PARECE QUE TENDREMOS ELECCIONES EN VENEZUELA

Written by Adalberto Sardiñas

12 de marzo de 2024

Después de violar todos los acuerdos, el de México, el de Barbados, y todos los previamente existentes, el régimen autocrático de Nicolás Maduro, arrinconado por las presiones de Washington, y la dudosa “intervención” de Inacio Lula da Silva, parece dispuesto, con gran renuencia, a celebrar elecciones presidenciales este año. ¿Cuándo? No se sabe. El gobierno de Maduro ha dado 27 fechas, lo cual, en términos reales, significa sólo ambigüedad y confusión, aunque, la más probable parece ser la del 28 de julio lanzada al aire la semana pasada. Pero, en el más elevado espíritu optimista, cualquier fecha es buena, bienvenida. Y decimos que es buena, porque las probabilidades de triunfo de la oposición no son ilusorias, sino incuestionablemente reales, a juzgar por los resultados de las elecciones primarias, donde María Corina Machado, la candidata opositora de Vente Venezuela, tras haber hecho una extraordinaria campaña, obtuvo una votación elevadísima, mientras que la aprobación ciudadana del régimen no pasa del 15 por ciento.

Pero en esta ocasión, Nicolás Maduro, está, como nunca antes, forzado por la presión internacional y la amenaza concreta de Washington de que, si no cumple con la obligación de los acuerdos de Barbados, las sanciones levantadas sobre la exportación de petróleo, y otras ventajas financieras, serían, definitivamente reimpuestas, a partir del primero de abril. Si, por otra parte, decide Maduro, por un impulso estúpidamente obcecado, renegar de los acuerdos, y no celebrar elecciones, o impedir la candidatura de María Corina Machado, lo que sería inaceptable para la oposición, su situación para el año próximo sería increíblemente peor. Ni China, ni Rusia, en medio de serios problemas económicos, serían capaces de aliviarle el peso de sus problemas económicos, políticos y sociales.  Desde cualquier ángulo que se le enfoque, este es un año decisivo para Maduro.

¿Por qué resulta tan evidente la derrota del chavismo en su disfraz madurista? Porque Nicolás Maduro no tiene una sola idea sensata que ofrecer a los venezolanos; y porque se palpa, entre la ciudadanía, un espíritu de triunfo que no se había visto en muchos años.

En este caso, la pregunta de rigor, conociendo la truculencia de la dictadura, no sería quién ganará las elecciones, algo muy previsible, pero, si al final, habrá elecciones. 

Lo más probable es que, de celebrarse estos comicios, y si no se impide la participación de María Corina, ésta obtendría, de acuerdo a los más recientes estudios de opinión pública, más del 60 por ciento de los votos. Es decir, ganaría, si se confirma el pronóstico, por más de un millón de votos. 

Sin embargo, estas proyecciones no están exceptas de riesgos. En regímenes como el de Venezuela, donde las leyes son siempre elásticas al servicio del gobierno, nunca hay nada seguro.

Conociendo las deplorables experiencias de elecciones pasadas, donde las trampas, alteraciones, y fraudes, han sido la norma, hoy, como ayer, la posibilidad está siempre ahí, a flor de piel, y los resultados pudieran ser otros para una nueva frustración de los venezolanos.

No obstante, lo dicho, los comicios para el 2024 ofrecen ciertas garantías, producto de las experiencias extraídas de las trampas anteriores. La oposición está mejor preparada y tiene planes para evitar, en lo posible, los fraudes. Esta vez la oposición planea tener representantes en todas las mesas electorales, y ya se gestiona, con debida anticipación, la presencia de observadores internacionales para la prevención de ilegalidades. Como se pronostica una votación en gran escala numérica, lógicamente, mientras mayor sea la diferencia, más difícil será para el chavimadurismo falsificar el resultado de la votación.

