.

“Mi querido padre me señaló el camino con su ejemplo.  Al incorporarme a la Brigada 2506 en la lucha por la libertad de Cuba, me sentí honrado de responder presente al llamado de la Patria y al legado histórico de mi familia”.

Una lucha de tres héroes de la guerra de aquel entonces

El 11 de abril de 1895 se produjo por Playitas de Cajobabo, un punto geográfico situado al sur de la actual provincia de Guantánamo, la llegada a Cuba de José Martí y el Generalísimo Máximo Gómez, que venían a ocupar el puesto de vanguardia que les correspondía en la lucha por la libertad e independencia de Cuba.

Ambos paladines habían rubricado el 25 de marzo el histórico documento conocido como el Manifiesto de Montecristi, que de hecho constituía el programa de la Revolución, para llevar adelante las acciones bélicas contra el colonialismo español, en la contienda denominada por José Martí como la Guerra Necesaria.

Como era de esperar, ambos organizadores de la lucha por la libertad de Cuba contra el colonialismo español estaban ansiosos por ocupar sus puestos en la vanguardia de las acciones armadas, iniciadas con el levantamiento del 24 de febrero de 1895 en varios puntos del territorio nacional.

Martí era el delegado del Partido Revolucionario Cubano, creado para organizar y dirigir la lucha, y el generalísimo Gómez ostentaba el máximo grado militar del Ejército Libertador Cubano. Ya para entonces se encontraba en Cuba otro paladín de la libertad, el Mayor General Antonio Maceo, que arribó el primero de abril del propio año por Duaba.

Muy cerca del sitio por donde desembarcaron Martí y Gómez, en un lugar conocido como Rancho de Tabera, Gómez impuso a Martí el grado militar de Mayor General, máxima jerarquía de las tropas mambisas, el que ostentó hasta su caída en combate en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895.

A Martí pertenecen estas palabras: “Yo evoqué la guerra. Mi responsabilidad comienza con ella, en vez de acabar”. Y a Gómez corresponden las siguientes: “¡Soldado!  Llegaremos hasta los últimos confines de Occidente, hasta donde haya tierra española, allí se dará el Ayacucho cubano”.

Los acontecimientos posteriores son sobradamente conocidos. Martí, Maceo y Gómez permanecen unidos en la historia y juntos en la gloria.

Los vínculos entre Antonio Maceo, José Martí y Máximo Gómez se estrecharon desde la primera visita del delegado a Costa Rica. El Apóstol había concebido junto con el General en jefe el proyecto de la nueva etapa preparatoria de la guerra independentista durante los encuentros de ambos en Montecristi y La Reforma, República Dominicana, del 11 al 15 de septiembre de 1892, y la participación del experimentado militar estuvo presente en todo momento como un elemento de importancia decisiva. Las labores organizativas de aquellos meses impusieron a Martí la posposición de su viaje, decidido para fines de abril de 1893 y entorpecido por el alzamiento armado de Purnio y Velazco, en la región de Holguín. Finalmente, anunció la visita para junio.

Quedan sin dilucidar algunos aspectos del tema, por la falta de precisión de las fuentes bibliográficas y documentales. Constituye un elemento importante para el estudio de las relaciones de Martí, Gómez y Maceo en esta etapa el conocimiento de la fecha de recibo de la carta del delegado donde le comunicaba la designación de Flor para organizar la expedición, la reacción inicial del Héroe de Baraguá, así como la actitud personal asumida con respecto a Flor y Agramonte en aquellos momentos.

Debe tenerse en cuenta que el general Antonio se había dedicado durante más de un año a la preparación expedicionaria, para la cual había movilizado hombres y recursos cuando se le había indicado la cercanía de la acción, aplazada en varias ocasiones. Estas ocupaciones incidieron negativamente en sus relaciones con el Gobierno costarricense, y consiguientemente se vio afectado en su economía personal.

Por otra parte, la distancia y las dificultades con las comunicaciones lo habían mantenido pálidamente informado, y a destiempo, de los acontecimientos afrontados por la dirección revolucionaria en el exterior y en la Isla, por lo que la decisión de subordinarse, aunque fuera durante un breve lapso, a un oficial de menor graduación, con quien había tenido anteriormente diferencias y disputas hasta el límite de haberse concertado un duelo entre ambos, así como el cuestionamiento por Crombet, en 1893, de su dirección de la colonia cubana, debió constituir uno de los momentos más difíciles de su vida de militar revolucionario entregado a la causa de la liberación cubana. No obstante, prevaleció su patriotismo ante cualquier consideración personal, aceptó las órdenes recibidas y se incorporó a las huestes expedicionarias. “La patria, ante todo.”

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