Pat Riley, el último de los mohicanos

12 de mayo de 2026

En una ciudad donde la tradición se esfuma rápidamente, es refrescante experimentar esas raras excepciones que tratan de perdurar. Son todavía más especiales cuando los sobrevivientes de ese movimiento de cambio son seres humanos.

Hemos sido testigos del descuido y luego más tarde de las demoliciones de estructuras de gran valor. Escuelas, bibliotecas, edificios y muchas otras construcciones han dado paso a condominios, condominios y más condominios. 

Aunque esto parezca insólito esa ausencia de un pasado que en un momento contribuyó al crecimiento y desarrollo de la comunidad ayuda al deterioro que conlleva al olvido de la tradición.

Vemos cómo los Miami Dolphins, la franquicia más antigua del área, en la actualidad es casi irrelevante y mucho recae en el alejarse de todo lo que fue exitoso. Hoy día es más importante mercadearse como un team “perfecto a los ojos de la actualidad” que en ganar.

El nombre más importante de esta empresa ya casi nunca se menciona, me refiero al inmortal coach Don Shula. Su nombre es idolatrado en el resto de la liga mientras que para los nuevos administradores es básicamente la estatua a la entrada del estadio. 

Mi pregunta es: ¿Por qué no puede ser Shula el ejemplo a seguir? Cómo podemos comprobar este es otro caso de rechazo a una tradición.

Cuando se anunció la conferencia anual de fin de temporada de Pat Riley me di a la tarea de analizarla ya que el arquitecto de nuestra franquicia de baloncesto es una persona que todavía tiene un gran valor dentro del deporte y su momento de marcharse está cerca. 

¿Qué tiempo nos queda para disfrutar de alguien que nos ha dado tantos momentos gratos y ha sido el cerebro creador de una “cultura triunfadora” que es el modelo a seguir por las otras organizaciones?

¿Cuál es su agenda en lo que respecta al club?

¿Cómo desea que sea su despedida?

Al escuchar sus planes confirmé lo que por mucho tiempo he sabido; que Miami ha tenido la enorme fortuna de ser la residencia de uno de los genios más grandes que ha producido los tabloncillos de baloncesto.

Dos aspectos resaltaron en sus declaraciones y sus respuestas demostraron que su espíritu competitivo no ha disminuido en lo más mínimo y la llama de triunfar aún permanece viva.

El primero fue el de preparación para continuar ganando. Confirmando que su sistema de profesionalismo y disciplina no es negociable. Que la condición física en el atleta es primordial y por lo tanto es exigida y comprobada constantemente.

Dejó bien aclarado que no descansará buscando los mejores jugadores disponibles para que esta franquicia continúe siendo el bastión que él creó. Su filosofía es descubrir jugadores ya hechos que puedan ayudar a continuar triunfando. Es saber moldearlos para que continúen con esa hambre de ganar.

El otro punto es la imagen. Desde su manera de vestir hasta su físico y su manera de actuar, todo en su vida ha sido la proyección de la perfección. Eso se puede captar en la manera que Los Heat se comportan tanto dentro como fuera de la cancha.

Para poder jugar en este equipo significa competir a un alto nivel que requiere sacrificio y con mucho prestigio con el consentimiento de saber lo que constituye la palabra “Heat” ya que Riley no aceptará a nadie que no esté dispuesto a sacrificarse.

Dejó a entender que quisiera que su legado fuera que el Heat siga siendo el equipo deseado por todos y que vengan muchas paradas más por Biscayne Boulevard.

El clásico Riley, que al igual que el Quijote -al cual se parece-, vive con pasión y persiste en la búsqueda de los sueños, a pesar de las dificultades y la crítica.

El lograr que la familia Arison lo siga apoyando será su obra maestra y esperemos que finalmente podamos continuar una tradición.

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