Naturalmente, en un análisis objetivo, debe reconocerse que hay un punto en el que el gobierno supera ampliamente a la oposición: la ilimitada cantidad de recursos a su disposición para movilizar a sus partidarios, y llevarlos hasta las mesas de votación, mientras que, por otra parte, posee los medios para impedir la movilización de los oponentes. Lo ha hecho antes, y no es de dudar, que lo intente nuevamente.  

Tampoco debemos olvidar que el madurismo no es más que una metástasis del chavismo, que, al final, converge en una mafia instalada en el poder como una imponente máquina de intimidar y sobornar.

En todo caso, y a juzgar por los indicios que apuntan las probabilidades, Maduro será derrotado, y entonces, ¿qué debe hacer la oposición si gana las elecciones? Prepararse para desmontar todo el disparate creado por Chávez y Maduro. Estar lista para tratar de reducir el daño que, con toda seguridad, harán los maduristas en la despedida. Y no será tarea fácil. Venezuela ha sufrido, con el fatídico dúo Chávez-Maduro, su peor gobierno en los últimos cien años.  

De acuerdo a las últimas informaciones emanadas de Caracas, si no se producen inesperados cambios, los próximos comicios han sido convocados para el 28 de julio de este año. En esa fecha los venezolanos deben renovar todos los gobiernos y parlamentos regionales. El pueblo y la oposición están listos. 

Si la oposición se mantiene unida, barrerá con un gobierno despótico, fuente inagotable de corrupción, creador de miles de multimillonarios a expensas del tesoro público.

Venezuela merece algo mejor. Mucho mejor. Y en este año 2024, podría producirse la milagrosa hazaña del retorno a la democracia, por la voluntad popular expresada a través de las urnas.

BALCÓN AL MUNDO

Las elecciones primarias del pasado martes fueron una muestra de la apatía política que reina en la nación. La asistencia a las urnas fue en descenso comparada a las del 2022. El votante, en general, se siente desencantado, desincentivado, por un Congreso a la deriva, donde incluso los miembros del mismo partido, de ambos, en este caso, no parecen ponerse de acuerdo en nada. La polarización del país va de extremo a extremo, y el Congreso no ofrece mejor ejemplo. Es, tal vez, el peor de los que tenemos a mano.

Además, la presencia en las boletas de figuras carentes de interés, y los dos probables candidatos a la presidencia, no del todo aceptables a la mayoría del votante, aumentan el desgano a la participación en algo tan importante como es el sufragio universal. Es lamentable que, los que lo tenemos, lo ignoremos, cuando, millones en el mundo penan y luchan por ese enorme privilegio.

En realidad, verdaderamente lamentable. 

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John Kerry, exsenador, exsecretario de Estado, y, hasta la semana pasada, encargado especial de Biden para asuntos climáticos, y, además, multimillonario vía herencia por viudez, acaba de renunciar al cargo oficialmente, pero, según dijo, seguirá trabajando con ambientalistas y climatólogos, como ciudadano privado.

¡Good riddance…!

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Luego de una buena campaña, pero ausente de un chance real, Nikky Haley tiró la toalla el día siguiente al Súper Martes como candidata a la presidencia. ¿Está acabada? ¡No! En lo absoluto. Es aún joven y le queda amplia oportunidad para un escaño senatorial por Carolina del Sur en un futuro no lejano.

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¿Qué lejos está el mundo de una guerra nuclear? Todavía lejos, pero no tan lejos para un imposible. Todavía existen algunos locos con esa fuerza destructiva, como Vladimir Putin, que no se cansa de amenazar a Occidente con un ataque atómico, pretendiendo ignorar, por mera postura política, el hecho de que existe media docena de países con poderío nuclear que no son amigos de Rusia, pero que sí lo son, además de aliados, de Estados Unidos; y que, en total, poseen muchas más ojivas que Rusia.

Todos, incluyendo Putin, y Kim Jong Un, saben que las amenazas son gratis, pero que un ataque como el cual ellos intimidan tiene un precio tan intolerablemente alto, que nadie, ni ellos, en su frenética locura, podrían afrontar. Y eso tiene un espantoso nombre: mutua destrucción masiva.

O, pudiéramos llamarle también, un freno a la locura.

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